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Rose Dugdale, la rica heredera inglesa que luchó por Irlanda

Rose Dugdale, voluntaria del IRA, falleció a los 83 años dejando un legado de lucha antiimperialista. Desde una infancia privilegiada, renunció a la comodidad para abrazar sus convicciones. «Irlanda ha perdido a una republicana comprometida y Sinn Féin, a una valiosa camarada», indicó Sinn Féin.

Rose Dugdale en una imagen de archivo. (NAIZ)

Antiimperialista, internacionalista, socialista, solidaria… Estos son algunos de los adjetivos que podrían describir a Rose Dugdale, la voluntaria del IRA y activista de Sinn Féin que falleció el 18 de marzo, a una semana de celebrar su 83 cumpleaños. Se fue en la privacidad de amigos y familia, a pesar de que siempre estuvo en el foco mediático. Ayer fue despedida y homenajeada.

Su vida podría describirse como de novela, ya que nació en el seno de una familia adinerada, pero no dudó en renunciar a una vida cómoda para luchar por sus convicciones. Recordaba una infancia «feliz y privilegiada».

Empezó su educación en una escuela privada, en la que se codeó con la aristocracia británica y, como era costumbre en esos tiempos, también viajó por Europa antes de su presentación en sociedad en un baile presidido por la reina Isabel II.

Para entonces, Dugdale había comenzado a renegar del destino que su clase social le exigía y decidió, con el apoyo de su madre Constance, estudiar en la universidad de Oxford. Se licenció en Filosofía, Economía y Política, y viajó a Massachusetts para obtener un máster en Filosofía.

Pese a que EEUU se hallaba sumido en las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, Dugdale admitió que «no me enteré de nada, porque la Universidad era un ghetto privado». Describió su experiencia universitaria en EEUU como «odiosa, de un esnobismo desproporcionado, donde el dinero lo era todo».

De vuelta en Inglaterra, Rose Dugdale obtuvo su doctorado en Economía por la Universidad de Londres, donde comenzó su labor lectiva a la vez que trabajaba en la elaboración de informes sobre la situación socioeconómica de países en vías de desarrollo. Eso le sirvió para lograr, al poco tiempo, un trabajo en el Ministerio de Desarrollo de Ultramar, a la vez que tomaba conciencia de la disparidad e injusticia de los procesos económicos.

Fue esa época en la que comenzó cierto activismo político y social, implicándose en movimientos estudiantiles, protestas contra la guerra de Vietnam y centros de ayuda social.

Precisamente su participación en las protestas contra la guerra de Vietnam le valió, en 1970, una invitación a Cuba, donde Fidel Castro reunió a activistas de todo el mundo para dar forma a un movimiento global.

Domingo Sangriento

Dugdale no tardó en relacionar las injusticias globales con las «locales», particularmente en el norte de Irlanda, donde, en esos momentos, los nacionalistas vivían bajo un Gobierno sectario que les negaba derechos básicos. El Domingo Sangriento fue el acicate que la empujó de un activismo meramente político a la lucha armada.

Para entonces, ya había pasado por los juzgados por un robo en el domicilio paterno y había donado toda su herencia familiar a movimientos sociales y políticos.

En enero de 1974, Dugdale y el que sería el padre de su hijo, Eddie Gallagher, secuestraron un helicóptero con la intención de arrojar explosivos sobre una base de la Policía norirlandesa. Aunque no pudieron culminar la acción, Dugdale consideró que «se logró el objetivo de mostrar al Ejército que no estaba seguro ni por aire». En abril del mismo año, ambos participaron en el robo de 19 cuadros de artistas como Vermeer, Goya, Velázquez, Rubens, Hals y Gainsborough en Russborough House, residencia del exdiputado conservador británico Alfred Beit.

Días después, Rose Dugdale fue detenida con las obras de arte, juzgada y sentenciada a nueve años de cárcel, de los que cumplió siete. Durante su cautiverio nació su hijo Ruairi mientras ella permanecia esposada a la cama de su celda.

A su salida de prisión, regresó a su activismo político. Junto a su compañero Jim Monaghan, inició un curso de educación política para activistas de Sinn Féin. Era fácil encontrarla en reuniones, eventos y manifestaciones del movimiento republicano, contra el racismo, en apoyo al colectivo LGTBIQ+, con las comunidades contra el tráfico de drogas, en apoyo a los movimientos sociales y políticos alrededor del mundo, incluyendo Euskal Herria, que tuvo la oportunidad de visitar a principios de este siglo.

Tras su fallecimiento, Sinn Féin escribió en su cuenta de Twitter: «Rose era una republicana comprometida e inquebrantable en sus creencias. Irlanda ha perdido hoy a una republicana y activista comprometida y Sinn Féin, a una valiosa camarada».

Los que la conocieron la recordarán por su generosidad, su humor y su inteligencia.