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LA SONRISA DEL ÉBOLA

La sonrisa del ébola

El brote del ébola parece remitir. Las imágenes de los sanitarios embutidos en trajes como de otro mundo ya no ocupan las portadas de los medios de comunicación. Pero en África Occidental la labor no ha terminado. La artista norteamericana Mary Beth Hefferman, conmocionada por las imágenes que llegaban de los centros de tratamiento de ébola, se empeñó en «poner rostro» a la tragedia. Viajó a Liberia, trabajó codo con codo con el personal sanitario y una sonrisa se instaló en el corazón de cada uno de llos.


El pasado mes de marzo se cumplía un año desde que la palabra “ébola” entrara a formar parte de nuestro vocabulario cotidiano. El paciente cero de este brote epidémico en África Occidental fue, según un informe publicado en el “New England Journal of Medicine”, un niño de dos años, que fallecería cuatro días después. Le seguirían su madre, su hermana de tres años y su abuela. Era diciembre de 2013. En Guinea. La enfermedad siguió propagándose en este país, pero todavía no tenía nombre. No sería hasta finales de marzo de 2014 cuando se identificaron las causas y conoceríamos la denominación del mortífero virus. Para entonces ya habían aparecido los primeros brotes en Sierra Leona y seguiría extendiéndose por Liberia, Nigeria y Senegal. La noticia saltó a las portada de todos los medios de comunicación y desde Occidente se informaba como se informa de algo lejano que difícilmente podría afectarnos. La información dio un giro de 180 grados cuando el virus traspasó el continente africano y llegó a Estados Unidos y Europa. Pero también esto pasó y el ébola parece hoy algo del pasado.

Casi 24.000 personas infectadas y más de 9.700 muertes en África Occidental. Son datos del último informe de Médicos Sin Fronteras (MSF), publicado el pasado 23 de marzo. En él, la organización médico-humanitaria reconoce un acusado descenso de nuevos casos de ébola, pero alerta de que el brote aún no ha terminado. «Para declarar el final de la epidemia –señala–, debe identificarse a todas y cada una de las personas que hayan tenido contacto con alguien afectado. No hay lugar para errores ni para la complacencia; el número de casos semanales sigue siendo más alto que en cualquier otro brote previo, y los casos no se han reducido significativamente desde finales de enero».

Entre tanto, un nuevo reto se plantea en los países azotados por la epidemia: reconstruir el sistema sanitario, paralizado durante casi un año por miedo a nuevos contagios. Los centros de salud están reabriendo sus puertas, pero los profesionales sanitarios necesitan contar con todas las garantías antes de volver a realizar su labor cotidiana y, por otro lado, la población todavía tiene miedo de acudir a los centros médicos. «El trauma del ébola ha creado desconfianza hacia las estructuras sanitarias, ha provocado en los trabajadores de salud desmoralización y temor a la hora de retomar los servicios, y ha dejado a las comunidades desconsoladas, empobrecidas y recelosas», recoge el informa de MSF, quien advierte que la interrupción de las campañas de vacunación rutinaria en los países de África Occidental afectados por el ébola ha puesto en situación de riesgo a la población infantil.

Los rostros del ébola. Sin duda, para todos los que hemos vivido esta epidemia a través de los medios de comunicación, la imagen del ébola es la de unas personas ataviadas con trajes como de otro mundo. Personas sin rosto, embutidas en una combinación de traje, mascarilla, gafas protectoras, botas, guantes quirúrgicos... Personas sin rosto con las que, temerosos, se encontraban los pacientes cuando llegaban a los centros sanitarios. Daniel Berehulak, galardonado con el Pulitzer de fotografía por su cobertura del ébola en África Occidental, escribía en el “New York Times”, en octubre de 2014: «Los pacientes llegan y la primera sensación es de temor ante unas personas embutidas en trajes espaciales cuyas caras no pueden ver».

Una imagen, la de esos sanitarios sin rostro, que conmocionó también a la artista norteamericana Mary Beth Heffrman, autora de la intervención artística “PPE Portrait Project” (PPE –Programa para el Equipo de Protección Personal– Proyecto de Retrato). «En agosto y setiembre de 2014, cuando la epidemia del ébola explotó sin control, no podía apartar mi pensamiento del problema», relata a 7K esta mujer cuya práctica artística está basada en temas relacionados con la corporeidadad y su representación. «Aquel nivel de sufrimiento y su representación en la prensa se apoderaron de mí», recuerda. «¿No serían menos aterradores si la persona que está dentro de ese aterrador traje fuera representada sin él? ¿Por qué en la prensa no ponen las fotos de estos sanitarios, por qué no sacan sus rostros? ¿Cómo sería ser paciente y solo tener contacto con personas que parecen soldados de asalto, no ver la cara de una persona durante días?». Preguntas y más preguntas, reflexiones y la determinación de afrontar el problema desde su práctica artista llevaron a Heffrman a aparcar todo lo que tenía entre manos y volcarse en la idea de «poner rostro» a los trabajadores de los centros de tratamiento de ébola. La idea se materializó en el “PPE Portrait Project”.

Después de informarse y exponer su proyecto a algunos de los médicos claves en la respuesta del ébola en Liberia, como el Dr. Soka J. Moses, director clínico del MOD ETC, el mayor centro de tratamiento de ébola en Monrovia, y el Dr. Massaquoi, de la presidencia liberiana de manejo de casos de ébola, el pasado 22 de febrero partía rumbo a Liberia, acompañada del fotógrafo Marc Campos. En su equipaje, doce cajas con cámaras fotográficas, impresoras y etiquetas. Los profesionales habían recibido con entusiasmo la idea y la habían invitado a viajar al país para poner en práctica el proyecto. La idea no parece complicada: colocar las fotografías de los trabajadores sanitarios en sus trajes protectores, de forma que los pacientes pudieran ver una imagen de sus caras. Pero a nadie se le había ocurrido, y todos los expertos consultados subrayaron la importancia de las dimensiones psicosociales que podría tener.

«Fotografié a los trabajadores, les decía que miraran a la lente como si estuvieran mirando al paciente y que intentasen poner la expresión que querían que viera el paciente si no estuvieran bajo ese temible traje protector. La mayoría sonreía», comenta Heffrman. El siguiente paso era poner esa fotografía en el traje y, como en todo el proceso, la artista preguntó al personal sanitario. ¿Dónde querían colocarla? «Intuitivamente se ponían la foto en la zona del corazón», «era tal como lo había previsto», recuerda emocionada. Emocionada por la reacción del personal sanitario pero, sobre todo, porque los pacientes podrían sentirse un poco menos aislados y porque ya no verían a sus cuidadores como «ninjas». «La primera vez que los pacientes veían las fotos sonreían. Incluso uno los reconocía del pueblo. Se daba cuenta y les decía: ‘Oh, yo te conozco’. Otros decían que les encantaba ver las fotos, que no sabían si eran hombre o mujer, o si era joven o mayor. Y decían: ‘me gusta poder ver cómo eres’. Todos expresaron su profundo agradecimiento».

Práctica social. El “PPE Portrait Project” se basa en lo que el artista alemán Joseph Beuys llamó “escultura social”, acciones artísticas que funcionan como catalizador del cambio social. También llamada “práctica social”, es una concepción del arte como proceso interdisciplinario y de participación, en el cual el pensamiento, el discurso y la discusión son los materiales que se utilizan para llevar a cabo la creación. «Para mí, la cúspide de este proyecto está en la mejora de la conexión entre el trabajador sanitario y el paciente del ébola –comenta Heffrman–. La etiqueta-retrato sirve como puente, una propuesta de las enfermeras, doctores e higienistas a los pacientes, diciéndoles de forma activa: ‘yo soy humano y estoy aquí por ti’. El corolario tácito es que el paciente también es humano, una convicción que es profundamente socavada por los brutales efectos de la enfermedad. Las etiquetas-fotografías les dicen visualmente que ellos son parte de la humanidad, de la vida».

Mary Beth Heffrman regresó a Los Ángeles a mediados de marzo. En Monrovia dejó el equipo necesario para que el proyecto no se detuviera, y los trabajadores han continuado enviándole las imágenes que todavía hoy siguen tomándose para hacer un poco más personal el contacto con los pacientes del centro de ébola. «Para mí eso fue el auténtico éxito», comenta. No descarta llevar su idea a otros países del continente; de hecho, ya ha recibido peticiones de un hospital y una unidad de tratamiento del ébola en Sierra Leona, pero la artista espera la invitación oficial del Ministerio de Salud o alguna ONG importante y «ser así reconocida como parte del protocolo del equipo de protección (PPE)». En ello está.