09 DéC. 2014 JO PUNTUA Fútbol = Moloch Jon Odriozola Kazetaria Como todos los fenómenos sociales, el deporte es históricamente condicionado y culturalmente determinado. Ocurre que ya no hay juego ni deporte, sino profesionalismo y espectáculo, algo parecido al circo romano (los gladiadores romanos eran muy populares al igual que los atletas griegos en Olimpia). Pero sí queda el deporte como componente identitario de un país y/o metáfora, o metonimia, de una guerra, sobre todo en el fútbol, espectáculo popular y de masas por antonomasia. Hace dos domingos se cometió el asesinato de un hincha del Coruña en Madrid por parte de los ultras del Atlético Madrid. Algo ajeno al fútbol, según el presidente fascista Cerezo, un «accidente», dice. Cosa de «tribus», chiquilladas. El Planeta Fútbol es demasiado grande como para que el espectáculo se detenga por un muerto sacrificado en el ara de Moloch: the show must go on. La culpa es del muerto, que no iba uniformado. Nunca de los verdaderos hooligans: los mass media. Y es que, ¿qué papel juega la prensa como elemento transmisor y estructurador de la identidad a través de sus informaciones referidas a la Selección Española? (no a los clubs, en este caso). La pregunta se la hace Manuel González-Ramallal en un trabajo sobre el papel de los medios en el Mundial de Fútbol de 2006 en Alemania. El autor empieza por anotar la división (cuasibélica) entre el nosotros/los nuestros frente a los otros/ellos. Estamos, pues, ante unos «héroes nacionales» (Raul fue el prototipo) frente a «villanos extranjeros», poco menos. ¿Exagero? Veamos algunos titulares de entonces: antes de jugar contra Ucrania, «¡A por ellos!, «Casillas, un patriota convencido» («As»). Después de golear a Ucrania: «A que ganamos el Mundial...¡Qué partidazo! Habéis dejado al mundo con la boca abierta» («Marca»). Tras remontar ante Túnez: «Sufriendo (también) somos los mejores» («Marca»). Antes de perder contra Francia (cuyo símbolo, el gallo, «desplumarán»): «Vamos a jubilar a Zidane». Después: «La maldición de Francia continúa». «Sigue el gafe», dice «Marca» achacando la derrota a fenómenos «sobrenaturales» (sino, Raul no hubiera fallado el penalti). Para qué seguir, es de risa, Son titulares infantiles presuponiendo un público infantil o tratando de infantilizarlo. En medio, lo grotesco: Manolo el del bombo o un bufonesco Tomás Roncero. Y como objetivo eso que el británico Michael Billig llamó nacionalismo banal o de andar por casa, algo así como la alienación interiorizada hasta el paroxismo o pintarse la cara con los colores de me da igual qué Selección.