JUN. 05 2016 Interview Camané «La tristeza del fado nos hace sonreír y, si es alegre, nos hace llorar» Iñaki Zaratiegi {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} En la lengua de la tierra que acota Europa y se asoma al Atlántico, Portugal alberga tesoros culturales. Una de sus joyas es el fado, música que define un carácter nostálgico y aporta una particular impronta al país de Amália Rodrigues. A finales del siglo pasado y en plena crisis mediática del género, el cantante Camané, nacido en la costera Oeiras en 1966, encabezó la recuperación fadista. Desde su primer gran encuentro público en 1979 con “Grande Noite do Fado”, la exquisitez y sentimiento vocales, la fidelidad a la tradición, pero abierta a nuevas miradas en arreglos y textos, y su disciplina profesional le fueron situando en cabeza del fado masculino, a la vez que surgía una eclosión del femenino. Sus canciones han roto fronteras internacionales y acumula una decena de discos y varios premios. Ha visitado en varias ocasiones los escenarios vascos y el miércoles 15 clausurará el quinto ciclo “Noites de Fado” de la capital bilbaina (por el que han pasado este año Celeste Rodrigues, Deolinda, Aldina Duarte y Raquel Tavares), acompañado por la Bilbao Orkestra Sinfonikoa. Antes, habló con 7K desde su casa lisboeta. Se llama Carlos Manuel Moutinho Paiva dos Santos, ¿por qué lo de Camané? Es un juego con «ca», de Carlos, y «mané», de Manuel. Me lo pusieron a los cinco años. Ese aire serio, distante ¿le viene de carácter o es pose oficial de fadista? El fado es música triste, muy seria. La tristeza del fado nos hace sonreír y, si es alegre, nos hace llorar. Yo creo que un artista tiene que permanecer en el corazón de la gente. Lo más importante de lo que hago es que habla de la vida y los sentimientos, y no es compatible con cosas que no tienen interés. Pero no quiere decir que sea antipático. Una hepatitis infantil le puso en contacto con esa música a través de los discos de sus padres. Así fue. Había algún disco de los Beatles, Aznavour, Sinatra… Y muchos de fado: Alfredo Duarte Marceneiro, Carlos do Carmo, Amália Rodrigues, Maria Teresa de Noronha, Fernando Maurício o Lucilia do Carmo. Al principio no me gustaba, pero acabó por entusiasmarme. Y como quería ser cantante, me hice fadista joven. Tenía una genética familiar: los cantaban su bisabuelo, abuelo y padres. Crecí con el fado. Los cantaron mi bisabuelo y abuelo y el primero grabó un disco en 1925. Mis padres comenzaron a cantarlo en público después de que lo hiciera yo. Fue un poco al revés, aunque sí lo hacían en casa. Con ocho años le empezaron a llevar a conciertos de los grandes nombres que conocía en disco. Sí, fue un contacto muy temprano con aquellos artistas tan importantes. ¿Escribió sus propios fados en pantalón corto, en plan precoz? No, no es exactamente así. En las reuniones de amantes del fado, que se hacían los domingos por la tarde, había poetas populares que escribían piezas que tenían una estructura poética de «cuadras», decasílabos… Yo era pequeño y aprendí esas letras que tenían que ver con mi edad y mi entorno: la infancia, los padres, la escuela, enamorarse, el fútbol... Comprobé que esas temáticas más nuevas se podían adoptar a las estructuras clásicas del género. Fado viene de «fatum», destino. ¿Es obligadamente un mundo de «saudade», desarraigo, melancolía…? El fado es especial porque es particular y diferente y posee una musicalidad que tiene que ver con una lengua, con una cultura, con lo portugués. Expresa los sentimientos de la vida, los desencuentros, pero de modo no muy distinto de como lo hacen el tango, el flamenco o el blues. Su colega Aldina Duarte ha escrito que el portugués conserva los modos «fado» y «saudade» sabiendo que todas las palabras del mundo no conseguirán darles una definición. Lleva razón, porque es muy difícil definir una música así, como lo es tratar de definir el flamenco o el tango. Es lo que decíamos: una forma de expresión de los sentimientos vitales. Y lo hace de una manera muy propia, muy nuestra. Al comienzo le mirarían raro: «Ahí va el fadista». Sí, nada que ver con el presente. Cumplo 50 años en diciembre, hace cuarenta de cuando empecé y treinta de cuando me convertí en profesional y entonces el fado no estaba muy de moda. Existían grandes artistas clásicos, pero no había interés en la prensa, la radio o la televisión hacia alguien que empezaba; se consideraba una música de viejos, ligada al viejo régimen. Pero es un género que tiene más 150 años, con una gran personalidad melódica. Es un patrimonio, aunque haya habido desconocimiento y hasta prejuicios intelectuales. Con su primer disco hizo unos cuarenta conciertos fuera de Portugal y solo tres en su país. Cuando saqué “Uma Noite de Fados”, en 1995, lo empecé a presentar en Bélgica, Holanda, Francia… y después en Portugal. Pero tres años después, con el segundo disco, “Na Linha da Vida”, hubo ya periodistas que eran de mi edad y se empezaron a interesar por mi trabajo, incluso en publicaciones para jóvenes. Empezó un cambio en mi relación con el público portugués. En 2007, presentó el espectáculo «Otras canciones II» transformándose en «crooner», «chansonnier», «canzonetista», bolerista… y cantó en inglés, francés, italiano, castellano… ¿Necesitó abrir caminos desde una postura de fadista no purista, pero siempre clásico? Es que no escuchaba solamente fado, tenía muchas influencias y una necesidad personal de diversidad musical. En 2004 ya había participado en el proyecto Humanos, junto a Manuela Azevedo y David Fonseca, sobre composiciones de António Variações. Era el único de los tres que no venía del pop y fue una experiencia importante para mí. ¿Cómo puede evolucionar un estilo tan concretado como el fado? Dice que usted lo ha hecho de dentro hacia fuera. El fado es una música popular de Lisboa, tiene una parte muy urbana en relación con lo cotidiano. Las personas tienen los mismos sentimientos que hace 50 años, pero la forma de vivir es muy diferente de cuando el fado fue tan popular. Se trata de sentir al cantar lo que sentían los fadistas antiguos, pero adaptando las palabras y los mensajes al presente. En sus últimas obras («Sempre de Mim», «Infinito Presente») hay más ironía, canta más con los ojos abiertos que entornados. He ido evolucionando. En “Sempre de Mim”, de 2008, comencé a cantar fados más irónicos y me di cuenta que tenía que adaptarme a ese registro emocional. Después he ido cantando historias más alegres que me iban saliendo. Me esfuerzo en exigirme mucho en el trabajo para motivarme y crecer como intérprete. ¿José Afonso, que empezó como fadista, fue el mayor renovador de la música popular lusa? No cantaba fado lisboeta, sino de Coimbra. Fue un cantante fenomenal, con algunos grandes discos. La música popular portuguesa le debe mucho. José Alfonso legó «Grândola, vila morena», himno popular del levantamiento de 1974, pero murió olvidado socialmente y muy pobre. Zeca Afonso hizo música por amor a la propia música, no por dinero. Portugal salía de una dictadura de 40 años, arruinado y olvidado del mundo. Él sufrió esa situación, pero dejó una obra extraordinaria que resiste el paso del tiempo. Internacionalmente, el suceso musical luso fue Madredeus. Sí, fue posterior, más reciente. Contaba con la fantástica voz de Teresa Salgueiro y con unos músicos que habían trabajado en proyectos de pop y otros estilos. Su compositor y guitarrista Pedro Ayres es además un productor de talento. Madredeus consiguió una sonoridad muy especial. Los comienzos del género fueron masculinos, pero hoy es muy femenino: Mariza, Dulce Pontes, Ana Moura, Mísia, Mafalda… ¿Por la dimensión de Amália Rodrigues, por la mayor liberación de la mujer…? Al comienzo, el fado era cosa de hombres, pero las mujeres se integraron, hubo grandes intérpretes como Amália y hoy es un género mixto. Quizás ahora se les hayan abierto más las puertas. Ha dado eco internacional al género. Este año ha actuado en Teherán o Johannesburgo. ¿Tan universal puede ser un género tan peculiarmente local? La música con sentimiento se entiende en cualquier lado. A veces no comprendes lo que dice una canción en un idioma que no es el tuyo, pero te emociona. El fado es recibido con emoción en cualquier lugar del mundo. Sorprende la rica variedad que señala en sus discos: «trés bairros», «perseguiçao», «alfacinha», «alexandrino antigo», «lopes», «das horas», «meia noite», «mouraria», humorístico… Son nombres del fado tradicional, las estructuras de las que te hablé que pueden servir para adaptarlas al mundo actual. Hasta el punto de que a veces parecen diferentes, como si fueran otras músicas. Participó en 2007 en la película «Fados», de Carlos Saura. ¿Un director español es capaz de llegar al alma de la canción lusa? Claro que sí, hizo un bello trabajo estético. No ser portugués no le impidió encontrar a los músicos adecuados, como Carlos de Carmo y otros. Hizo una obra fantástica. Encargó la selección de «O Melhor. 1995-2013» a otra persona. ¿Le cuesta juzgarse a sí mismo? No me gusta escucharme: no me siento satisfecho, soy muy crítico y siempre encuentro defectos. Busco el perfeccionismo. Preferí tomar distancia y que hiciera la selección David Ferreira, responsable de la discográfica EMI-Warner, que trabajó conmigo desde el primer disco. Contribuyó con «Já nâo estar» a la banda sonora de la película «José y Pilar», de Miguel Gonçalves Mendes, sobre el premio Nobel de Literatura José Saramago y su mujer malagueña. ¿Saramago intentó ser el gran puente cultural íbero y eso le costó críticas en su propio país? Fue uno de los mejores escritores en lengua portuguesa. Desde el comienzo hubo gente que dudaba de su capacidad literaria y luego se le criticó por estar más cerca de España, pero su arte y su talento consiguieron transformar las ideas de los críticos y es reconocido como gran creador literario portugués. Los lugares más populares de Lisboa (Alfama, Castillo, Bairro Alto, Baixa-Chiado…) ¿están siendo despersonalizados por el turismo? ¿Hay que visitar otras zonas para vivir un ambiente local natural? Lisboa es una ciudad fantástica y el turismo es muy importante para nosotros, pero esto no es Venecia. Y se pueden hacer muchas cosas, Lisboa no es solamente los barrios populares más conocidos: tiene avenidas nuevas, lugares comerciales… Está teniendo una gran transformación. ¿Cuántas veces ha cantado para el público vasco? Tres veces al menos en Bilbao, incluida una en el Guggenheim, y en San Sebastián, en el Victoria Eugenia, durante el Festival de Cine de 2007, con Mariza y do Carmo, con la película de Saura. En noviembre 2014 se suspendió su concierto en el propio Victoria Eugenia por falta de interés del público. Habrá nuevas oportunidades de cantar ahí, tenemos toda la vida para hacerlo. Me encanta la ciudad, ya te he dicho que estuve de vacaciones con mi familia y me gustaría volver a hacerlo. Es muy bella y tiene una gran actividad cultural y más este año con lo de la capitalidad cultural. También Bilbao es un sitio con una vida cultural impresionante. Me va a encantar poder volver a actuar allí. El popular músico luso Julio Pereira grabó un disco con el acordeonista Kepa Junkera. ¿Conoce algo de la música popular vasca? ¿Aprovechará la sesión con la BOS para entonar algo en euskara? Es una buena ocasión para intentarlo. Quizás alguna canción de Joan Manuel Serrat. Pero Serrat es catalán. Ah, es catalán, cierto. Voy a investigar un poco y puedo intentarlo. ¿Me permite una idea? Hay una canción emblemática («Txoria txori»), de un cantante muy querido: Mikel Laboa. Ha sido muy versionada, pero le vendría bien a su voz y la OSE se la sabrá de memoria. Podría ser entonces. Te agradezco de verdad la sugerencia. ¿Puedes enviarme esa información por mail? «Un artista tiene que permanecer en el corazón de la gente»