7K - zazpika astekaria
LITERATURA

La historia invisible


Eos grandes relatos históricos solo aceptan en su reparto a héroes o víctimas, el amplio espectro que entre esas dos categorías existe está condenado a la extinción o a una pobre nota a pie de página. Eso es lo que fueron el militar portugués Henrique Galvão, el poeta gallego Pepe Velo y un enigmático Jorge de Sotomayor, líderes de una insubordinación que, con el secuestro en 1961 del trasatlántico Santa María, pretendían derrocar las dos dictaduras existentes en la Península Ibérica, la de Salazar y la de Franco. Unos hechos que el autor portugalujo investiga y recoge en una novela que no es tanto, o no en su totalidad, un intento de saldar cuentas con ese anonimato, sino el retrato de aquellas personas que, inevitablemente, al cruzar el umbral de la literatura, se convierten en personajes.

Al igual que Rodolfo Wash puso en marcha su imprescindible “Operación masacre” tras el chivatazo recibido en una cantina, Carnero es receptor casual de este acontecimiento para poner rumbo a desenmarañar, o al menos intentar, lo acontecido en ese breve y marítimo paréntesis revolucionario que, al igual que todos los intentos de sublevación, se conjuga entre disyuntivas morales y sobre todo factores individuales que siempre acaban brotando en cualquier ejercicio colectivo, porque incluso pretender alterar el rumbo de los acontecimientos, en mayúsculas, es una cuestión moldeada por los instintos personales.

A medio camino entre la fábula quijotesca, la parcial veracidad de Javier Cercas, la elegía cotidiana de Joseph Conrad y el trazo trepidante de Jonh Le Carré, “Los fabuladores” logra converger exitosa en todos esos ámbitos, y las múltiples lecturas que de ellos se desprenden, gracias a las aptitudes de un escritor que no aborta su misión cuando aquel utópico plan se desvanece. Ya que estas páginas son, además del relato de ese sueño imposible, la biografía de quienes perdieron la oportunidad de ser recordados para la eternidad y terminaron absorbidos por la rutina.

Puede que para algunos se trate solo de unos ilusos, otros, los que otorgan el don de la infalibilidad a los medios de comunicación, los visualizará como peligrosos “piratas”, pero lo único cierto es que aquí son convertidos en individuos que una vez soñaron, y es cierto, perdieron. Pero eso es mucho más de lo que podrá decir la mayoría, y es que seguimos, igual que entonces, necesitados de barcos cargados de una épica ingenuidad dispuesta a vivir el presente aun sabiendo que, probablemente, en el futuro nadie hablará de ellos.