MAR. 15 2026 ARKITEKTURA Abrir el pasaje urbano Antiguas naves industriales pueden tener una nueva y larga vida tal y como demuestran proyectos como el realizado por H Arquitectes, que en Terrassa llevó a cabo la transformación de dos viejas naves del complejo del Vapor Cortès en la nueva sede de Prodis. El resultado está a la vista en estas páginas. Exterior e interior de la nueva sede de Prodis, ubicada en la ciudad catalana de Terrassa, tras la transformación en 2024. (Adrià Goula) Francisca Gual Ors {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} La rehabilitación de antiguas arquitecturas industriales plantea cómo actualizar su potencial sin neutralizar la memoria que las sostiene. Las naves en desuso, de lógica repetitiva y cierta crudeza material, no son simples contenedores vaciados de función, sino sistemas abiertos preparados para alojar nuevas vidas. Intervenir en ellas exige reconocer su genética estructural, aceptar sus cicatrices y activar, desde ahí, un futuro posible. En Terrassa, ciudad de vapores y telares, la nueva sede de Prodis (Prodiscapacitats Fundació Privada Terrassenca) ha recuperado dos antiguas naves del conjunto del Vapor Cortès. Sus muros de carga de ladrillo sostienen una cubierta de cerchas de madera que el tiempo había erosionado. Entre ambas, una calle de servicio progresivamente colonizada por añadidos metálicos y bóvedas cerámicas había diluido la claridad original del esquema en peine: nave, calle, nave. Sin embargo, era precisamente esa estructura urbana y su imperfecta acumulación histórica lo que otorgaba sentido al conjunto. El proyecto, firmado por H Arquitectes y finalizado en 2024, asume esa condición como punto de partida. La transformación institucional de Prodis, cada vez más orientada a abrirse a la ciudad y a fomentar una interacción directa entre usuarios y ciudadanía, encuentra su correlato espacial en la recuperación del pasaje central. Se vacían forjados y cubierta del cuerpo intermedio, conservando fachadas y vigas estabilizadoras, y el antiguo volumen se convierte en una calle peatonal interior al aire libre. No es un vestíbulo ni un patio: es un fragmento de ciudad infiltrado en la fábrica, un espacio compartido que disuelve límites y propicia encuentros. En el extremo donde la topografía fractura la continuidad, un graderío absorbe el desnivel y amplía la condición urbana del pasaje. La escalera propicia que el tránsito se convierta en estancia, y la circulación, en acontecimiento, convirtiéndola en mediadora social. A ambos lados, las naves originales alojan talleres, aulas, cocina y comedor, junto a piezas más cerradas de servicio organizadas según distintos grados de autonomía de los usuarios. La necesidad de subdividir sin condicionar la amplitud lleva a reforzar las cerchas existentes con nuevas jácenas transversales. El sistema unidireccional deviene bidireccional: las nuevas vigas reducen luces, descargan esfuerzos y permiten conservar la madera original. En los cruces estructurales emergen cajas opacas que absorben cargas y concentran programas cerrados. Sobre ellas, varios lucernarios introducen luz cenital que dota de mayor calidez los espacios principales. La nueva cubierta mantiene la teja como piel exterior, pero incorpora soluciones más ligeras y eficientes que garantizan aislamiento térmico y absorción acústica. En fachada, se recupera el ritmo de llenos y vacíos, se revelan transformaciones previas y se integran muros trombe en aquellos huecos que ya no requieren ventana, activando un comportamiento pasivo basado en inercia, ventilación natural y protección solar. El resultado es un equilibrio entre gravedad y porosidad, articulando una secuencia de espacios encadenados que permite percibir la escala industrial y, al mismo tiempo, habitar rincones domésticos. El mayor logro de esta intervención quizá sea entender que rehabilitar no consiste en borrar el tiempo, sino en intensificarlo. En un momento en que tantas periferias industriales aguardan, experiencias como esta señalan la necesidad de convertir la memoria material en infraestructura cívica. Allí donde hubo producción y una vieja nave, hoy hay comunidad, haciendo de la imperfección un valor y de la técnica una aliada.