¿Mesas voluntarias? ¿Horario ampliado? ¿Campaña corta? Dudas ante un 12J de excepción sanitaria
Las elecciones convocadas por Iñigo Urkullu serán absolutamente excepcionales por celebrarse en periodo veraniego y, más aún, en plena pandemia. El decreto publicado hoy en el Boletín Oficial no da detalle alguna sobre cómo se materializarán, pero las preguntas están a la vista.
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El Boletín Oficial del País Vasco publica este martes el escueto decreto de convocatoria de elecciones en la CAV firmado por su lehendakari, Iñigo Urkullu, con el soporte de informes de su viceconsejero de Salud, Iñaki Berraondo, avalando las condiciones sanitarias. Pero la excepcionalidad es tan notoria que se traduce en varias preguntas que tendrán que resolverse con urgencia:
¿Mesas voluntarias?
La obligación legal de participar en una mesa electoral si alguien es elegido como presidente, vocal o suplente es uno de los primeros interrogantes. ¿Cabe obligar a alguien a ello si tiene miedo al contagio o si directamente está aislado por padecer la covid-19? La duda ya se le planteó este lunes al presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, bastante más concreto que Urkullu a la hora de responder a estas cuestiones sobre la convocatoria gallega del mismo 12 de julio. «He solicitado una interpretación flexible de las obligaciones que tienen las personas que resulten electas para formar parte de las mesas», respondió, recordando que es probable que haya personas confinadas por motivos sanitarios en esa fecha.
También ha dicho el presidente gallego del PP que «si es posible excluir a personas vulnerables de las mesas, sería positivo. Esperemos tener la interpretación más favorable para cuidar la salud de las personas».
¿Horario ampliado?
La necesidad de evitar aglomeraciones de gente en los colegios es otro de los problemas a la vista; no hay más que reparar en lo que cuesta hacer ahora cualquier compra o gestión para percibir que el 12 de julio votar llevará mucho más tiempo que lo habitual ¿Se plantea en la CAV una ampliación horaria? Urkullu ha despejado cualquier cuestión de este tipo hacia lo que determine la Junta Electoral. Pero la jornada ya se ha restringido a un solo día, 12 de julio, sin sopesar al parecer la opción de prolongarla más allá de 24 horas, algo que no es infrecuente en el resto del mundo.
¿Campaña más corta?
La inconveniencia de realizar mítines públicos al uso alimenta la discusión sobre si no es mejor una campaña más corta. Está el precedente de la repetición electoral estatal de noviembre de 2019, en la que solo duró ocho días al tratarse de un «replay». ¿Tiene la tentación Urkullu de proponerlo, alegando razones de ahorro económico o de otra índole? De momento, el decreto publicado fija el inicio de campaña en su calendario habitual, 26 de junio, dieciséis días antes. Pero Josu Erkoreka ya ha tirado el anzuelo en Radio Euskadi al plantear que un acuerdo entre partidos podría acortar la campaña porque la ciudadanía apoyaría «algo más austero».
EH Bildu, Elkarrekin Podemos y PP ya se han mostrado en contra de una reducción, entre otras cosas porque la gestión de la pandemia ha dado a Iñigo Urkullu y más aún Pedro Sánchez, las dos referencias políticas principales de la coalición del actual Gobierno de Lakua, una hipervisibilidad que distorsiona el juego.
¿Con qué material físico?
Hay quien define unas elecciones en plena epidemia como «el sistema de contagio perfecto». El trasiego de papeletas, DNI o registros que tienen que pasar obligadamente de mano en mano puede acabar en correa de transmisión de la covid-19. El antecedente de Ipar Euskal Herria está a la vista: el 15 de marzo se celebró la primera vuelta de las municipales ya con grandes medidas de seguridad, pero la segunda convocatoria del 22 quedó anulada por el presidente Macron. ¿Cómo se solventarán esos problemas? Y más allá de la cuestión técnico-sanitaria, ¿no distorsionará el resultado final al alejar de las urnas a sectores sociales especialmente vulnerables?
¿En estado de alarma?
El Gobierno Sánchez ha anunciado este martes que pretende extender el último periodo de estado de alarma hasta el 27 de junio. Ello supondrá que la campaña empieza en esa situación de excepción sanitaria con restricciones para movilidad y otras cuestiones. Aunque el Gabinete Urkullu haya levantado su declaración de emergencia de modo instrumental para facilitar la cita con las urnas, el marco estatal puede generar algunas cortapisas.
El PNV votará a favor de ese estado de alarma al tiempo que ha precipitado la convocatoria que queda en su contexto temporal, sin ver contradicción en ello. Urkullu admitió el lunes que ha habido conversaciones con el Ejecutivo estatal para abrir camino a las elecciones, aunque matizó que él no lo definiría como «negociación».
¿Y el efecto-vacaciones?
Es otra cuestión que puede tener su efecto político distorsionador. La convocatoria anterior de Iñigo Urkullu en 2016 ya arrastró cierta polémica al realizarse el 25 de setiembre, con una campaña que arrancó por tanto en la primera quincena del mes, con buena parte del país aún de vacaciones. ¿Qué decir de esta, ubicada el 12 de julio y por ello absolutamente inédita?
Quien no quiera acercarse a las urnas o se plantee estar en otra localidad en esa fecha en que probablemente se habrán levantado las restricciones de movilidad podría votar por correo, pero ¿responderá el servicio postal adecuadamente en esa fecha? En una curiosa interpretación, el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, ha dicho que lo que sería peligroso es llevar las elecciones a setiembre porque votar por correo en agosto resultaría más difícil aún.