MAR. 29 2026 IRITZIA Miedos David Fernàndez {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Sostiene la penúltima demoscopia, a propósito de la sociedad atravesada por la incertidumbre, la duda y el cansancio, que hay más miedo a no poder pagar el alquiler o la hipoteca que a morirse. La mitad teme una guerra mundial y el 80% constata que la democracia retrocede a marchas forzadas. A marchas militaristas, también. Paradójicamente, una encuesta sobre el miedo nos deja más tranquilos, en la medida que las zozobras son de un apabullante sentido común, de puro pulso vital y de clara conciencia de retroceso. El miedo a no poder pagar el derecho a techo solo quedaría superado por las nulas ganas de padecer una enfermedad grave, la ausencia definitiva de alguna persona estimada o la ansiedad de un salario que solo llegase hasta mitad de mes. Miedos razonados, racionales y algo más que razonables. Ojalá tuviéramos, en perspectiva internacionalista, encuestas similares sobre miedos cotidianos realizadas en Beirut, Gaza, Alepo, Kobane o Teherán. Nos daría una imagen global del mundo a temblores tal y como es. Afirma la flamante Fiscalía de memoria democrática de Barcelona, en novísima resolución, que no cabe duda alguna de que la militante independentista Blanca Serra, referente y referencia de la izquierda catalana más libre, fue víctima de torturas en la comisaría de Via Laietana, así en dictadura como en transición. Lo paradójico es que, mientras sostiene en papel oficial esa afirmación categórica, decide archivar la causa por la imposibilidad de identificar a los autores materiales. Normal: la mismísima Fiscalía no ha practicado ni una sola diligencia para tratar de identificar a los torturadores. Así, cualquiera. Es más que previsible que, si no buscas, no encuentras. Y que, si ni tan solo lo intentas, contribuyes olímpicamente al miedo democrático de que la impunidad del franquismo continúe intacta, que es el motivo -aparente, formal, publicitado- por el cual nació la determinada Fiscalía. Proclama Silvio Rodríguez, con toda la razón del mundo, que exige el derecho a la autodefensa si Estados Unidos osa volver a imponer sus botas en la isla. El larguísimo bloqueo criminal contra Cuba, que se arrastra 60 años ha, da para muchas comparaciones elocuentes sobre cinismo e hipocresía en geopolítica si lo comparamos con el bélico bloqueo del estrecho de Ormuz de las últimas semanas funestas. No deja de dar miedo contemporáneo esa constante histórica que resuelve que cada vez que el imperio invoca la democracia para “liberar” algún país, siempre acaban encontrando petróleo, así en Venezuela como en Irán. Las causalidades del pánico aclaran que en política internacional no hay casualidades y, si las hay, han sido perfectamente planificadas al por mayor. Como para no tener miedos -racionales, razonables, razonados- y como para no armar medios -democráticos, sociales y culturales- para explicarlos, combatirlos y revertirlos. El miedo a no poder pagar el derecho a techo solo quedaría superado por las nulas ganas de padecer una enfermedad grave, la ausencia definitiva de alguna persona estimada o la ansiedad de un salario que solo llegase hasta mitad de mes. Miedos razonados, racionales y algo más que razonables