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Hoy hace 20 años, muerto a tiros por la Policía en Madrid «como si fuera un terrorista»

Se llamaba Juan Carlos Sanz Ruiz, tenía 25 años y una condena pendiente. Y sobre todo tuvo la mala suerte de pasar cerca del punto de Madrid en que ETA acababa de matar un militar, en el primer atentado tras la tregua de Lizarra-Garazi. El policía que le disparó fue detenido pero ¿hubo condena?

La Plaza de Colón, llena en protesta por el atentado mortal del militar Blanco.

Ocurrió un 21 de enero como hoy de hace justo 20 años, aunque serán muy pocos los que recuerden a esta víctima absolutamente olvidada del conflicto. Se llamaba Juan Carlos Sanz Ruiz, apenas tenía 25 años y según dijo su familia a 'El País' «no era un santo». Tenía una condena de cuatro años pendientes y seguramente por eso echó a correr con el rostro semicubierto con una bufanda cuando vio a un policía dirigirse a él.

Le costó la vida. Un agente de la Policía española de la comisaría madrileña de La Latina le disparó «confundiéndole con un etarra» según la versión oficial. A apenas 300 metros de distancia se había producido un atentado de ETA con coche-bomba que mató al teniente coronel del Ejército Pedro Antonio Blanco. La familia sospecha incluso que Sanz Ruiz había pasado antes por ese lugar para ver lo ocurrido.

Ocurrió a primera hora de la mañana, pero la Policía no acudió a notificar la tragedia a la familia hasta pasadas las 18.30. El agente lógicamente fue detenido, pero ni siquiera encarcelado en el primer momento. Al margen de que habría confundido a la víctima con un miembro de ETA, alegó que el disparo había sido fortuito, producto del tropezón con un bolardo. José Miguel Sanz Ruiz, hermano del fallecido, dejó claro el fondo del asunto en esta frase: «Le podían haber tirado a una pierna o un brazo y le habrían detenido igual. Pero le han matado como si fuera un terrorista».

Aquel atentado generó una tensión muy intensa en Madrid. Era el primero después de la tregua de Lizarra-Garazi. Y se producía en un momento en que en la Audiencia Nacional se estaba juzgando a Enrique Rodríguez Galindo y su grupo por el secuestro y muertes de Joxean Lasa y Joxi Zabala, con guardias civiles campando a sus anchas por los pasillos para amenazar a testigos.

En ese contexto, «matar a un terrorista» resultaba más que factible. Y también a alguien como Juan Carlos Sanz Ruiz, carne de cañón. Tanto que no hubo seguimiento mediático posterior sobre qué pasó con el policía, un agente «con el expediente profesional inmaculado» según remarcaron sindicatos policiales frente a los antecedentes de delitos menores del joven fallecido.