CDU y SPD sondean un bipartito sobre un paisaje político movedizo
El sistema político alemán ha evitado mayores problemas a la hora de formar un Gobierno nacional al quedar dos partidos fuera del hemiciclo. Aún así, la CDU empieza ya a abrir el camino hacia la Cancillería, pero con su líder zigzagueando y un SPD en sus límites.
Los principales partidos políticos han caracterizado su reciente campaña electoral con la divisa «cada uno por sí solo y con nadie» aunque los sondeos venían avisando a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Friedrich Merz que iba a necesitar un caso, en el mejor de los casos, o dos, en el peor, para regresar a la Cancillería tras algo más de tres años en la oposición. Aún así, su líder quemó los puentes con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) y los Verdes ecologistas. Al mismo tiempo reavivó provisionalmente el cortafuegos que tres semanas antes había desactivado permitiendo que dos iniciativas parlamentarias contra las personas migrantes progresaran con los votos de la neofascista Alternativa para Alemania (AfD).
Pocos días después de los comicios del 23 de febrero, la CDU y su hermana regionalista, la bávara Unión Social Cristiana (CSU), sondean con la tercera fuerza política, el SPD, si hay una base para negociar un bipartito. Tanto Merz como el presidente del SPD, Lars Klingbeil tienen en común que el resultado obtenido es malo. El 28% de la CDU solo mejoró cuatro puntos su peor marca, la de 2021; para el SPD, el 16% es el peor logrado en su centenaria historia. Ambos políticos deberían reflexionar y rendir cuentas en vez de hablar sobre una coalición.
Klingbeil, por contra, acumula más poder al asumir la dirección del grupo parlamentario. «Seguiré dando la lata», anunció. De los análisis del instituto Infratest Dimap se deduce que su partido necesita una reforma. El 55% de los encuestados piensa que el SPD se preocupa más por las personas que necesitan la ayuda del Estado que por aquellos que trabajan duro. El 53% opina que debe pasar a la oposición.
Por eso, 1,7 millones de votos se fueron a la CDU; 720.000, a la AfD; 560.000, al Linke; y 440.000, a la BSW, la escisión de este último. Solo atrajo 120.000 votos del Partido Liberal Democrático (FDP) y 250.000 abstencionistas.
De este último grupo, la AfD logró activar 1,8 millones votos, el doble que la CDU. Más de un millón de votantes del partido de Merz se pasaron a las filas de Alice Weidel que, así, ha consolidado su liderazgo entre los ultras homófobos pese a ser lesbiana. No obstante, y aunque con su 20% ha duplicado sus apoyos, la AfD lleva petrificada en las encuestas desde enero. Le beneficia no cometer errores porque no gobierna en ningún sitio. Ahora espera que las conversaciones de la CDU con el SPD fracasen.
Aunque Merz no ha dejado de prometer que no colaborará con Weidel, ha vuelto a hacer gala de su habitual zigzagueo político. Provocó el final del tripartito del canciller Olaf Scholz (SPD) al lograr que en 2023 la Corte Constitucional declarase inconstitucional el presupuesto de Estado. Desde entonces y en campaña se opone tajantemente a reformar el freno de la deuda pública. Esta semana, sin embargo, se ha dado cuenta que no podrá hacer frente a los nuevos gastos -por ejemplo, modernizar las FFAA y ayudar a Ucrania- sin más deuda. Para poder hacerlo necesita cambiar la Ley Fundamental y, por ende, dos tercios de los votos del Bundestag. Al no contar la CDU, el SPD y los Verdes con mayoría en el nuevo hemiciclo, los tres partidos barajan la posibilidad de hacer el cambio constitucional antes de que se constituya el Parlamento.
ESTE JUEGO POLÍTICO ES UNA BOFETADA A TODOS LOS VOTANTES
que valoraron el crecimiento económico la cuestión más importante (32%) por delante de la inmigración (21%) y, por eso, votaron a la CDU. El 90% de sus electores considera la situación económica como mala. Es un 7% más que la media de los encuestados.
En términos generales, el 68% de los alemanes piensa que «después de las elecciones generales no tendremos ningún Gobierno estable». Por lo tanto la CDU, pero también el SPD, se ven bajo la presión de mostrar lo contrario.
Las otras dos preocupaciones de la ciudadanía son (con el 65% cada una) que «la democracia y el Estado de derecho están en peligro» y que «nos encontramos a merced de Trump y Putin». Solo al 55% de los encuestados le preocupa que «lleguen demasiados extranjeros a Alemania».
Antes de avanzar, CDU y SPD quieren esperar a los resultados de los comicios regionales de Hamburgo que se celebran hoy. Hasta ahora, una Gran Coalición del mayoritario SPD con los Verdes ha gobernado la ciudad portuaria. Aunque los sondeos prevén que ambos socios podrían perder unos 7 puntos cada uno, quizás sea suficiente para continuar en el poder. A la CDU le falta un socio si el SPD no deja los Verdes. El partido Die Linke (La Izquierda) podría continuar su actual auge llegando a los 13 puntos, dos por delante de la AfD. El FDP y la BSW se quedarían fuera del Senado.