17 FéV. 2026 DE REOJO Sanar sin enfermar Raimundo FITERO {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} La huelga de médicos está fundamentada en asuntos que no son gremialistas, ni elitistas, sino de lógica humanista y de juramento hipocrático que diseña una actitud ética frente al enfermo y la propia enfermedad. Hacer guardias de veinticuatro horas, a las que se suman las correspondientes ordinarias, es un exceso consentido desde hace décadas por los incentivos económicos y por las necesidades del propio servicio. El deterioro generalizado de la asistencia médica forma parte de una estrategia que induce a la elección de la privada como falsa solución. Las pancartas de los médicos nos señalan una noción bastante importante: «queremos sanar sin enfermar», que nos debería despertar la solidaridad incondicional con sus demandas de horarios más racionales, porque en sus argumentaciones nos implican de manera directa, ya que aseguran que, cuando llevan muchas horas trabajando, pierden reflejos, el cansancio les hace atender con menos soltura, y toda una suerte de circunstancias que les afecta tanto a la clase médica como a los pacientes que acuden de urgencia. Y se tiene que hacer extensivo a todo el personal enfermería y otros asistentes. Con un buen excel y más presupuesto se arregla de manera eficaz en dos decretos. Algo importante y muy positivo. En un hospital madrileño, una ginecóloga ha aprendido lenguaje de signos para poder atender a las mujeres sordas. Por primera vez, esas mujeres pueden contar directamente sus afecciones. Y les atiende en su lenguaje, lo que protege su privacidad y su relación más fluida. Ir con una traductora es engorroso y diluye la intimidad de esa consulta.