7K - zazpika astekaria
IRITZIA

De Korrika a Correllengua


Casi dos décadas después de la primera vez -todo gesto cuenta, cada paso suma, nada es nunca en vano-, habrá que escribir que qué gozada -alegría, esperanza, futuro- ver de nuevo la Korrika recorriendo las calles de los barrios de Barcelona. Más gente, más joven, más diversa y corriendo más juntos que nunca. Como el pasado siempre ampara y todo refugio comunal protege, emocionaba el relevo y la parada ante Can Vies, icono de la resistencia okupa en la ciudad de los prodigios. Emocionaba la parada y la pancarta de bienvenida: “Des de Sants a Euskal Herria, en lluita cada dia. Ongi etorri Korrika”. Aquel era el último tramo antes de llegar en kalejira al enorme espacio comunitario y cooperativo de Can Batlló, luchado y recuperado tras años de tozuda lucha vecinal y que acogía en catalán el carnaval del euskara.

Que siempre andaremos a la carrera ya lo sabíamos. Pueblo a pueblo, la maratón continúa. Enseguida arrancará el Correllengua Agermanat, la carrera catalana que recorrerá de punta a punta los Països Catalans del 19 de abril al 5 de mayo. No sobra ningún motivo ni falta una sola razón para hacerlo así. El binomio PP-Vox en el País Valencià y en les Illes Balears anticipa pasados; mientras la ultraderecha rampante en Perpinyà reseca la nuez de la garganta. En València, se batalla absurdamente contra la tilde y se proscriben en las aulas los autores y autoras catalanas, por mucho que la RAE siga afirmando que el valenciano es «una variedad del catalán». Inasequibles al desaliento, en las islas se devalúan los requisitos en la administración pública, aunque fracasen estrepitosamente en la educación: solo el 5% del alumnado ha optado por su plan de segregación lingüística. En la Catalunya Nord, el arrinconamiento estructural se acelera con el auge de los de Le Pen. Unos y otros, en esa brutal negación que rima con persecución, son paradójicamente los que más ponen los Països Catalans en el mapa. Entre la pared borbónica y la espada jacobina, como certificara hace mucho el historiador Josep Termes, «somos un milagro». Aún y todavía.

Habrá que continuar corriendo la carrera, qué duda cabe. Una carrera, sin duda, de obstáculos múltiples, trampas históricas e inquisiciones pretéritas. En Catalunya, la brunete lingüística judicial ha vuelto a martillear por enésima vez contra la lengua. Y marzo ha revelado, regreso a la regresión, las trabas estúpidas a las peticiones de catalanización de nombres o apellidos en el registro civil. En medio de la globalización digital y ante un Estado obsesionado neuróticamente con sus símbolos, habrá que sacarles la lengua siempre. Porque, al fin y al cabo, la máxima vasca de Artze sirve en todas partes y se puede declinar en todas las lenguas del mundo: «Hizkuntza bat ez da galtzen ez dakitenek ikasten ez dutelako, dakitenek hitz egiten ez dutelako baizik».