24 MAI 2026 EDUCACIÓN INFANTIL Entrevue María Angustias Salmerón Pediatra de la AEP «Abusar de las pantallas genera discapacidad de forma muy triste» Pediatra y doctora en Medicina y Cirugía, Salmerón es presidenta de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA). Además de su desempeño como médica e investigadora, Salmerón tiene una faceta de divulgación que le ha llevado a publicar los libros “Criar sin complejos” (2018) y “Reset digital” (2025) y a crear el blog Mimamayanoespediatra. (Mattieu THOMASSET | AFP) Aritz INTXUSTA IRUÑEA {{^data.noClicksRemaining}} Pour lire cet article inscrivez-vous gratuitement ou abonnez-vous Déjà enregistré? Se connecter INSCRIVEZ-VOUS POUR LIRE {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} Vous n'avez plus de clics Souscrire {{/data.noClicksRemaining}} Cada vez más estudios acumulan evidencia de que hay padres y madres que abusan de las pantallas con sus hijos, y de que esta sobreexposición tiene consecuencias. Los retrasos en el habla que antes eran síntoma probable de problemas físicos, como cierto grado de sordera, ahora se han diluido debido a la generalización de un retraso en la adquisición del lenguaje por este motivo. GARA contactó con la Asociación Española de Pediatría para verificar y ahondar en este problema, y esta remitió al diario a la doctora Salmerón. ¿Es cierto que el uso temprano de pantallas está retrasando el desarrollo del habla en los niños? No es que afecte al habla, sino al neurodesarrollo. Nos pasa a los niños y a los adultos, porque el cerebro necesita estímulos adecuados para desarrollarse o para no envejecer. El mundo digital aporta estímulos pobres, mucho más pobres de lo que un cerebro puede procesar. Si a un niño le pones delante una pantalla con un juego que consista en construir una torre con piezas, él lo único que hará, como mucho, es mover el dedo para desplazarlas. Y luego gruñir cuando acabe el juego, porque va a pedir más. Si esa misma actividad la realiza con un adulto jugando con él, va a apilar piezas, va a tirar la torre y va a reconstruirla. Así trabajará la psicomotricidad fina, la gruesa, el lenguaje, la interacción social, las texturas, el equilibrio, los colores… El estímulo es muchísimo más diverso, sin duda. Esa diversidad conlleva que una misma tarea active y trabaje muchas áreas del cerebro simultáneamente. Es un estímulo real y el cerebro está preparado para recibir estímulos reales. Y, a nivel de neurodesarrollo, un estímulo pobre como el de la pantalla significa tiempo que se pierde irremediablemente. ¿Tiempo? Claro, es tiempo perdido porque, a nivel de neurodesarrollo, las cosas tienen que ocurrir en un momento determinado y en un orden determinado. Si no ocurren en ese momento, quizás se pueda adquirir después, pero igual se adquiere de otra manera. Te llevo este concepto al desarrollo físico para que nos entendamos. Para que un niño pueda gatear, primero tiene que poder sostener la cabeza, que al principio es proporcionalmente muy grande. Hasta que no sostienen la cabeza, no pueden gatear. Si un niño no gatea, quizás pueda andar, pero igual se vuelve un niño más temeroso, porque no sabe deshacer el movimiento. Sabe ponerse de pie, consigue andar, pero es incapaz de deshacer la postura y regresar a las cuatro patas en caso de que perciba un riesgo de tropezar. Luego es cierto: las pantallas están haciendo que los niños hablen más tarde y peor. Solo que eso tan solo es un síntoma de algo más grave. Estamos ante un retraso generalizado del desarrollo en muchas áreas. Y ocurre en todas las etapas del desarrollo, no solo en esos primeros compases y no solo con la exposición del lenguaje. Pero un escalón afecta al siguiente porque el neurodesarrollo es un proceso de perfeccionamiento constante. Si una persona no asienta bien el lenguaje, no tendrá vocabulario y tendrá una capacidad de comprensión más reducida. Además, sabemos que el lenguaje tiene mucho que ver con la interacción facial. Es muy importante entender el contexto para aprender a interpretar los rostros. Eso una pantalla no te lo da. Lo que se detecta luego en los colegios, por ejemplo, son niños incapaces de entender los dobles sentidos. Tampoco comprenden el lenguaje no verbal, sencillamente porque no lo practican. No solo es el niño el que está permanentemente delante de la pantalla. También el padre o la madre lanzan las órdenes sin mirarlo, con la vista clavada en el móvil. Y supongo que el niño necesita ver la cara para leer en ella y replicar a futuro sus gestos. Si es el niño el que está con la pantalla, está aislado del mundo. Pero si es el adulto -el padre, la madre, el cuidador, quien sea- el que está mirando el móvil, el niño seguirá aislado del mundo, porque necesita interactuar con alguien y nadie está interactuando con él: no va a hablar, no va a jugar… Por eso hablamos ya de tecnoaferencia, la interferencia que produce la tecnología en los tiempos de cuidado en los que están los adultos con los niños. Nadie es inmune a esto. La tecnoaferencia está llegando a los educadores de escuelas infantiles o a los profesores del colegio. Siempre hablamos del binomio niños-pantallas y esto de binomio no tiene nada. Un niño, si tiene móvil, es porque un adulto se lo ha dado. Obviar que el móvil nos ha cambiado a nosotros también es un error. Esa es otra. ¿Cuántos niños ves por la calle usando el móvil en momentos que no lo necesitan para nada? Se les ve hasta en los carritos. Incluso me he topado ya con carritos con soporte. También en un restaurante mirando el móvil, absortos en la pantalla mientras los padres comen. ¿Quién tiene la necesidad de usar el móvil, el niño o sus padres? Ahí abrimos melón: la conciliación. Que tiene mucho que ver con la situación económica. A eso voy. Las personas con menos recursos también son las más afectadas. Existe una brecha digital por salario, pero que se da a la inversa de lo que muchos creen. Los hijos de padres con salarios bajos son más propensos a sufrir riesgos para la salud y para el neurodesarrollo a causa de las pantallas por cuestión de disponibilidad de tiempo para dedicar a sus hijos. Como carecen de tiempo por sus malas condiciones laborales, recurren al móvil. Me parece terrible. Y tiene mucho de irreversible. Lo notamos también nosotros, los adultos. El cerebro es un órgano que, si no lo estimulas, se atrofia. Si te dan mal los idiomas, todavía se te darán peor si lo traduces todo con ChatGPT. Y olvidarás cómo orientarte si continuamente usas el GPS de Google. El cerebro se focaliza en aquello que es útil y el resto lo abandona. Con el abuso de las pantallas estamos generando minusválidos cerebrales y atróficos cerebrales, según la edad. Muy duros esos términos que emplea. Pero es que es la verdad, creo que hay que poner nombre a lo que tiene nombre. No le critico los términos, los resalto. Tras valorar como noticioso el retraso del habla, decidimos recurrir a la voz científica autorizada correspondiente: la AEP. Y nos han remitido a usted. Hemos contactado con usted para que ponga nombre a lo que ocurre. Abusar de las pantallas genera discapacidad y, además, de forma muy triste. Es muy triste porque cuando a una persona se le detecta una discapacidad, se le intenta dar todas las estimulaciones necesarias para que esa discapacidad sea mínima. En este caso, estamos generando la discapacidad de una forma externa porque lo que necesita una persona no se lo damos. ¿Hasta qué punto los padres saben todo esto, pero les da igual? ¿Tú lo sabías? Quizá mi caso sea atípico. No es la primera vez que trato estas cuestiones por trabajo. Pero en mi entorno de esto se habla. Lo pregunto porque hay un contradiscurso de que no importa. De ahí que los pediatras demandemos que esto se trate como un problema de salud pública. Es necesario que el discurso se unifique. A nadie se le ocurre hoy decir que el alcohol es bueno para los niños. Pero si, mientras unos decimos esto, otros aseguran que si dejamos de lado las pantallas, nos vamos a convertir en analfabetos digitales, pues a nosotros nos llega a la consulta gente con dudas. Y después, hay tanta información que la gente se bloquea. No llega. Los pediatras hacéis guías; los periodistas, entrevistas; algunos padres, redifunden. ¿Qué más podemos hacer? La Asociación intenta, aunque está la dificultad que supone la división de la Sanidad entre las comunidades autónomas, que en las revisiones del niño sano se realicen preguntas sobre el uso de pantallas. Queremos que, igual que se habla de las cremas de sol o por las pautas de alimentación, se pregunte por el uso de pantallas desde el nacimiento y se les den recomendaciones a los padres. Desde la AEP se hizo hace años el Plan Digital Familiar, que es una web donde figuran las recomendaciones para que no afecte a la salud y en lenguaje sencillo. Se llama plan «familiar», porque no implica solo a los niños. La idea es que los padres midan también su tiempo de pantallas, porque la mayor herramienta educativa que tenemos los padres con los niños es el ejemplo. Si tú dices una cosa, pero haces otra, el niño hará lo que haces, no lo que dices. Volvamos a las revisiones periódicas. Su idea es sistematizar preguntas en esas revisiones rutinarias. Eso es. Dentro de esos distintos sistemas de salud, ¿en qué punto se encuentran la CAV y Nafarroa con respecto a esto? El País Vasco sí tiene integrado el tema de las pantallas en el programa Niño Sano, Navarra no estoy segura [el Departamento de Salud de Nafarroa, en una consulta posterior realizada por este medio, detalla que tiene protocolizado preguntar en las revisiones de 6, 8, 11 y 14 años]. Considero que País Vasco traslada muy bien la información a los padres. Andalucía destaca por la forma en que realiza el cribado para detectar problemas y en que las preguntas que realizan los pediatras están basadas en evidencia. Es decir, que si en el cuestionario del pediatra salen, por ejemplo, dos preguntas positivas, ya tienen pautado cómo actuar y qué material han de proporcionar. Lo tienen todo muy estructurado para que para el médico sea sencillo. Si por mí fuera, lo mejor sería un mix de ambas: la información de País Vasco y las técnicas de cribado andaluzas. BRECHA SOCIAL «Los hijos de padres con salarios bajos son más propensos a sufrir riesgos al neurodesarrollo a causa de las pantallas por falta de tiempo para sus hijos» INCOMPRENSIÓN «Lo que aparece luego en los colegios, por ejemplo, son niños incapaces de entender los dobles sentidos o de comprender el lenguaje no gestual»