31 MAR. 2014 El deseo sexual de las mujeres Las fantasías eróticas en la cama, como el pan en la mesa Un 80% de las mujeres ha carecido de deseo sexual en algún momento de su vida; un problema de salud con consecuencias en su vida y en la de su pareja. Cultivar la relación y la sorpresa nos ayudarán a prevenirlo. Idear fantasías sexuales, a oxigenarlo. Oihane LARRETXEA El sexo nos proporciona salud, nos rejuvenece, nos relaja y nos divierte. En definitiva, nos hace felices. Todo son virtudes pero, sin embargo, una gran mayoría de las mujeres, alrededor de un 80%, ha sentido falta de deseo sexual en algún momento de su vida. Los expertos lo consideran un problema de salud cuyas consecuencias también «paga», además de la propia afectada, su pareja y la vida que comparten. Se reduce la frecuencia, se ponen excusas para evitar el contacto físico o, incluso, se procede a hacerlo rápidamente «para que termine cuanto antes». Estos son algunos de los escenarios que dibujó el doctor en sicología y especialista en sexología, José Luis García, que ha ejercido durante 34 años en el Centro de Atención a la Mujer de Iturrama, entre otros. Ocurre, desde las experiencias que ha tratado en su larga trayectoria, que una menor excitación provoca una reducción del deseo, y que esto desemboca en un rechazo-aversión al sexo. Cuanto más se presione, además, mayor será el conflicto. Por supuesto, ese no es el camino para solucionarlo. La falta «de ganas» suele estar producida por factores como la rutina o la monogamia y también el desinterés. Además, estos tiempos de crisis no ayudan en absoluto en este aspecto, y aunque el sexo debería ser, precisamente, una vía de escape, suele ser una carga que hace que lo dejemos «para otro día». «Yo entiendo que una persona en paro, atravesando, por ejemplo, una complicada situación económica, se vaya a la cama con una mochila muy pesada pero, por difícil que sea, hay que saber separar las cosas. Si practicamos sexo los problemas seguramente sigan ahí al día siguiente, pero los veremos de otra manera porque estaremos más relajados», argumentaba García. Por lo tanto, primer consejo, aprender a desconectar de la vida cotidiana. Los expertos, que hablaron desde el punto de vista de una pareja heterosexual, señalaron que las mujeres aprecian sentirse valoradas. «Él ya no es el que era» es una frase, mencionada por García, que se repite con frecuencia. Como dato, los hombres solidarios tienen más sexo. Ciertas creencias erróneas, provocadas en parte por una mentalidad que huele a rancio, tampoco han facilitado las cosas a las mujeres. Por ejemplo, el deseo sexual femenino se ha asociado al vicio. Tampoco es cierto que ellas tengan menos deseo sexual, ni que a partir de cierta edad la líbido brille por su ausencia, ni que después de tener hijos pasen del sexo. Ah, y se puede desear sin estar enamorado. Estas afirmaciones no tienen cabida en la sociedad actual. Son fáciles de elaborar García ha identificado, a lo largo de su trayectoria, cinco tipos de mujeres. Las primeras de ellas no muestran ningún interés, pueden responder a los estímulos, pero no quieren. Las segundas sienten el sexo como una obligación esporádica, de hecho, «saben cómo excitar a su pareja para que acaben cuanto antes». El tercer tipo también lo considera una obligación, pero ellas fingen el gozo y el orgasmo. El cuarto grupo de mujeres no sienten deseo, y son «expertas en poner excusas». Los hombres sufren ante esta situación porque ponen en duda su capacidad, se sienten rechazados y manipulados. El quinto grupo de mujeres son aquellas que le ponen solución, que pasa por estimular los sentidos y actualizar los recursos. Recordaron que a día de hoy no existe un fármaco que lo solucione, y que el deseo «casi siempre hay que provocarlo», aunque hay fórmulas para prevenir el hartazgo: cultivar la pareja, la comunicación, la capacidad de sorprender... La guinda la ponen las fantasías sexuales. «Son el músculo del deseo; hay que ejercitarlo para que no se atrofie». A juicio de García, llevarlas a cabo, incluso solo imaginarlas, juegan un papel determinante en la vida sexual de la persona y en su relación de pareja. Lo mejor es que son fáciles de elaborar y se pueden crear cuantas se deseen.