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Marijaia en llamas pone fin a la Aste Nagusia más esperada

Marijaia volvió a arder un segundo domingo de Aste Nagusia. Una imagen que no se veía desde el año 2019. A pesar de la tristeza que produce en la ciudadanía de Bilbo, miles de personas acudieron a ver la quema de Marijaia en una jornada que no por ser la última fue menos ajetreada.

Quema de Marijaia el último día de Aste Nagusia. (Marisol RAMIREZ | FOKU)

Se ha terminado una de las Aste Nagusia más esperada de los últimos años. Marijaia volvió a arder entre miles de personas que siguieron su trayecto desde el Puente de la Merced hasta el del Ayuntamiento. Una imagen que, a pesar de llenar de tristeza a la ciudadanía bilbaina, seguro que echaban de menos.

Marijaia realizó su último viaje de esta edición de Aster Nagusia, la número 42, bajo la luz de los fuegos artificiales del espectáculo pirotécnico ‘Agur Marijaia’. Minutos antes, las otras dos grandes protagonistas de las fiestas, la pregonera, Itziar Lazkano, y la txupinera, Iratxe Palacios, recibieron su merecido homenaje en el muelle de Uribitarte. El último de los nueve días de una experiencia irrepetible para ellas. Tras ello, ambas se embarcaron a bordo de las traineras empujadas por veinte remeros del Club Remo de Deustu, todos ellos vestidos de blanco.

Sobre las 22.00 Marijaia inició su camino a bordo de ‘la Tomatera’ y remolcada por las traineras, desde el embarcadero del Puente de la Merced. Unos 15 minutos más tarde, Marijaia llegaba al Puente del Ayuntamiento, lo que significaba que su final entre las llamas estaba cerca. Antes de eso, la pregonera dedicó unas palabras a la querida Marijaia, antes del txupin final lanzado por Palacios.

Precedido por el apagado final de todas las txosnas, la luz de Marijaia envuelta en llamas señaló el final de las fiestas, con el convencimiento de haberlas recuperado tal y como se recordaban. Y es que a de este año ha sido una Aste Nagusia muy intensa, y no solo en el aspecto emotivo.

Último día

No por ser el último día de Aste Nagusia fue un día menos ajetreado. De hecho, el domingo es el día en que se aglutinan muchos de los actos que clausuran los programas de actividades celebrados al largo de los nueve días de fiesta, como los concursos.

El primero que se conoció fue el del Concurso Internacional de Fuegos Artificiales Villa de Bilbao, que este año ha recaído en la empresa de València Pirotecnia Valenciana. En un acto celebrado en la Bilbaína, el alcalde de Bilbo, Juan Mari Aburto, y la concejala de Fiestas, Itziar Urtasun, entregó el galardón que reconoce al mejor espectáculo pirotécnico de las fiestas de la capital vizcaina.

En esta XXX edición del concurso han participado siete compañías pirotécnicas de prestigio mundial procedentes de Italia, el Estado francés, A Coruña, Granada, València y Zaragoza. Las compañías que no han resultado ganadoras todavía tienen una segunda e incluso tercera oportunidad de llevarse un reconocimiento, gracias al Premio del Público que se anunciará en septiembre y al recién instaurado Premio Verde, que recaerá en la compañía «que menos contamine con los desechos pirotécnicos» una vez analizados los materiales usados en cada espectáculo. Los fuegos artificiales han reunido a más de 130.000 espectadores en cada una de las siete noches de Aste Nagusia.

Entre los actos del último día destacó la tradicional concentración de Gigantes y Cabezudos. Acompañados de una kalejira al rimto de Bizkaiko Gaiteroak, la tradicional concentración de Gigantes y Cabezudos de Euskal Herria volvió a tomar el Arenal, donde los distintos personajes hicieron las delicias, sobre todo, de los más pequeños.

También tradicional es la música de los txistus durante las mañanas de Aste Nagusia, así como el alarde de la Banda Municipal de Txistularis. Decenas de músicos y cantantes, como el Coro San Antón, Martín Ariztimuño, Iñigo Eskubi, Gemma Sánchez, Ander Zulaika y Gorka Eskauriaza, entre otros, actuaron junto a la Banda en el concierto de despedida de Aste Nagusia. Además, para la ocasión los txistularis contaron con la colaboración especial de Xabi Solano.

El broche final a una Aste Nagusia tan trepidante como esperada.