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Una explosión de la vegetación


Casi en respuesta al artículo “Las lluvias de ahora y los incendios del verano”, de Julen Rekondo, presidente de Fundación Clima y Premio Nacional de Medio Ambiente, publicado el pasado 18 de febrero en GARA, opino que uno de los errores frecuentes de la administración forestal, ciertas autoridades en la materia y, en general, de los medios de comunicación, ha sido hacer recaer la alarma y la culpa de los incendios sobre la vegetación.

Si bien las dinámicas de ecosistemas y hábitats atlánticos y otros estrictamente mediterráneos son bien diferentes, ha sido ancestral la lucha del ser humano contra los elementos de la naturaleza en clave peyorativa y de manifiesta animadversión y guerra contra la vegetación, y también la fauna, salvaje. Este punto de vista y de partida antrópico ha propiciado, por ejemplo, durante muchos años acciones encaminadas a «limpiar» el monte utilizando como herramienta, entre otras, el fuego, frecuentemente incontrolado y devastador.

Por lo que respecta a los ecosistemas mediterráneos, más sensibles y vulnerables a episodios de grandes incendios y explotación ganadera intensiva, como por ejemplo, las cabras en toda la cuenca mediterránea, la vegetación vive una permanente, resiliente e insistente dinámica hacia estadios más maduros y resistentes al fuego que son imposibles de alcanzar si esta se ve permanentemente afectada por acciones antrópicas que la perjudican. Hasta que esos estadios más maduros lleguen a establecerse, existen fases con una vegetación muy diversa, espesa, casi impenetrable, incluso para los mismos herbívoros ungulados. Esta es la génesis del bosque al que hay que aspirar cuando hablamos de lucha contra el cambio climático, o cuando hablamos de crear franjas de seguridad y protección para el acceso de los medios de extinción con una reducción importante de combustible vegetal, no tanto con función de cortafuegos, o cuando hablamos de recuperar cultivos agrícolas en zonas reforestadas que nos permitan, ahí sí, superficies amplias, de mosaico, que el fuego no pueda atravesar, además de aportar más biodiversidad y paisaje...

Hablar de la vegetación como una bomba que puede explotar es un error que todavía puede favorecer la justificación hostil hacia esta. El objetivo, el prioritario, se tiene que centrar por sobre todo en la causa y los causantes, es decir en quien efectivamente por imprudencia, intencionalidad criminal, accidentalmente o por problemas de salud mental propician la aparición del fuego, que nunca es la vegetación por muy densa y rica que sea, sino el ser humano. Gràcies.