Rodríguez se adapta a Trump mientras Machado le rinde pleitesía
Washington y Caracas avanzan hacia una relación pragmática basada en el petróleo. Mientras Delcy Rodríguez gana centralidad como negociadora, María Corina Machado se exhibe ante los círculos conservadores estadounidenses sin lograr interesar a Trump y sus negocios.
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Trump sigue moviendo sus hilos y, a la vez que dicta los siguientes pasos de Venezuela y su petróleo, recibe por la puerta de atrás a su ya vasalla María Corina Machado y su —no se sabe de quién exactamente— premio Nobel. Mientras en Caracas, bajo una retórica de resistencia y soberanía, se liberan presos y se reforma la Ley de Hidrocarburos para cumplir con las exigencias estadounidenses, en Washington Machado se pliega al magnate y deja al descubierto su fallida estrategia mediática: el Nobel ocupa el centro del debate y sus aspiraciones al Palacio de Miraflores apenas son mencionadas.
Delcy Rodríguez defendió el miércoles ante la Asamblea Nacional la reforma parcial de la Ley Orgánica de Hidrocarburos como pieza central de su plan de «reconstrucción» tras el secuestro de Nicolás Maduro. Bajo una fuerte presión de inversores estadounidenses y supervisión financiera de Washington, la presidenta encargada pidió aprobar con urgencia el nuevo marco, diseñado para atraer capital extranjero hacia campos inactivos y sin infraestructura.
El proyecto mantiene el control estatal, pero flexibiliza el negocio petrolero al incorporar esquemas de la llamada ley antibloqueo y habilitar mayores flujos de inversión en nuevos yacimientos. Rodríguez anunció además dos fondos alimentados por los dólares del crudo: uno social, destinado a salarios y programas de protección, y otro para infraestructura y servicios básicos. En su intervención trató de combinar gestos de colaboración con EEUU con un discurso de soberanía. Además, y en un posible vaticinio de lo que sería la visita de Machado un día después, aseguró que, si debe viajar a Washington, lo hará «de pie, no arrastrada».
En la otra cara de la moneda, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, no dudó en mostrar la colaboración entre ambos Gobiernos y aseguró que Rodríguez y sus colaboradores «han sido extremadamente cooperadores. Hasta el momento, han cumplido con todas las demandas y solicitudes de Estados Unidos y del presidente, que le gusta lo que está viendo». Aunque sin saber a ciencia cierta cuáles son las exigencias cumplidas, la reunión que el pasado jueves tuvo lugar entre Rodríguez y el director de la CIA, John Ratcliffe, con la intención de «mejorar la relación de trabajo», parece evidenciar una comunicación constante y voluntad de colaboración por ambas partes.
VASALLA DEL TIRANO
Una sola foto, una publicación en Truth Social —la red social de Trump— y las declaraciones de Machado es todo lo que se sabe de la tan esperada reunión. Más allá del acto de vasallaje que protagonizó la opositora venezolana, el encuentro no hizo sino confirmar la posición de Trump respecto al liderazgo de Venezuela. Así, la portavoz de la Casa Blanca aseguró en una comparecencia, mientras se celebraba el encuentro, que el presidente de EEUU seguía dudando de la capacidad de Machado para suceder a Maduro: «Es una postura realista y no ha cambiado».
Aun así, Machado no ha dudado en sacarle a su gira por EEUU todo el jugo posible y este viernes acudió a la sede de «The Heritage Foundation» en Washington. Allí declaró sin ambages que «Venezuela será el mejor aliado que nunca ha tenido EEUU en América». Por si fuera poco, trató una vez más de alimentar la narrativa en torno al narcotráfico que incluso el juzgado encargado de enjuiciar a Maduro retiró de la acusación: «Esto no tiene que ver con Delcy y conmigo. Esto es una elección entre un cartel y la justicia».
La elección del lugar para su primera comparecencia tras la reunión del jueves es, cuanto menos, reveladora. «The Heritage Foundation» es una organización cercana a la Administración Trump e impulsora de políticas conservadoras en EEUU. Fue este laboratorio de ideas el encargado de redactar el «Proyecto 2025» para el presidente, uno de los ejes vertebradores de su primer año de mandato.
Así, el tablero parece ordenarse cada vez menos por la confrontación ideológica y más por la utilidad política y económica. Trump actúa como árbitro y beneficiario, mientras en Caracas se ajustan leyes y gestos para garantizar oxígeno financiero y margen de maniobra. La oposición, lejos de capitalizar el momento, aparece subordinada a una agenda ajena, centrada en la imagen y el favor externo pero inútil para postularse como posible líder del país.
Con la incertidumbre aún como mínimo denominador común, el futuro de Venezuela sigue por determinarse. Sin embargo, los movimientos recientes sugieren que, al menos por ahora, Washington ha optado por una interlocución pragmática. Delcy Rodríguez es la encargada de gestionar el vínculo mientras Machado queda relegada a un papel secundario, útil como símbolo, pero totalmente prescindible como proyecto.