7K - zazpika astekaria
LITERATURA

El fantasma de los recuerdos


Finiquitada ya la fascinante hibridación de géneros que supuso la saga protagonizada por el sangriento cuatrero John Dunbar, el escritor asturiano -afincado en la ciudad que comparte su apellido- regresa, aunque en verdad nunca lo dejó abandonado, a un formato, el de los relatos, que además recupera a través de un sesgo autobiográfico incluso más perceptible que en pasadas ocasiones. La casa familiar de Ribadesella, localización geográfica que le vio nacer, se comporta en la mayoría de las nueve historias que forman este libro como un ente del que emana un efecto llamada entre lo espectral y lo afectivo.

Ese territorio cotidiano, donde la realidad y la ciencia ficción se difuminan hasta el punto de generar su propio ecosistema, y que se ha convertido en firma autoral de Jon Bilbao, supone el paisaje, sobre todo con vistas al mar Cantábrico, pero también a la cárcel transoceánica en la que se ve inmerso un naviero durante la Guerra de los Seis Días, en la que se citan diferentes generaciones, épocas e incluso personajes provenientes de otras novelas. Un elenco que llega a superponerse en unas narraciones deslumbrantes en su ágil y profundo despliegue descriptivo. Una aptitud que, más allá de su valor estético, impulsa la naturaleza de unas páginas consistentemente alimentadas de un carácter visual que traslada un suspiro de turbación cada vez que posa su mirada en las grietas, cuevas o sótanos que aparecen entre sus imágenes.

Si los gritos, las presencias amenazantes y sus gestos ejercen de coro encargado de sembrar la zozobra en quienes son visitados por ellas, dicho eco misterioso no es sino la plasmación de episodios conjugados por las más comunes de las manifestaciones. Porque mucho más temible que cualquier espíritu dispuesto al insomnio colectivo resultan los episodios sembrados en pleno cainismo franquista, la violencia desatada por infames instintos o, sobre todo, las heridas arrastradas desde la infancia y las expectativas truncadas en la búsqueda de un sentido existencial, incluso para quienes lo rastrean entre avistamientos paranormales.

La casona de este libro, aunque con domicilio fijo, es una construcción hecha de infinitas habitaciones donde se aloja el rastro de esa magnífica literatura que, como es habitual, significa un placentero pero desasosegante encuentro con aquello que permanece callado. La memoria, como los recuerdos, son relatos casi siempre inacabados, y la necesaria fantasía con la que completarlos nunca resulta del todo inofensiva.