INFO

Una prisión invisible en mitad de la nada

[Crítica]: ‘Jo Ta Ke’

Koldo Landaluze

En su esquema, ‘Jo ta Ke’ podría ser considerado un viaje a ninguna parte, una odisea en la que Ulises nunca encontró Ítaca a su regreso accidentado de Troya.

Este proyecto de Aitziber Olaskoaga incide en la negativa y los puntos suspensivos, es una crónica que se transforma a sí misma a partir de los diversos cambios que se operan en la propia estructura de un documental que nunca llegó a ser filmado y que, en su lugar, se activa desde una apuesta experimental.

La mecánica del desconcierto adquiere forma en un páramo desértico que una vez acogió aquel primer e histórico concierto que Negu Gorriak ofreció ante más de 10.000 personas en Herrera de la Mancha el 29 de diciembre de 1991 y dentro de la masiva marcha organizada por Gestoras Pro Amnistía. Nada se revela ante la cámara, tan solo un paisaje enclavado en la nada del polvo y el olvido, ni tan siquiera se asoma el eco de ‘Hator, hator’.

En su proceso, asistimos a una sucesión encadenada de números, una cámara que observa con desconcierto todo lo que le rodea bajo un potente filtro rojo y que retrata la secuencia inamovible de un presente en el que las respuestas perseveran en su silencio.

En mitad de la nada, entre ruinas engalanadas con penes de colores, yace la frontera lindante a una cárcel que no puede ser visitada, ni filmada y, tal vez, ni siquiera quiera ser recordada.