04 AVR. 2014 CRíTICA: «Capitán América: El Soldado de Invierno» El thriller político de los 70 en el cine de superhéroes MIKEL INSAUSTI Zinema kritikaria Es de admirar el trabajo que está llevando a cabo la división cinematográfica de Marvel, gracias a que está muy exigida consigo misma y con los lectores de cómics. El dinamismo que aplica a sus estrenos para la pantalla grande es el de los viejos seriales, sólo que trasladado a una maquinaria más pesada, que es capaz de mover con una fluidez que engancha a distintas generaciones de espectadores. Todo esta unido por un hilo invisible, y así la puesta en marcha de un superhéroe en teoría tan obsoleto como Capitán América se ha visto ligada a «Los Vengadores», creando una poderosa sinergia que incorpora nuevos géneros y pespectivas temáticas. Dentro de la vorágine inagotable de relatos de superhéroes, en la Casa de las Ideas han logrado que las aventuras de Capitán América no se queden tan desfasadas como muchos preveían. Del origen del personaje a su progresiva e imparable modernización se ha pasado en apenas dos entregas, contrastando ambas y haciéndolas muy diferentes. Joe Johnston hizo en «El primer vengador» una versión clásica, entroncada en el cine bélico mediante una estética retrofuturista. Ahora los hermanos Russo se apuntan al trhiller político de los 70, homenajeando a títulos emblemáticos como «Todos los hombres del presidente» o «Los tres días del cóndor» a través de la presencia de Robert Redord. Su fuerza icónica se deja sentir a lo largo de la narración, manteniendo siempre un sorprendente equilibrio entre la trama conspirativa y el cine de espionaje, sin que queden desprendidas de las obligadas escenas de acción espectacular. Los guionistas Christopher Markus y Stephen McNeelly beben de las historietas del periodo autoril de Ed Brubaker, que tanto han contribuido a remodelar la psicología del soldado de la II Guerra Mundial Steve Rogers, alter ego del Capitán América. Las cambiantes circunstancias históricas le obligan a renunciar a sus valores patrióticos, que han de ser sustituidos por otros códigos más pragmáticos y realistas.