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Una «Bohème» pictórica trae la ópera a la Quincena Musical

La ópera «La Bohème» de Puccini, primera título que programó la Quincena Musical hace 75 años, regresa al festival con dos representaciones en el Kursaal, mañana y el domingo. Con puesta en escena de Davide Livermore y musical de José Ramón Encinar, tiene a Gal James y Giordano Lucà como principales protagonistas.


Aunque ha sido la ópera más programada en la historia de Quincena Musical, trece veces desde que se hiciera por primera vez en 1939, «La Bohème» de Puccini no había vuelto al festival donostiarra desde 1972. José Antonio Echenique, que participó en aquella «Bohème» como figurante, antes de ser nombrado director del festival en 1979, recuerda lo caótico de aquella función que tuvo a Luciano Pavarotti como gran estrella. «Ya la cosa comenzó mal, porque estaban invitados los ministros de asunto exteriores de Costa Rica y España», rememoró ayer Echenique. «Pero llegaron media hora tarde y el pueblo soberano aprovechó la oportunidad para mostrar su disconformidad con la política del régimen franquista, Gregorio López-Bravo se llevó un enorme abucheo. Además se cambió a la soprano principal varias veces: primero estaba anunciada Mirella Freni, luego Katia Ricciarelli, y al final ya ni recuerdo quién lo hizo, solo que se murió muy bien en el último acto. Menos mal que estaba Pavarotti entre todo ese descontrol, porque su Rodolfo fue impresionante».

Patrick Alfaya, actual director de la Quincena Musical, se felicitó por la ocasión de recuperar este título operístico que «una generación y media de donostiarras aún no habían podido ver». Anunció que la que se podrá ver viernes y domingo en el Kursaal es «una producción muy fiel al libreto, de época pero moderna al mismo tiempo, muy detallista y que a través del uso del vídeo da un movimiento contínuo a todo lo que ocurre en escena». La propuesta de Davide Livermore, procedente del Palau de les Arts de Valencia, se inspira en la pasión de uno de los protagonistas de la ópera, Marcello, por la pintura. Los espectadores podrán ver así una especie de cuadro en el escenario, que irá transformándose en función de lo que vaya pintando Marcello.

Emilio López, encargado de ejecutar las ideas de Livermore en Donostia, dio algunas claves más de esta «Bohème». «Livermore ha creado una puesta en escena inspirada en Cezzane, Renoir, Manet y sobre todo Van Gogh», explicó. «La idea le llegó de una película de Akira Kurosawa, «Dreams», que recoge ocho sueños, y en uno de ellos un pintor entra dentro de un cuadro y habla con Van Gogh». El gran reto, para López, es «que en la escena no se pierdan los detalles que están en la partitura de Puccini y que es indispensable mostrar al público. Para eso los cantantes tienen que dar el doscientos por cien al actuar».

Al frente de ese elenco de cantantes están la soprano israelí Gal James y el tenor italino Giordano Lucà. James, que reconoció tener una gran simpatía por el personaje de Mimí, destacó «el enfoque cinematográfico» de la puesta en escena, que hace «resaltar y brillar cada detalle». En cuanto a Lucà, un joven tenor belcantista que aborda por primera vez una ópera de Puccini, reconoció que es «una partitura muy difícil y dramática, que cambia mucho de los primeros actos a los dos últimos». Alguna de las arias del personaje de Rodolfo, como «Che gelida manina», se cuentan entre las páginas más famosas del repertorio lírico, pero Lucà las afronta con seguridad. «La vocalidad de Puccini entra dentro del legado del belcanto italiano y puedo moverme bien en ella», aseguró.

Más participantes

Los demás cantantes que darán vida al gurpo de artistas bohemios que protagoniza la ópera son Juan Jesús Rodríguez (Marcello), Elena de la Merced (Musetta), David Menéndez (Schaunard), Fernando Latorre (Benôit), Francis Tójar (Colline) y Gerardo López (Parpignol). El coro juega un papel importante en el dinámico segundo acto, para el que la Quincena ha acudido de nuevo a la Coral Andra Mari, que ya participó en la «Carmen» de 2009. Se suman esta vez los niños de la Escolanía Easo, que según su director, Gorka Miranda, «están muy emocionados y dándolo todo, tanto que en algún momento el director de escena les ha tenido que pedir que controlen su energía. Participar en una ópera es una experiencia que muchos solo van a tener una vez en la vida, porque pronto les cambiará la voz y quizá dejen de cantar».

En el foso estará la Orquesta Sinfónica de Euskadi dirigida por José Ramón Encinar, para quien «la ópera es teatro y, aunque prime la música, todo se subyuga a la teatralidad», y que defendió que en un título como «La Bohème» «hay que estar muy atento y ser flexible para subrayar con la música cada detalle de lo que ocurre en la escena, pero hacerlo sin caer en la vulgaridad». Las entradas para ambas representaciones, que le han costado al festival algo más de 300.000 euros, oscilan entre los 11 y los 94 euros.