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CRíTICA: «El Hobbit: La desolación de Smaug»

Una entrega más oscura, pero también más grandiosa


No conviene andarse por las ramas a la hora de admitir que Peter Jackson es al cine lo que J.R.R. Tolkien a la literatura. A estas alturas me sorprende que todavía persistan las voces que lamentan la falta de fidelidad al texto original, y más aún después de esta segunda entrega de «El Hobbit» que el cineasta neozelandés se ha sacado de la manga, para reconvertir la obra en una trilogía. Está en su derecho, porque es el creador de un universo propio, y no hay que mirar hacia atrás para recordar lo mucho que se echaba de menos una visión épica de las aventuras por la Tierra Media en la gran pantalla. Ahora que por fin está al alcance de todos, no se entiende que se quiera calificar a Jackson de megalómano.

«Un viaje inesperado» era más fiel al espíritu infantil con que Tolkien concibió «El Hobbit», y eso me permitió disfrutar de la película, valga la expresión, como un enano. En cambio, la coincidencia es total al apreciar que «La desolación de Smaug» es más oscura, en cuanto que conecta con la previa trilogía cinematográfica de «El Señor de los Anillos». En general ha gustado más, porque se ahorra las presentaciones iniciales, y los numerosos personajes entran en acción sin mayores preámbulos. Ahí difiero, porque son criaturas fantásticas que merecían ser debidamente presentadas. Si comparto el amplío gozo que ha provocado entre las audiencia esta segunda entrega es por el crecimiento de los principales protagonistas, especialmente de Bilbo Bolsón, desarrollado por Martin Freeman a unos niveles interpretativos que en esta ocasión alcanzan la profundidad psicológica de un complejo drama.

Las nuevas incorporaciones son todas acertadísimas, con especial atención al Alcalde de la Ciudad del Valle, al que Stephen Fry presta su peculiar figura, extendida a los retratos cortesanos. No le va a la zaga la irreconocible caracterización del sueco Mikael Persbrandt como el terrorífico Cambiapieles. Pero los encargados de dinamizar los momentos de mayor espectacularidad son Evangeline Lilly como la arquera Tauriel y Luke Evans en el rol de Bardo.