03 FéV. 2026 KOLABORAZIOA La Tamborrada es de todos, señor alcalde José Luis DE LA GRANJA, Idoia GOMEZ y Javier CENZANO {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Antes que nada, debemos felicitarle por la brillante edición de este año, en la conmemoración de un siglo de Tamborrada. Todo esto nos lleva a muchos donostiarras a una reflexión a la cual invitamos a usted y a todas las sociedades que participan en la fiesta. Consideramos que, después de 100 años, debe abrirse otro capítulo, otra etapa, donde debemos democratizar la fiesta, y no dejar que se perpetúen en el acto de la izada y la arriada las mismas sociedades de siempre, Gaztelubide y Unión Artesana, así como el orden de salida de la Tamborrada Infantil. Creemos que se debería implantar una norma que incluya a todos los participantes en un sistema rotatorio. Simplemente apelando a la Ley de Memoria Democrática, una sociedad de tan turbio pasado, como Gaztelubide, que no ha pedido perdón a Donostia, no debería tener un derecho que no le corresponde por encima de los demás. Gaztelubide funcionó como un espacio de recepción oficial para figuras del régimen franquista (ministros, militares, etc.). El estudio histórico de estas visitas bajo la nueva ley permite resignificar este espacio no como «tradición», sino como un centro de validación social del franquismo en San Sebastián. En 1980, su tambor mayor, Manolo Mujica amenazó con no acudir a la izada si en Kresala salían mujeres tocando la tamborrada. El entonces alcalde, señor Alkain, replicó a su vez que sacaría un bando quitando ese privilegio a Gaztelubide si se oponía al derecho de las mujeres a salir tocando. La sociedad cerró sus puertas al paso de Kresala, bajo insultos e increpaciones, que duraron durante años hasta normalizarse la situación. En 1987, Gatelubide negó la entrada en la cena a Pilar Miró, Tambor de Oro de la ciudad de ese año, solo por el hecho de ser mujer. Eso no es solo un asunto interno de una sociedad privada, es una violación del principio de igualdad recogido en la Constitución y reforzado por la Ley de Memoria. El veto a Miró se encuadra en la «memoria democrática de las mujeres», como un ejemplo de la resistencia del patriarcado, heredado del nacionalcatolicismo en las instituciones sociales. Mientras que otras organizaciones han abordado su pasado, estamos esperando una disculpa específica de Gaztelubide. Señor alcalde, la Tamborrada y la fiesta es de todas y todos los donostiarras, y ya es hora de rotar. Mientras que otras organizaciones han abordado su pasado, estamos esperando una disculpa específica de Gaztelubide