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IKUSMIRA

Un pueblo pintoresco


La revista «National Geographic» acaba de publicar un insólito ranking de las diez ciudades más felices del mundo, entre las que figura Donostia. Desconozco los criterios para tan disparatada clasificación, pero los argumentos en favor de la vasca son su gastronomía, sus playas, su futura capitalidad cultural y... las vistas desde el monte Igeldo.

No seré yo quien reste un ápice de valía a nuestra ciudad, ni a las panorámicas que nos hacen dichosos, aunque sea a todas luces ridículo medir la felicidad con semejante regla. Pero aceptemos que se trata solo de un divertimento inocente y hasta inocuo, y que, como mal menor, al menos nos coloca en el mapa y nos atribuye atractivos para visitarnos.

Hay muchas maneras de ubicar informativamente a un pueblo en el mundo. De unos años para aquí se percibe un cierto desplazamiento en las noticias sobre este país. Durante décadas, la confrontación violenta, la tensión política o el proceso de liberación han determinado el tratamiento informativo, ya fuera para tomar nota o para tomar partido. En la actualidad, sin embargo, asistimos a un intrigante remozamiento de la imagen de Euskal Herria, en particular en medios españoles. Prácticamente se ha evaporado. La clave informativa, ahora, es el tiempo. No el nuevo tiempo político, sino el climático. No hay alusión televisiva a la lluvia, al sol o a un puente festivo en que no aparezca La Concha o el Guggenheim. Y los pintxos.

No es inocente ni inocuo. Es un modo sutil de alimentar el discurso de la no-resolución del conflicto. De ningunearlo. Ya no pasa nada, ni hace falta que pase, desde que ETA cesó su actividad armada, aunque Donostia -por seguir con la referencia del inicio- siga siendo la ciudad con mayor número de presos políticos de Europa (¿incluso, quizá, de eso que se llama Occidente?), a la vez que en ella se están realizando ensayos revolucionarios de democratización y de participación ciudadana.

Premeditado o inconsciente, es el deslizamiento de un pueblo político hacia un pueblo pintoresco. Dicho de otra manera, de «Le Monde Diplomatique» a la «National Geographic».