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STRANGERS: CAPITULO FINAL

El arte de estirar hasta romper


Voy a intentar situar esta nueva entrega en su debido contexto (hagan el favor de armarse de paciencia): está protagonizada por Madelaine Petsch y, aunque cueste creerlo, se trata de la quinta película de la saga “Los extraños”. A la vez, funciona como tercera y supuestamente última parte de esta nueva trilogía.

Dentro de este batiburrillo difícil de justificar, nadie esperaba precisamente la película del año. Pero, siendo razonables, al menos se podía pedir un cierre digno para una saga que ya venía estirada hasta límites sospechosos. Ni eso. La película es mala, aburrida y completamente innecesaria.

Petsch retoma su papel como Maya, enfrentándose una vez más a los ya conocidos asesinos enmascarados. Tampoco hace falta entrar en muchos detalles sobre la trama, porque no los hay.

El problema principal es estructural. Desde su planteamiento, la película deja en evidencia un fallo estructural ya que nunca hubo suficiente historia para justificar esta trilogía. Lo que en su origen era un terror sencillo pero bastante eficaz, aquí se convierte en algo torpe por culpa de una obsesión innecesaria por explicar más de la cuenta y expandir una mitología que nadie había pedido

En lo narrativo, la cosa no mejora. La película avanza a base de repetir fórmulas agotadas, encadenando escenas previsibles con un ritmo pesado que roza lo soporífero. Transmite la extraña sensación de estar viendo una película fuera de su tiempo, anticuada.

“Strangers: Capítulo final” es el ejemplo perfecto de cómo alargar una idea más allá de lo razonable puede terminar por vaciarla completamente.