04 FéV. 2014 CRíTICA | Teatro Dentro y fuera CARLOS GIL Parte de un hecho real acaecido hace un año en una población alemana: la violenta reacción de un desahuciado de su casa frente al equipo profesional que viene a cumplir las órdenes judiciales. Un caso habitual llevado a un extremo en donde un trabajador cuidadoso se convierte en un feroz acusador público, que va relatándonos a partir de un realismo sin complejos sus circunstancias y pronuncia una suerte de manifiesto frente a esa violencia estructural encarnada en un policía municipal pasota, un cerrajero emigrante, dos oficiales del juzgado y una representante del banco que se queda con la casa. Frente a esa delegación, una escopeta de caza descargada que acaba cargándose, una persona arrasada por la crisis, aterrorizada que de llevar una vida normal pasa al paro de larga duración, a la imposibilidad de pagar sus cuotas hipotecarias . Es un tipo normal, con una pareja normal, que trabajan y ponen sus esperanzas y basan su futuro en esa casa que van pagando sin problemas hasta la quiebra. Y la reacción de este hombre se convierte en un alegato, no es un ataque de locura, sino de dignidad elocuente, de reacción frente a una evidente injusticia, pues no hay ni una posibilidad de pactar, de hablar con ese banco para buscar una solución intermedia. El realismo buscado, el que todo sea natural a excepción de ese punto de locura, cuando se va fraguando la tragedia, quizás acota demasiado las probabilidad estéticas, y el discurso puede considerarse en ocasiones demasiado obvio, panfletario, pero a la vez, es necesario. Pero todo apunta con coherencia a ello, desde el espacio escénico, al vestuario y los detalles como a la interpretación, muy solvente de toda la compañía. Planteada en estos términos, deben salir forzosamente esas argumentaciones para comprender la situación, su desarrollo fatal y un primer final que difiere del suicidio del caso real del que parte, para ser aquí abatido por las fuerzas del orden cuando sale a enfrentarse desesperadamente a ellos desde su terraza. Pero el final definitivo, cuando vivimos un spot publicitario para ofrecer el adosado recién desahuciado nos coloca en otro plano de la realidad, mucho más sarcástico e inhumano. A pocos metros del teatro donde se representa esta obra, el pasado viernes hubo un enfrentamiento con detenciones policiales para evitar un desahucio más en Lavapiés. La realidad dentro y fuera. El teatro como espejo, casi como documento. Un teatro necesario.