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El PNV piensa en Tapia como candidata a diputada general en Gipuzkoa, pero evalúa sus costes

La apuesta de EH Bildu por Maddalen Iriarte para aspirar a diputada general de Gipuzkoa ha aumentado las dudas y también la presión sobre quién será su rival en el PNV. La cúpula del partido impulsa a Arantxa Tapia pero con dudas de índole económica y política, globales y locales.

Arantxa Tapia, un bastión del Gobierno que podría perder Urkullu para competir con Iriarte en Gipuzkoa. (Raul Bogajo | Foku)

A menos de ocho meses de las elecciones forales y municipales, junto a cómo se presenta la derecha en Nafarroa o a quién gana las primarias del PSE en Donostia, la incógnita principal por resolver es quién será la candidata del PNV a diputada general de Gipuzkoa tomando el relevo a Markel Olano.

EH Bildu se ha adelantado cronológicamente en la decisión optando por Maddalen Iriarte y ello ha aumentado las dudas en la formación jelkide, puesto que tanto por trayectoria como por perfil supone una seria amenaza para repetir victoria en el herrialde. El Sociómetro de Gipuzkoa y el EiTB Focus publicados antes del verano corroboraban que la pugna entre ambas fuerzas sigue muy reñida, con una horquilla de entre solo dos y cuatro puntos de distancia para el PNV.

En esta tesitura, desde Sabin Etxea se considera reforzada la necesidad de una candidata de primer nivel que pueda igualar la figura de Iriarte y sobre la mesa aparece un único nombre con estas características: Arantxa Tapia Otaegi. Sin embargo, preocupan las consecuencias colaterales e incluso el efecto bumerán de esta apuesta, con lo que la decisión se está demorando.

En lo más inmediato y evidente, sacar del Gobierno Urkullu a la multipresente Tapia se entiende en sectores del PNV como una señal peligrosa para el electorado. Recién iniciado un curso en el que el frente económico y el de transición ecológica tendrán prioridad absoluta, temen que no sea fácil explicar un relevo en ese área por razones básicamente de partido.

Hay que recordar que, según el propio Ejecutivo de Lakua, Tapia acapara ahora la gestión de cinco de los diez grandes retos marcados por Urkullu para esta legislatura 2020-24: reducir el paro por debajo del 10%, superar el 40% del PIB en industria y servicios avanzados, lograr la convergencia en I+D con la media europea, reducir en un 30% la emisión de gases de efecto invernadero y conseguir que la cuota de energías renovables represente el 20% del consumo final.

En un contexto en que el consejero Azpiazu acaba de rebajar las previsiones de crecimiento para 2023 a la mitad y que hay que tomar decisiones trascendentales en el ámbito energético, derivar a Tapia a Gipuzkoa se asemeja a intentar cambiar de caballo en plena carrera.

Hay otra derivada más interna pero que acrecienta igualmente las dudas jeltzales. Tiene que ver con la implantación de Tapia en Gipuzkoa, en lo geográfico y en lo político. Empezando por lo primero, si bien inició su carrera política en las Juntas y fue diputada de Movilidad en Gipuzkoa, lleva más de una década haciendo labores alejadas del herrialde, primero como diputada en Madrid (2011) y después como consejera del Gobierno de Lakua (desde 2012 hasta ahora). Tapia es natural de Astigarraga y reside en Zumaia.

El segundo elemento, el puramente político, pesa más en los recelos. La figura de Tapia está alejada del perfil que ha predominado históricamente en el PNV de Gipuzkoa, en un reparto de papeles -las famosas dos almas– en que este herrialde muestra la cara independentista y Bizkaia la reduce a un soberanismo pálido, de autogobierno. A Tapia se la ubica sin duda más cerca de Urkullu (o de su antecesor Josu Jon Imaz) que de Joseba Egibar en este terreno. Como ejemplo, Markel Olano abogó esta semana en su último Pleno de Política General por «consolidar estructuras de Estado e institucionalizar el derecho a decidir», un discurso que no se ha escuchado hasta la fecha de boca de Tapia.

Para la confección de listas, las bases jeltzales están llamadas a refrendar las propuestas de la dirección o plantear otras personas candidatas, en un proceso que debería arrancar este octubre y concluir hacia finales de noviembre en cada herrialde. Ahí se vería si una candidatura de Tapia genera alta adhesión en Gipuzkoa o bien se considera que su perfil rompe los equilibrios tradicionales del partido o queda escaso para confrontar con el inequívocamente independentista de Maddalen Iriarte.

En la recámara jeltzale quedan para Gipuzkoa otras opciones: bien una figura del ámbito municipal (suena Olatz Peón, alcaldesa de Tolosa) o bien una continuación natural a través de alguien con trayectoria en Juntas y Diputación (Eider Mendoza es la mejor situada). Cada una ofrece sus pros y sus contras, pero en ambos casos seguro mucha menor referencialidad pública que la de Arantxa Tapia. La incógnita debería resolverse en pocos días, porque los tiempos empiezan a apretar.