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Entrevue
CLAUDIO KATZ
Catedrático de Economía de la Universidad de Buenos Aires

«Irán es un laboratorio de pruebas para la guerra con IA»

Claudio Katz (Buenos Aires, 1954), catedrático de Economía en la Universidad de Buenos Aires, es una de las bestias negras de la derecha trumpista a nivel mundial. Autor de una decena de libros, su preocupación es que el capitalismo busca una salida a su crisis en la guerra con inteligencia artificial e Irán es el laboratorio de pruebas.

(Gorka CASTILLO)

 

Después de más de un mes de guerra, ¿qué salida augura a este conflicto?

Todo es adverso para Estados Unidos. No está ocurriendo lo que esperaban. No hubo excursión de fin de semana, como predijo Donald Trump, sino el comienzo de un conflicto prolongado. Y ahora está mareado. Se contradice todos los días. Dice que está ganando la guerra pero pide ayuda y se queja por el abandono de Europa. Le llueven las críticas internas y se multiplican los pronósticos desfavorables. Sus propios consejeros le sugieren abandonar ese escenario y la oposición a la guerra es abrumadora en las encuestas. Pero Trump es un Nerón narcisista sospechoso de pedofilia y necesita alguna salida, porque si esta guerra fracasa, afrontará un escenario de destitución. Está buscando una negociación y ha cancelado su estratégico viaje a China. Yo creo que está impactado por la sorpresa militar que ha provocado Irán con sus misiles, que han destruido los sistemas de radares. Con el ataque a la base militar Diego García los iraníes demostraron que tienen misiles de largo alcance y ya han llegado cerca de las instalaciones nucleares israelíes de Dimona. Hasta ahora, Irán va ganando la guerra pese a la tragedia que sufre, porque afronta lo que sus rivales no podrían soportar. Todos los objetivos políticos de sus enemigos han fallado. No ha caído el régimen, ha fallado la revolución de colores y se afianza una cultura interna de resistencia. A medida que pasan los días, Irán consolida su estrategia de desgaste frente a la guerra de destrucción que intenta Estados Unidos. Con su respuesta está destruyendo los mitos de la tutela regional de Washington, de la invencibilidad del Ejército israelí y de la inmunidad de las dictaduras del Golfo.

¿Este belicismo estadounidense responde al miedo a perder su hegemoníal?

Sin lugar a dudas. Ese es el trasfondo de la guerra. EEUU es una potencia en declive histórico, que compensa su retroceso económico con incursiones militares. El ataque a Irán obedece directamente al fracaso económico de Trump, que el año pasado falló en su estrategia para intentar engrandecer a las élites financieras de su país sometiendo al resto del mundo. Ante ese fracaso, cambió de rumbo y retomó la agresividad belicista de sus rivales internos a costa de su proyecto inicial. Ahora comanda una potencia que actúa con la ceguera de los imperios decadentes. Una evidencia de ese declive es la adopción del método terrorista israelí de asesinar a los líderes rivales. Este comportamiento impide cualquier salida negociada y exige apostar todo a la destrucción completa de Irán. Es el todo o nada, un escenario muy difícil para los agresores.

¿Hacia dónde puede dirigirse Estados Unidos con este militarismo caótico?

Dependerá del escenario final. Una opción es una escalada sin límites. Muchos consideran que antes de perder la guerra, Netanyahu y Trump pueden llegar a optar por ataques devastadores. Pero esa decisión impulsaría a Irán a dar una respuesta equivalente. Si EEUU es derrotado, los efectos pueden ser tremendos para su imperialismo. Irán exige garantías frente a nuevos ataques, el control de Ormuz, reparaciones y el pago en yuanes de los navíos. Estas exigencias suponen quebrar todo el sistema del petrodólar que sostiene la supremacía monetaria estadounidense e implicaría, además, la expulsión de sus bases militares en la zona. Irán se ha convertido en la madre de todas las batallas de la geopolítica actual porque en sus manos está quién tendrá la supremacía en los corredores que atraviesan el país y abaratan radicalmente los costos del transporte. Ya están avanzados los corredores que unen Rusia con India y China con Turquía. EEUU y su socio israelí llegaron tarde con su variante de conexión de Europa con India y Asia. Y para imponerla desencadenaron la guerra.

¿Considera inteligente la discreta posición de China en este conflicto?

China apuesta por el desgaste de EEUU a largo plazo. Su batalla es económica, sin intervenciones militares. Aplica esta estrategia en todos los escenarios. Pero en esta guerra está sosteniendo a Irán junto a Rusia. Brinda la información que Teherán necesita para golpear los radares de Estados Unidos y contribuye al mantenimiento de su tecnología de los misiles. También está aprovechando la erosión de las alianzas de EEUU en Asia, porque esta guerra afecta seriamente a Japón y Taiwán que necesitan el petróleo. Pero el dato conflictivo es India, que juega a dos bandas y está desgastando lentamente a los BRICS.

¿Qué papel puede jugar una Europa atrapada entre sus contradicciones, Rusia y Estados Unidos?

Europa está inmovilizada. Apoya a EEUU de forma pasiva ante la enorme impopularidad de esta guerra. Trump les pide auxilio para que envíen tropas para abrir el estrecho de Ormuz y Europa mira para otro lado. Esa actitud es una confirmación del aislamiento y el declive de EEUU. La postura explícitamente crítica de Pedro Sánchez es ilustrativa del nuevo escenario. Olfateó el rechazo general a la guerra y actúa en consecuencia. Estamos en un contexto totalmente inverso al que predominaba en 2003 cuando Bush invadió Irak y este marco puede inducir una gran movilización de rechazo popular. La demanda de cerrar las bases de los marines y salir de la OTAN está a la orden del día.

Las palabras de Trump funcionan como un activo en bolsa ya que los mercados de valores fluctúan en función de sus mensajes en redes. ¿Qué se mueve hoy en el capital?

Las bolsas van y vienen con movimientos especulativos, pero la variable clave es el aumento del precio del petróleo. Ahí se sintetiza el punto crítico del momento actual, que tanto desespera a Trump. No logran compensar ese incremento con la liberación de las reservas y, por eso, la Casa Blanca ha anunciado que afloja las sanciones contra Rusia. Trump sabe que el consumidor estadounidense puede convivir con masacres en todo el mundo pero no con el aumento de la gasolina. Me parece que la comparación con la crisis de 1973 es controvertida porque en ese momento había una gran dependencia del suministro de petróleo de Oriente Medio. Hoy en día, el sistema energético está más diversificado y la economía mundial es menos dependiente. Pero el efecto de un elevado precio del combustible es impactante. Puede desencadenar una recesión y afectar a todo el circuito de inversiones de la economía digital, que incuba una gran burbuja financiera.

Sorprende que el shock bursátil no afecta tanto a Israel, cuyo mercado de valores se mantiene más estable. ¿Cuál es el motivo?

Yo soy muy cauto con los razonamientos sobre variables tan volátiles como los movimientos en bolsa. Pero hay tener en cuenta que Israel es una economía militarizada en un contexto de giro mundial hacia la economía de guerra. Es un sector en auge en los principales países. Recordemos que aún está pendiente de resolver la crisis financiera de 2008-2010. Fue contenida con emisión, endeudamiento e intervención de los estados para que la economía siguiera inflada y ni siquiera la pandemia logró desvalorizar los capitales sobrantes. Por esa razón, la crisis del capitalismo, derivada de la sobreproducción y la financiarización, busca la salida mediante el gasto bélico, la militarización y la privatización de la guerra. La economía israelí es una pieza de esa dinámica.

¿Cuál es el debate hoy entre las élites estadounidenses?

Hay tres sectores en disputa: Los globalistas, los neoconservadores y los soberanistas. Todos tienen exponentes y lideres cambiantes pero los tres afrontan fracasos y dilemas sin solución que les empujan a propiciar o convalidar el belicismo. Es la carta que le queda a EEUU para sostener su declinante imperio y Trump verbaliza como nadie ese propósito. No oculta que busca recuperar la supremacía y la dominación estadounidense, dejando atrás todos los maquillajes y duplicidades de los liberales. Pero el problema no es su retórica, sino su acción. Está rompiendo todas las reglas del derecho internacional, de las alianzas y las concertaciones sin ninguna capacidad para sustituirlas por otro modelo. No ofrece ninguna brújula para orientar los pasos de una potencia en declive.

Algunos economistas llevan alertando desde hace tiempo de una lucha distópica con rasgos fascistas por la IA en el corazón financiero de EEUU.

Irán es un laboratorio de pruebas para la guerra con IA. Es una guerra de misiles guiados por algoritmos y de masacres orientadas con programación previa. Por eso, es tan visible el protagonismo de Amazon, Microsoft y Google, de Theil y sus vínculos con el Pentágono. Esta dinámica bélica está reforzando a su vez un giro político autoritario. La plutocracia digital que controla y mercantiliza las redes, ahora busca extender ese manejo al sistema político. Es el modelo de «Postdemocracia digital» que propicia la élite de los milmillonarios digitales y que sostienen las corrientes ultraderechistas. Ese modelo incluye un plan de fraude del trumpismo en las próximas elecciones de medio término en EEUU con activa presencia de los paramilitares fascistas. Por esta razón es decisiva una respuesta de triple confluencia en la lucha contra el neoliberalismo, el neofascismo y el imperialismo. Durante las últimas décadas nuestra acción ha sido únicamente contra el neoliberalismo, la precarización y la desigualdad. Pero ahora confrontamos también contra la derecha, defendiendo las conquistas democráticas y batallando contra el imperialismo y sus guerras.