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Cuando el aire es tu enemigo


Escribo en un obligado confinamiento masivo desde mi casa de Muskiz. Anoche, los altavoces de la Policía alertaban, una vez más, de una grave emergencia de salud ambiental. Con la terrible experiencia de ser vecina del municipio, y, por tanto, víctima de Petronor, no recuerdo que en ninguno de sus habituales ataques a la salud pública, las autoridades a su servicio (Ayuntamiento, Gobierno Vasco, etc.) hayan decidido confinarnos. Quizás es porque esta vez es más difícil ocultar la gravedad de eso que acostumbran a disfrazar como «incidencias», o porque, por fin, tanta complicidad para garantizar la impunidad de la empresa se les ha vuelto demasiado insoportable.

En una situación casi distópica, el domingo 22 por la tarde, las tres antorchas de Petronor vomitaron fuego y humo negro durante horas, según la empresa, por un fallo en el suministro eléctrico que, en consecuencia, requería esa emisión de residuos. Desde ese día, hemos soportado −sin ningún aviso− un aire irrespirable hasta que ayer, día 26 de febrero, por la mañana se comunicó un «incidente» (otro más) en un depósito de gasolina que causaba emanaciones de compuestos orgánicos volátiles (benceno, tolueno y xileno) que, según los datos de las cabinas de calidad del aire del Gobierno Vasco, alcanzan valores brutales, muy por encima de lo permitido. Sin embargo, la población, privada de información seguimos con la vida normal. Aquí conviene recordar que hace muy poco, en la primera semana de diciembre, sucedió un incidente similar y, durante toda la semana, ni la empresa, ni las autoridades dieron ningún aviso.

La noche del 26, sobre las 21 horas nos llega un mensaje del chat del Ayuntamiento compartiendo las recomendaciones del Departamento de Salud Pública, es decir, que nos confinan. En ese momento, los datos de calidad del aire, los anteriores datos brutales, han descendido. Y es cuando nadie entiende nada. Porque los datos de la unidad móvil que han colocado en San Julián no son públicos. La empresa no dice nada, y ni siquiera informa a sus propios trabajadores, que no saben qué hacer.

Según la última publicación de Salud Pública, los valores de benceno son fluctuantes y se mantienen las medidas preventivas hasta las 14.00.

Hablan casi en exclusiva del benceno, porque el xileno y tolueno no tienen valores límite establecidos en la legislación actual, pese a ser igual de peligrosos que el benceno, con el que conforman el cóctel maligno que respiramos.

Es vergonzoso que Petronor −una empresa tan peligrosa como contaminante, que provoca «incidentes» graves con tanta frecuencia, pese a estar situada en medio de una población− nunca reciba ni una sanción, ni se le obligue a parar la actividad en situaciones de emergencia como esta. Con el historial que arrastra, trabajando con el peor petróleo del planeta, el más pesado, sigue recibiendo subvenciones públicas y se le aplauden todos los proyectos de negocio (por su supuesta descarbonización) mientras nos gasea a los vecinos un día sí y otro también.

Una empresa que, como su propio comité de trabajadores reconoció durante la última huelga, es un peligroso polvorín, como consecuencia de anteponer siempre los beneficios de sus propietarios a la salud de vecinos y obreros.