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EL ARQUITECTO

La fragilidad de un sueño monumental


Como ocurre tantas veces, el título elegido para la distribución en español no suele ser el más acertado. No se dejen engañar, detrás de ese nombre tan genérico, “El arquitecto”, se esconde una película bastante más interesante de lo que su rótulo podría hacer pensar.

La historia reconstruye la vida del arquitecto danés Johan Otto von Spreckelsen, ganador del concurso internacional para diseñar el Arco de la Defensa de París en los años ochenta.

Stéphane Demoustier evita el tono triunfalista que suele acompañar a los biopics dedicados a grandes arquitectos. En lugar de celebrar el éxito del proyecto, el film propone una mirada mucho más amarga; la de un creador cuya visión se va desgastando poco a poco frente al peso de la burocracia, los intereses políticos y las inevitables concesiones económicas.

La película funciona así como el retrato de un idealista enfrentado a la maquinaria del poder. El conflicto no reside tanto en la construcción del monumento como en la fricción constante entre la pureza de una idea artística y las exigencias pragmáticas de un gran proyecto. En ese choque se revela que la arquitectura, quizá más que cualquier otra disciplina artística, está siempre atravesada por decisiones políticas, financieras y administrativas.

En lugar de construir una epopeya monumental, Demoustier se centra en mostrar el desgaste interno de su protagonista.

El guion, apoyado en diálogos inteligentes y precisos, va desentrañando ese proceso con paciencia y sensibilidad. A ello se suma el excelente trabajo de un reparto coral que funciona con gran precisión, encabezado por un magnífico Claes Bang.

Una película sobria, contenida, reflexiva y mucho más rica e interesante de lo que su soso título podría sugerir.