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PANORAMIKA

Legado

Una de las obras de la exposición «George Baselitz. Algo en todo», que recoge la producción del artista alemán realizada entre 2014 y 2025, y se puede ver en el Museo de Bellas Artes de Bilbo. (Oskar Matxin Edesa | FOKU)

La arquitectura fue considerada una de las grandes artes y, aun hoy, en ocasiones se desarrolla en una línea difusa de identificar. Muchos son los nombres que firman diseños de espacios manteniendo un halo semejante al de la creación artística. La planificación de grandes proyectos arquitectónicos ha servido para dotar a las ciudades de cierto estatus pues, en ocasiones, sirven como puntos de interés turístico y cultural, aportando valor al entorno donde se ubican. Pero quizás haya una cuestión que la arquitectura no puede dejar de lado, y es que al final del camino todo adquiere sentido cuando se habita. Los diseños espaciales poseen diferentes funciones y garantizar que lo que debe suceder en ellos tiene todas las necesidades cubiertas, debe ser, entre otras, su razón de ser.

El Museo de Bellas Artes de Bilbo está de enhorabuena. Tras un proceso de renovación, se inauguró el pasado octubre su nuevo edificio y ya queda menos para la finalización del proceso de restauración del edificio antiguo que está prevista para este 2026. Un nuevo paisaje sirve como aire renovado para la ciudad donde se sitúa una de las instituciones artísticas más relevantes del Estado. Con motivo de esta nueva imagen, la pinacoteca vizcaina presentó, entre otros programas, la exposición que protagoniza nuestro artículo de hoy. En otoño pasado se inauguró “George Baselitz. Algo en todo”. La exposición propone un recorrido por la producción del artista alemán nacido en 1938, llevada a cabo entre el año 2014 y el 2025.

Particularmente interesante esta muestra, pues podemos acceder a piezas de reciente creación de un longevo artista al que también pudimos ver en el año 2017 en el Museo Guggenheim de la capital de Bizkaia. Baselitz pertenece a una generación que despuntó en los años sesenta y cuya obra ha sido entendida como nuevo expresionismo. Sus pinturas, plagadas de gesto y energía, cabalgan entre una figuración dramática que juega con tendencias abstractas, rupturas de planos de color y pinceladas violentas.

El trabajo comisarial de Norman Rosenthal se presenta a través de una selección de casi cincuenta trabajos. Una vez dentro del espacio, es apabullante el gran formato de las piezas. Las grandes dimensiones de las telas ayudan a crear una sensación de sobrecogimiento causada por imponentes figuras volteadas y cuerpos construidos con gran presencia matérica y potencia cromática. Parece subyacer una atmósfera decadente, una visión que se acerca a los abismos de quien se ve en la última fase vital pero que, sin embargo, no abandona la pulsión de seguir creando. La pintura es aquí un gesto radical. Un acto de pertenencia a un mundo propio y se convierte en depositaria de un legado que merece la pena conocer. La muestra podrá visitarse hasta principios del próximo mes de marzo.