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Con un canto (político) en los dientes de la UE

El Gobierno griego ha respondido al bloqueo político por parte de los acreedores a cualquier tipo de solución negociada a la crisis con una decisión política ejemplar. La convocatoria de un referéndum en el que sea la población griega la que decida.

(Aris MESSINIS / AFP)

La convocatoria por parte del primer ministro griego, Alexis Tsipras, de un referéndum ya fue avanzada como posibilidad el pasado martes en GARA por Beñat Zaldua y constituye  un ejercicio de salud democrática cuyo rechazo histriónico por parte del Eurogrupo retrata la deriva de la UE.

Horas después de que el líder de Syriza hiciera el anuncio, y a su llegada a la reunión de este sábado, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, se ha atrevido a calificar de «triste» la convocatoria de esa consulta vinculante con la que será la población griega la que decida si acepta o no la última propuesta de los «acreedores».

Una propuesta que no será tan «generosa» como aseguró la canciller Angela Merkel a tenor del tono esgrimido por los ministros de Finanzas de los Dieciocho. Y digo Dieciocho porque, en plan mafioso, y entrada la tarde, Dijsselbloem ha expulsado a su homólogo griego Yanis Varoufakis, para analizar el plan B, que, según han dado a entender, da por hecha la salida de Grecia del euro.

A nadie se le oculta que este último es un escenario problemático para Grecia, pero el Eurogrupo, liderado por el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, miente cuando asegura que ha sido Grecia la que ha roto las negociaciones con la convocatoria del referéndum.

Al contrario, lo que ha hecho es responder con una medida política (¿hay algo más intrínsecamente político que un referéndum?) a una decisión política previa por parte de las instituciones y que en las negociaciones de esta semana ha quedado en total evidencia.

En este sentido, ha quedado meridianamente claro que el objetivo no era negociar sino forzar a Syriza a que se hiciera el harakiri. Tal y como avanzó GARA el pasado miércoles al analizar las cesiones en la propuesta del Gobierno Tsipras dos días antes, en caso de que, como finalmente ha sido, los «acreedores» rechazaran esta propuesta, que a lo que se ve no cedía ni mucho menos lo suficiente, a los griegos les quedaba la opción de la política.

Y mira que lo han hecho. Al punto de que le han dado a la UE, BCE y FMI con un canto político en los dientes.