GARA Euskal Herriko egunkaria
MORTAL KOMBAT II

Entretenimiento salvaje para fans poco exigentes


Tras el crecimiento masivo de la industria del videojuego en los años 80, Hollywood vio el filón comercial y comenzó a adaptar sagas icónicas hacia la gran pantalla. Además de compartir su origen en las consolas, aquellas películas también tenían en común su pertenencia a una larga lista de adaptaciones catastróficas de videojuegos.

Con el paso de los años, este tipo de producciones ha mejorado considerablemente; ahí están ejemplos como “The Last of Us”. “Mortal Kombat II” -por cierto, se ha estrenado doblada en euskara- se queda en un terreno intermedio: lejos de los desastres cutres de los 90, pero también lejos de ser una buena película. Ofrece lo que promete.

La secuela apuesta por ampliar el universo iniciado en la película de 2021 y, sobre todo, por abrazar el tono delirante y ultraviolento del videojuego. Es precisamente cuando deja salir su lado más absurdo cuando mejor funciona. La incorporación de Karl Urban como Johnny Cage es uno de los mayores aciertos del film; aporta carisma, cinismo y una autoparodia bastante necesaria.

El gran problema de la película sigue siendo la dificultad para construir una narrativa coherente más allá del espectáculo visual. Funciona mejor cuando deja de intentar desarrollar un relato épico y simplemente se entrega al caos de sus combates, fatalities y coreografías exageradas. Cada vez que intenta profundizar en los personajes o expandir la mitología del universo, la película se vuelve confusa y atropellada.

Las adaptaciones de videojuegos de los últimos años son técnicamente más competentes, visualmente más ambiciosas y mucho más respetuosas con el material original, pero todavía son incapaces, en muchos casos, de equilibrar espectáculo y profundidad narrativa.