JUN. 07 2026 ZINEMA Érase una vez una casa con globos La quinta entrega de la saga «Toy Story» llegará a los cines el próximo 19 de junio. (Michael Tullberg | Getty Images) Gaizka Izagirre {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Tras la adquisición de Pixar por parte de Disney en 2006, además de producirse un movimiento financiero de gran calado, se produjo un auténtico trasvase de cultura creativa. La casa de Mickey, que venía algo desorientada tras el cambio de siglo, encontró en su antiguo socio una forma distinta de contar historias. La influencia de Pixar, con John Lasseter al timón, trajo consigo una cultura de autocrítica constante, reuniones eternas y esa obsesión casi enfermiza para que cada historia funcione de verdad. A pesar de compartir techo desde entonces, Pixar y Disney continúan operando como entidades creativas independientes. Cada estudio conserva su equipo, sus procesos y su identidad. Pixar sigue apostando por relatos originales con una fuerte carga emocional, mientras que Disney mantiene su vínculo con la tradición aunque adaptado a sensibilidades contemporáneas. Son como dos compañeros de piso que se llevan bien pero no se tocan la nevera. Cada estudio mantiene su equipo, sus manías y su identidad. Para que me entiendan: “Frozen” pertenece al universo Disney, mientras que “Coco” lleva el sello inconfundible de Pixar. En conjunto, esta etapa ha estado marcada por un interés creciente en explorar la complejidad emocional y las relaciones humanas. Historias que convierten sentimientos abstractos en narrativas accesibles, capaces de interpelar tanto a niños como a adultos. Obras como “Up”, “WALL·E” o “Toy Story 3” son hitos de esta sensibilidad, combinando innovación técnica con una profundidad poco habitual en el cine de animación comercial. Otros títulos como “Ratatouille”, “Del revés” “Luca”, “Hoppers” o “Coco” han mantenido ese nivel, aunque se sitúan ligeramente por debajo de aquellas cumbres. Ahora bien, con el paso del tiempo, también ha emergido cierta percepción de desgaste ya que han recurrido con mayor frecuencia a secuelas y fórmulas conocidas. Esa sensación de riesgo creativo que definía a Pixar en sus inicios parece haberse suavizado en favor de apuestas más conservadoras y el calendario no ayuda a disimularlo: “Frozen 3”, “Los Increíbles 3”, “Coco 2” y, por supuesto, “Toy Story 5”, que llegará a los cines el 19 de junio. El emocionante final de “Toy Story 3” cerraba la saga de una manera brillante, pero parece que para Pixar no fue suficiente. Esto no significa que la calidad haya desaparecido, ni mucho menos. Pero sí deja un regusto a nostalgia por aquella época en la que cada estreno era una pequeña sorpresa. Una casa volando con globos, un robot enamorado entre basura o juguetes enfrentándose a su propio sentido de la existencia. Esa sensación de estar viendo algo realmente nuevo, casi mágico, es la que ahora cuesta un poco más encontrar, aunque seguiremos entrando al cine con la esperanza de que, en cualquier momento, vuelva a aparecer.