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CRíTICA: «Vamos de polis»

Comedia de acción que explota el recurso del disfraz


Los productores de «Let's Be Cops» han dado en la diana comercial, porque en la taquilla de los EEUU se ha convertido en un fenómeno equiparable al que en el Estado español ha desatado «Torrente 5». Esta comedia de falsa acción policial solamente costó 17 millones de dólares, habiendo recaudado en su país una cifra cercana a los cien millones. El secreto del éxito es posible que resida en haber sabido camuflar la vieja modalidad ochentera de las buddy movies, formando una pareja interracial que en realidad no son policías, sino que se hacen pasar por ellos. De esta forma la elemental comicidad se basa única y exclusivamente en el uso del disfraz, toda vez que los protagonistas visten uniformes de pega.

Todo empieza con una supuesta fiesta de disfraces, que luego resulta no ser tal, ya que la pareja de falsos policías al llegar al party se dan cuenta de que es un baile de máscaras. No es más que el detonante de todo lo que viene a continuación, al experimentar la manera diferente en que la gente reacciona ante dos personas uniformadas, así que siguen con el juego hasta donde les es posible. A grosso modo sucede que los protagonistas son unos fracasados, los cuales encuentran en la farsa policial la oportunidad de sentir que tienen poder y pueden hacerse respetar por todos aquellos que antes se burlaban de ellos.

El proceso de transformación en las vidas de la pareja protagónica está expresado con el humor más burdo y proclive a los gags torpes y vistos hasta la saciedad. Los chistes machistas se suceden por aquello de que llevan porra, lo mismo que los relativos al consumo de sustancias prohibidas, según las van confiscando a los delincuentes.

Pero es que ni la dinámica del disfraz es explotada en todo su potencial, teniendo en cuenta que son civiles que se visten de agentes de la ley, quienes a su vez suelen utilizar otras idumentarias para infiltrarse en el ambiente criminal. Aquí la imaginación no les da más que para disfrazarse de «camello» con una imagen de rastafari a lo Bob Marley, como en los teleconcursos de imitadores.