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REUNIFICACIÓN COREANA

Corea del Norte elimina la reunificación de su Constitución

Pyongyang borra de su Carta Magna el objetivo histórico de unidad con Corea del Sur, y formaliza el giro impulsado por Kim Jong Un, que consolida a Seúl como principal enemigo y endurece el escenario de tensión en la península. La reforma tiene una fuete carga simbolíca pero también política, y redefine las relaciones entre ambos países.

(KCNA VIA KNS / AFP)

C orea del Norte ha eliminado de su Constitución toda alusión al objetivo histórico de reunificación con Corea del Sur, en un movimiento que confirma el giro estratégico impulsado por Kim Jong Un en los últimos años. La reforma, de fuerte carga simbólica pero también política, redefine el marco oficial de relación entre ambos países y consolida la designación de Seúl como «Estado hostil», en un contexto de creciente tensión en la península coreana.

La modificación no se limita a un ajuste retórico, sino que supone la desaparición de uno de los principios fundacionales del Estado norcoreano desde su creación: la idea de una sola Corea. Con este cambio, Pyongyang institucionaliza una nueva doctrina que abandona incluso en el plano formal cualquier aspiración de reunificación, sustituyéndola por un marco de confrontación permanente que refuerza la narrativa de enemistad con el Sur y consolida el endurecimiento ideológico del régimen.

El cambio constitucional se inscribe en una evolución progresiva de la doctrina de Kim Jong-un, que en los últimos años ha ido abandonando de forma explícita el discurso de la reunificación y la distensión intercoreana. Tras un breve ciclo de apertura diplomática marcado por las cumbres con Estados Unidos y Corea del Sur entre 2018 y 2019, el líder norcoreano ha reforzado una línea más dura basada en la autosuficiencia estratégica, el desarrollo nuclear como pilar de seguridad nacional y la redefinición del Sur no como potencial interlocutor, sino como adversario estructural.

Este viraje ideológico se ha visto acompañado por una intensificación de la actividad militar en la región, con una sucesión de pruebas de misiles balísticos y maniobras que han elevado la presión sobre Seúl y sus aliados. A ello se suma la expansión de las instalaciones vinculadas al programa nuclear, con indicios de un incremento de la capacidad de enriquecimiento de uranio, lo que refuerza la percepción de que Pyongyang está acelerando la consolidación de su arsenal estratégico.

EN PARALELO, COREA DEL NORTE HA REFORZADO SU ESTATUS DE POTENCIA NUCLEAR DE FACTO,

mientras Corea del Sur y Estados Unidos han incrementado sus ejercicios conjuntos y su cooperación en materia de disuasión. El resultado es un escenario cada vez más rígido, en el que los canales de diálogo han quedado prácticamente congelados y la lógica de confrontación vuelve a dominar la península.

La respuesta de Corea del Sur y de Estados Unidos ha sido reforzar su coordinación en materia de seguridad ante lo que consideran una deriva cada vez más agresiva de Pyongyang. Seúl ha intensificado sus ejercicios militares conjuntos con Washington y ha ampliado los dispositivos de vigilancia sobre la frontera -por tierra, mar y aire-, mientras que la Administración estadounidense ha reiterado su compromiso de disuasión ampliada en la península. Sin embargo, el deterioro del diálogo intercoreano y la ausencia de canales diplomáticos operativos limitan notablemente cualquier posibilidad de desescalada a corto plazo, consolidando un escenario de bloqueo político y tensión militar sostenida.

El endurecimiento de la posición norcoreana se produce en un contexto internacional marcado por la reconfiguración de alianzas en la región del Asia-Pacífico y el progresivo acercamiento de Pyongyang a Moscú y Pekín.

China mantiene su papel tradicional de principal sostén económico y diplomático del régimen, aunque con una relación cada vez más pragmática y condicionada por la estabilidad regional.

Rusia, por su parte, ha intensificado sus contactos con Corea del Norte en el marco de su aislamiento internacional, abriendo un nuevo eje de cooperación que preocupa a Washington y a Seúl. Este entramado refuerza la percepción de que el conflicto coreano ya no puede leerse solo como una dinámica bilateral, sino como parte de un equilibrio global más amplio.

La eliminación del objetivo de reunificación de la Constitución norcoreana confirma la consolidación de un cambio doctrinal profundo en Pyongyang, que redefine de forma estructural su relación con Corea del Sur y con el conjunto de la región. Más allá del impacto simbólico, el movimiento refuerza una lógica de confrontación permanente en la península y reduce aún más el margen para una eventual distensión. En un escenario marcado por la militarización creciente y la fragmentación de los equilibrios internacionales, el giro impulsado por Kim Jong Un apunta a una redefinición duradera -y posiblemente irreversible- del conflicto coreano.