SEP. 13 2026 TENDENCIAS Fragments Becoming https://www.studiobooboon.com Leticia Orue {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Hay una inteligencia silenciosa en trabajar con restos: no la de “aprovechar” por conciencia, sino la de mirar un taller y ver un catálogo. Fragments Becoming parte de madera sobrante -retales, piezas pequeñas, cortes imperfectos- y los trata como materia prima de verdad, no como excusa. El resultado no parece un collage de sobras: parece un sistema. Lo que aporta valor aquí es el criterio. La gracia está en cómo se ordenan las vetas, cómo se emparejan densidades y tonos, y cómo se resuelven las uniones para que la pieza no se lea frágil ni “DIY”. En este tipo de mobiliario, el material manda: si el ensamblaje está bien pensado (encajes, colas, prensado, lijado fino) y el acabado es honesto, la irregularidad deja de ser defecto y se convierte en firma. Es diseño con memoria de taller: cada fragmento trae su historia, pero la pieza final no vive del relato; vive de su presencia, de su peso visual y de la sensación de que va a durar. https://byunggwonna.com/ALIT Alit Alit tiene esa mezcla rara de objeto cálido y objeto preciso. La cerámica aporta cuerpo -una presencia casi doméstica- y la madera hace de puente: suaviza, humaniza y evita que la lámpara se quede en “pieza de galería”. Es una combinación clásica, pero aquí está tratada con una limpieza muy contemporánea. En iluminación, el material no es decoración: es comportamiento. La cerámica absorbe y refleja de manera distinta, la madera envejece, y la unión entre ambos define el carácter del conjunto. Lo bonito de Alit es que no busca el efecto, busca el equilibrio: proporciones contenidas, tacto y una luz que se entiende como atmósfera, no como foco. Es de esas lámparas que no compiten con el espacio, lo afinan. El tapiz como pieza de arte Durante años, el textil en pared ha sido “lo boho”, “lo cálido”, “lo artesanal”. Ahora está entrando por otra puerta: la del arte. El tapiz deja de ser un fondo amable y se convierte en protagonista, con escala, composición y una ambición material que compite con pintura y escultura. Lo interesante es que no se trata solo de colgar algo bonito. El tapiz introduce textura real -relieve, sombra, densidad- y cambia la acústica y la temperatura visual de una habitación. Y, sobre todo, trae un lenguaje de materiales que el cuadro no tiene: lana, lino, algodón, fibras vegetales, nudos, tramas, tintes. La pared se vuelve casi un paisaje táctil. Quizá por eso funciona tan bien en casas contemporáneas: porque añade complejidad sin añadir ruido. Es una pieza grande que no grita; ocupa, pero no invade. https://www.behr.com El color del año No solo Pantone juega a ponerle nombre al ánimo colectivo. Las grandes casas de pintura -como la americana Behr- pasan bastante en moto de lo que diga Pantone y publican sus propios colores del año, con una ventaja práctica: están pensados para pared, para luz real y para convivencia diaria. El de Behr se llama Grounded (T27-01) y va por la vía de lo terroso y contenido: un neutro cálido, entre beige y marrón suave, con ese punto “greige” que lo hace fácil de vivir. Lo eligen precisamente por eso, porque funciona como base, porque no cansa y porque deja que el resto del espacio -maderas, textiles, arte, plantas- tenga protagonismo. Es un color que ordena sin imponer. En pared, este tipo de neutros con profundidad se comportan bien con luz indirecta y con cambios de hora: no se vuelven amarillos de golpe ni se enfrían como un gris plano. Y, además, tienen una virtud doméstica: hacen que los materiales se vean mejor. https://www.valspar.com/en El otro color del año Si Behr tiene su color del año, Valspar no iba a ser menos. Su propuesta -Cottage Door 8004-38D- suena a nombre de catálogo, pero esa es parte de la gracia: el color como decisión doméstica, no como manifiesto. Este tipo de tonos funcionan porque tienen profundidad: no son “azul” sin más, son azules con un punto de gris, de verde o de humo que los hace habitables. En pared, eso se traduce en calma y en una sensación de espacio más pensado. En combinación con materiales naturales (madera clara, lino, cerámica mate) puede quedar editorial sin volverse frío. Al final, lo interesante de estos “colores del año” paralelos es que te recuerdan algo básico: el color no se mira, se vive.