7K - zazpika astekaria
PSICOLOGÍA

Lesiones crónicas

(Getty Images)

Cuando la vida nos somete a reveses inesperados, durante un tiempo, el flujo de nuestra energía y recursos mentales, de nuestras emociones, orbitan en torno a ese impacto en las expectativas. De forma similar a como la inflamación, acumulando líquidos en torno a una lesión para inmovilizar la zona y favorecer su curación, la mente hace algo similar. Nos “llenamos” de pensamientos al respecto, acumulamos sentimientos y atención sobre ese impacto y, solo después de un tiempo, una vez que esa lesión está suficientemente curada, podemos empezar a movernos de nuevo.

Dicen que el tiempo lo cura todo, pero no es exactamente así cuando de lo que hablamos es de lo que nos ha hecho daño psicológicamente. El tiempo de parón nos permite dedicarnos a lo que está dañado con atención e intención, dejar que otros nos ayuden, distraernos para seguir moviéndonos y mirar fuera, a pesar de todo, y, poco a poco, acumular nuevas experiencias o esperanzas. Esto puede suceder con esa atención o intención determinada pero también sin ella. Cuando las personas tenemos suficiente confianza en la vida, los demás o nosotros mismos, nosotras mismas, quizá la “inflamación” dure menos porque somos más permeables a las influencias sanas de nuestro entorno o de otras partes de nosotros, de nosotras. Entonces quizá no necesitemos tanta atención a aquello que nos hace estar bien, nos sale solo. Sin embargo, cuando las personas que sufren el revés tienen menos hábito de volcarse hacia los aspectos potencialmente positivos de su vida, quizá ese tiempo de convalecencia necesite mayor intención, mayor voluntad y sí, un cierto grado de fe en que las cosas irán bien, que también esto pasará.

Sin embargo, es cierto que algunas lesiones nos dejan huella, nos limitan hacia adelante, nos cambian. En cuanto a una lesión física, con razón o sin ella, quizá decidimos que no vamos a volver a correr, que no jugaremos con tanta intensidad a pala, que las caminatas al monte no serán ya tan largas. Pero, en cuanto a las lesiones psicológicas, durante el parón también corremos el riesgo o bien de renunciar demasiado prematuramente a nuestra “movilidad”, a nuestro potencial para estar bien, o bien podemos tratar de trabajar sobre la lesión con demasiado ahínco, demasiado rápidamente o sin darnos tiempo a que esa “inflamación” simbólica descienda. Por esa razón es mejor no tomar decisiones importantes si estamos recién doloridos, porque no sabemos aún el potencial de recuperación -y también de crecimiento- que nuestro propio sistema inmune psicológico es capaz de desplegar.

Para evitar la cronicidad de las “lesiones” psicológicas es importante no dejar de moverse, aunque sea poco, no dejar de relacionarnos, de hacer nuestras actividades, pero también respetar el dolor, permitirnos no hacer hoy, pero hacer mañana. Quizá se resumiría en eso: no renunciar al mañana.