AUG. 02 2026 IRUDITAN Y la Luna dio la razón a Galileo Galilei (The Print Collector - Print Collector Getty Images) Mañel Larena {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} El 2 de agosto de 1971, el comandante de la misión Apolo 15, David Scott, sostuvo un martillo geológico y una pluma de halcón, los soltó juntos y los dejó caer sobre la superficie lunar. En las imágenes de televisión, ambos objetos impactaron contra el suelo simultáneamente. En la Tierra, el martillo toca el suelo primero. La pluma se desvía, gira, disminuye su velocidad y llega más tarde. La diferencia es fácil de malinterpretar, porque es el aire lo que hace que las dos caídas parezcan tan distintas. El martillo es atraído por la Luna con más fuerza que la pluma. Pero él también tiene más masa, lo que significa que requiere más fuerza para acelerar. La pluma tiene una menor atracción gravitatoria, pero requiere menos fuerza para acelerar. En ausencia de una resistencia del aire significativa, ambos aceleran al mismo ritmo. Por eso, esta demostración se vinculó con Galileo Galilei. No fue un descubrimiento de 1971. Fue una versión televisada, en la Luna, de su argumento contra la suposición común de que el peso por sí solo determina la velocidad de caída. La demostración del Apolo 15 eliminó esa confusión: los objetos pesados no caen más rápido simplemente por ser pesados. A menudo llegan primero al suelo porque se desplazan por el aire de forma diferente. La Luna, haciendo que la pluma dejara de ser una pluma, dio así la razón a Galilei.