GARA Euskal Herriko egunkaria

Nuestros mapas


Creo que seguimos siendo muchas las que aún, cada vez que tenemos que hacer un viaje, en mi caso grabaciones, seguimos usando mapas físicos, en papel. Los míos están marcados, rotos, con manchas de café y pegads con celo. Marchitos y rotos, los conservo hasta que algún día yo no esté y mis hijas los desechen como el resto de las cosas que atestiguan que pasé por este mundo. Es ley de vida.

Me tocó hacerlo recientemente con las cosas de mi madre; me costó mucho deshacerme de sus ropas, que aún conservaban algo de su olor, de sus notas, libros y flores de cerámica. Todos esos objetos que acumulamos son los mapas de nuestras vidas y hablan de nuestro nivel adquisitivo, de nuestro interés por la gastronomía o el arte, del cariño que nos ha demostrado alguien al hacernos un regalo y el cariño que le demostramos al conservarlo, a pesar de que no coincida con nuestros gustos.

Llegará un día en que, como los mapas físicos garabateados, arrugados y rotos, todo desaparecerá. No habrá registro alguno o puede que sí, que queden registros digitales, esas huellas cazadas y conservadas para crear una identidad de consumidor, como si fuera un fantasma conformado mediante estadísticas, sin rastro de lo que realmente fuimos. Quizá algún museo digital conserve la ficción de lo que ahora somos, quizá alguien urge en nuestras vidas y rescate algún detalle que difícilmente nos representará.