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CRUZADAS DE LA ULTRADERECHA EN EUSKAL HERRIA

Vox, Falange y Ertzaintza: el 23F desactiva el 12-O

En los días previos al 23F, y antes de que se anunciara la desclasificación de documentos, se habló mucho desde determinadas esferas de la actuación de jóvenes vándalos que generarían incidentes ante el acto organizado por Vox en EHU. Pero los augurios no se cumplieron, quizá porque los «fascistas vascos» de los que se habló el 12-O no son tales. Están en otros cuarteles.

(Endika PORTILLO | FOKU)

Como se sabe, para la significativa fecha del 23F Vox decidió organizar un acto en el campus de Gasteiz de EHU (UPV «con v de vertedero», según los organizadores). Lo protagonizarían Júlia Calvet Puig, «portavoz nacional de Juventud» del partido, y Carlos Hernández Quero, diputado en el Congreso. Su objetivo teórico: denunciar que «los jóvenes nostálgicos de la violencia etarra actúan con absoluta impunidad en la Universidad del País Vasco». El lema, «en defensa de la libertad en la universidad, ante la izquierda abertzale». Y para eso tuvieron que traer a una parlamentaria catalana y otro madrileño, junto a unos 35 militantes.

Es llamativo que la ultraderecha -sea Vox o la Falange- tiendan a venir de fuera a decirnos a vascos y vascas cómo tenemos que ser y qué debemos hacer, un intento de cruzada para convertirnos en buenos españoles. Este cierto espíritu invasor debería ser tenido en cuenta por las autoridades a la hora de autorizar o prohibir sus actos, además de que habitualmente incurren en delitos de odio.

Dado que no se evitó que se convocara el acto ultraderechista en el campus alavés de EHU, el Rectorado decidió «por responsabilidad institucional» suspender las clases presenciales y sustituirlas por telemáticas, al tiempo que se cerraban los accesos a los edificios de las facultades.

Explicaron que estas medidas se adoptaban «ante el riesgo que supone el acto convocado para el 23 de febrero y para evitar que EHU se vea mezclada en un acto externo a la Universidad. El objetivo es garantizar la seguridad de todas las personas y crear un cordón sanitario a los mensajes totalitaristas que amenazan los principios de la Universidad».

La decisión fue legítimamente criticada desde distintos puntos de vista. Unos porque asumían en el fondo las tesis que venía a defender Vox sobre el alineamiento político de muchos estudiantes, y otros porque desde posiciones antifascistas consideraban que no era la mejor forma de confrontar con la ultraderecha.

Llamativo fue el posicionamiento del consejero de Seguridad, Bingen Zupiria, que afirmó el viernes a las puertas del Parlamento que «no tiene mucho sentido lo que está pasando» y que «una provocación de una quincena de personas de un partido autoritario» tenga «contestaciones como las que estamos viviendo».

CONVENDRÍA SABER CÓMO HABRÍA ORGANIZADO LA ERTZAINTZA SU DISPOSITIVO POLICIAL SI NO SE HUBIERAN SUSPENDIDO LAS CLASES PRESENCIALES,

teniendo en cuenta que el operativo se basó en cerrar, junto a la Policía Municipal, el acceso a las cercanías de la Universidad con prohibición de movimientos desde calles bastante alejadas del campus e incluso en la estación de ferrocarril.

Se ha criticado la excesiva presencia policial en el lugar y que se desplegara para «garantizar los derechos» de los ultraderechistas venidos a dar lecciones de cómo tiene que ser EHU. Pero evidentemente el consejero de Seguridad estará a favor de ello y en lugar de dar gracias al Rectorado por la decisión adoptada, desde el Gobierno se ha seguido criticando la falta de clases presenciales.

La portavoz del Ejecutivo autonómico, María Ubarretxena, invitó el martes en rueda de prensa a «reflexionar» sobre el hecho de que el Departamento de Seguridad se haya visto «obligado» a llevar a cabo un despliegue policial «para garantizar la seguridad de todos ante la decisión de EHU de cerrar el campus por la presencia de un partido de ultraderecha». O sea, la culpa fue del equipo rectoral. Está visto que la animadversión que algunos sienten sobre lo que no controlan o ven próximo a sus opositores está por encima de lo que debería dictar la lógica.

Quienes llegaron a EHU para quitar pancartas, entre ellas las referidas al 3 de Marzo, mientras colocaban las suyas, pretendieron luego otra provocación buscando el hueco por el que esgrimir sus banderas españolas y agitarlas desde donde pudieran verlas los centenares de jóvenes que se manifestaban al otro lado del cordón policial.

Unos manifestantes que no cumplieron los pronósticos de quienes apostaban por que generarían incidentes y se enfrentarían a la Ertzaintza, como ocurrió el 12 de octubre ante la llegada de la Falange al centro de Gasteiz, obviando la colaboración que aquel día muchos agentes exhibieron con los ultraderechistas, golpeando a los antifascistas desde las propias filas falangistas. Las fotografías y los vídeos son elocuentes y bochornosos.

SE HABLÓ ENTONCES DE LOS «FASCISTAS VASCOS» QUE SE HABÍAN ORGANIZADO PARA ATACAR A LA ERTZAINTZA. QUIZÁ LO OCURRIDO EL 23F, O MEJOR DICHO LO NO OCURRIDO, DESMIENTE AQUELLAS GRAVES ACUSACIONES DEL 12 DE OCTUBRE.

Y será difícil defender que los manifestantes se acobardaron ante la presencia policial en el campus si de ellos se dijo de todo en octubre.

A los pocos días, PNV y PSE presentaron una proposición no de ley sobre los incidentes del 12 de octubre con la intención confesada de que EH Bildu no se fuera «de rositas» con «malabarismos» para «trasladar al debate público un análisis ajeno a la exigencia de responsabilidad directa a todos los convocantes». Meses después todavía no se ha debatido. Es posible que ahora ya no sea tan rentable políticamente como pensaban. Y menos después de que el 23F haya desactivado en gran medida el 12-O.