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EEUU y Europa presionan a Irán mientras la región teme una guerra

La presión militar de EEUU sobre Irán vuelve a situar a Oriente Próximo al borde de una escalada mayor. Más allá del discurso nuclear, los intereses estratégicos enfrentados y la red de alianzas hacen que un acuerdo sea hoy una salida difícil de imaginar. 

Un viandante camina por Teherán con imágenes simbólicas de la instalación nuclear de Natanz al fondo. (Morteza NIKOUBAZL | AFP)

Lejos queda ya la preocupación estadounidense por la opresión del régimen de los ayatolás contra los manifestantes o la salud democrática del territorio y las instituciones persas. A Donald Trump no le hace falta esconderse detrás de enrevesadas excusas y falsas justificaciones para explicar al mundo por qué en las últimas semanas ha desplegado en el Golfo Pérsico y sus alrededores buques y destructores con los cañones dirigidos hacia Teherán.

«Esperemos que Irán se siente rápidamente a la mesa y negocie un acuerdo justo y equitativo –SIN ARMAS NUCLEARES– que sea bueno para todas las partes. El tiempo se acaba, ¡es realmente esencial!», escribía el magnate en Truth Social. Desde que en 1979 el sah Mohammad Reza Pahlevi cayera y la Revolución Islámica irrumpiera en el escenario global, la preocupación de EEUU en torno al enriquecimiento de uranio que el régimen de los ayatolás asegura utilizar con «fines civiles» ha sido constante. Tras el acuerdo alcanzado en 2015 por la Administración Obama, durante su primer mandato, Trump decidió poner fin a un pacto en el que, según él, «EEUU estaba siendo engañado».

Eso sí, no son las armas nucleares lo único por lo que el portaviones Abraham Lincoln y los tres buques que lo escoltan surcan desde hace días las costas iraníes. Además de ser cabecilla del llamado «eje de la resistencia» –del cual forman parte Hizbulah, Hamas o los huthíes– Irán mantiene estrechas relaciones tanto con Rusia como con China. Mientras el gigante asiático importa alrededor del 80% del crudo iraní y proyecta utilizar algunos de sus puertos como parte de la Nueva Ruta de la Seda, Moscú ha sido un aliado clave para que Teherán sortee las sanciones estadounidenses mediante la compraventa de material militar. Las amenazas, que podrían culminar en un ataque, buscan así debilitar a un actor esencial para los dos grandes rivales de Washington.

Europa toma parte

La Unión Europea tampoco ha querido quedarse fuera de la ecuación. «La represión no puede quedar sin respuesta», afirmó la alta representante de la UE para Política Exterior, Kaja Kallas, después de que los ministros de Exteriores alcanzaran un acuerdo político para designar a la Guardia Revolucionaria, el ejército paralelo de los ayatolás como organización «terrorista». Aunque las cifras varían –Teherán reconoce más de 3.000 muertos y la ONU eleva la estimación hasta 20.000–, Bruselas combina sanciones y condenas diplomáticas con un rechazo explícito a una intervención militar directa.

El choque entre EEUU e Irán responde a objetivos difícilmente compatibles. Washington exige límites estrictos y verificables al programa nuclear y un freno a la influencia regional iraní, y Teherán reclama el levantamiento total de sanciones y garantías de seguridad. La desconfianza acumulada, las presiones internas y el tablero geopolítico hacen que, incluso sentados a la misma mesa, el acuerdo siga siendo una meta lejana.