OCT. 30 2016 Interview Thorsten Schütte «Las luchas que libró Frank Zappa no se han terminado» Janina Pérez Arias {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} El mundo está lleno de incomprendidos. Esto no es nada nuevo. Frank Zappa (Baltimore, 1940- Los Ángeles, 1993) fue uno de ellos y más de dos décadas después de su muerte no es lo suficientemente tarde como para redescubrirlo y así aprender a valorarlo. Thorsten Schütte se lo propuso un día que, por casualidad, encontró material fotográfico y audiovisual del genial músico estadounidense. Pero esta vez Zappa tenía que explicarse por sí mismo, a través de sus palabras y de su música. Sin una omnipresente voz en off, sin ningún «experto», sin que nadie más que él tomase la palabra. El documentalista alemán nació el año en el que Frank Zappa publicó el álbum “Freak out”, el primero con su banda The Mothers of Invention. Y en la inocencia de sus 12 años fue cuando el atrevido vanguardista entró en la vida del futuro cineasta, y lo hizo para quedarse. Recuerda Thorsten Schütte que estaba en una clase de música en el instituto cuando el profesor puso una pieza de quien años más tarde sería el objeto de uno de sus trabajos mejor logrados. «La primera canción que escuché me confundió, pero quise saber más», explicaba la noche de la primera proyección en los espacios de Tabakalera durante el Festival Internacional de Cine de Donostia. «Zappa es un artista por el que tienes que desarrollar el gusto», añadió. Mientras Frank Zappa era celebrado –aún en vida– en Europa por su música, en Estados Unidos seguía siendo el tío del bigote que aparecía en una foto sentado desnudo en un váter. Antes de su muerte en 1993, tenía en su haber artístico más de sesenta álbumes, incluyendo su trabajo sinfónico, además de tres películas y un buen número de vídeos. Se puede afirmar que Zappa aprovechó cada segundo de sus 52 años. El documental “Eat that Question: Frank Zappa in his Own Words” descubre a un pionero, pero también a un hombre que se enfrentó a la censura: poseedor de claros y tajantes pensamientos políticos y sociales, convivió con la incomprensión, pero saboreó la dulzura de la adoración de un público incondicional. Aunque muchos de ellos no sabían quién era en realidad a quien seguían. ¿Qué sorpresas surgieron durante los años que duró la realización de este documental? Tenía bastante conocimiento de quién era él como artista, como persona pública, como persona creativa, como también era consciente de que los medios y la opinión pública tenían una imagen bastante reducida de Frank Zappa. Lo que yo buscaba al rodar esta película fue hacer que el público se sorprendiera, que se asombrara al constatar que, detrás de esa figura artística que todo el mundo creía conocer, había un hombre diferente. Eso fue muy bonito. Y muy a menudo, al enfrentarme con el material, tenía mucho que ver esa intención: la de contrastar. De hecho, los primeros tres minutos del documental presentan al Zappa conocido o el que la gente creía conocer; es decir, el freak, el extraño, el hippy fumado. Lo interesante es que muchos fans le ven así. Personalmente tengo mis problemas con lo que hacen los seguidores de Zappa con su figura, de manera que tengo con ellos una relación un poco tormentosa (risas), y muchos fans dicen que se fumaron el primer canuto escuchando la música de Zappa, sin saber que ¡ni él mismo consumía marihuana! (risas de nuevo). La gente sale de la película con un «¡ah, eso o aquello no lo sabía!». ¿Qué cree usted que se debería valorar de la figura de Frank Zappa? El camino que escogió, las dificultades que tuvo al imponerse, al hacerse valer y, sin embargo, mantenerse fiel a sí mismo. La película también narra lo que significaba para un músico como él, y en pleno siglo XX, nadar contracorriente realizando un trabajo no comercial y mantener una identidad propia, que al final fue lo que le ayudó a hacer su trabajo. Tuvo una posición bastante radical en su época, lo que para mí es algo muy valioso: conseguir «hacerse a sí mismo», pero también transmitir que sí se puede lograr algo así. En el documental vemos a una persona más bien positiva. ¿Ese era tal vez su mecanismo para luchar contra su frustración? Sobre todo en sus primeras entrevistas se deja ver una frustración por no ser entendido. Zappa decía que en América no se valoraban a los compositores; que todo giraba en torno al dinero, al comercio, a las ventas, al producto. En sus palabras había mucha frustración, mucha amargura y cinismo; sin embargo, se dijo a sí mismo ‘vamos a probar de otra forma. Si me quieren censurar, invierto el dinero en la infraestructura que necesito para sacar adelante mis proyectos’. Decir eso en una época en la que la industria de la música se encontraba en pleno desarrollo fue un acto pionero. Su ímpetu lo obtuvo del gran deseo de desarrollar su música, y ese deseo era tan fuerte que aprendió que con su ingenio se podían alcanzar sus objetivos, pero tomando atajos y caminos paralelos. No tuvo éxito con todas las estrategias que puso en práctica, ya que experimentó desastres financieros y fracasos en ventas. Sin embargo, a pesar de los fracasos Zappa parecía tener claro que tenía que ir contracorriente. Es que, desde el principio, la música que hizo no estaba pensada para enmarcarla en un formato comercial. Su música era cacofónica, extraña, con diversas influencias. No entraba en lo que en aquel momento estaba de moda y es que aquello que estaba en boga Zappa lo usaba para parodiarlo. Además, cuando no entras en ningún formato y no accedes a los canales de divulgación como la radio o la televisión, terminas desarrollando estrategias para llegarle a tu público. Por ejemplo, Zappa siempre estuvo de gira, porque si no puedes llegar a tu audiencia a través de la radio, tienes que ir directamente a donde está el público. De manera que más de la mitad del año andaba de gira para promocionar su música. ¿Es cierto que cada concierto era diferente? Sí, lo eran. Y es que si tocas tan a menudo en vivo, no tienes ganas de interpretar las mismas canciones cada noche. Las exigencias y las aspiraciones hacia él mismo, hacia sus músicos y hacia el público eran extremadamente altas. La banda se pasaba tres meses de ensayos antes de cada gira de seis meses, con un repertorio de 85 a 120 composiciones que no eran fáciles de interpretar. Cada show era diferente, y en la misma noche del concierto se cambiaba algo también. Así que los grupos que lideró Zappa eran como organismos vivos. En «Eat that Question» también se deja ver el pensamiento político de Zappa, que podría seguir aplicándose actualmente a los Estados Unidos… (Sonríe) Su pensamiento político y social es atemporal. Las luchas que libró no se han terminado, esos conflictos aún persisten. Lo que sufrió en carne propia como artista aún sigue en boga, porque la situación para los artistas y los creadores no ha mejorado en nada. A pesar de que ha habido cambios, las cosas se han puesto aún más difíciles. Zappa tenía el gran talento de arremeter contra la corriente del desarrollo político y social para convertirlo en deliciosas sátiras y comedias. No existe alguien que, como él, tenga un genio musical y lírico unido a unos comentarios satíricos. Pero de ¿dónde le venía? ¿Cómo se desarrolla alguien así? La película no da una explicación clara al respecto, pero sí ofrece algunas pistas. Se necesita tener un carácter libre para lograr lo que él, o ¿era Zappa un valiente que logró liberarse? Eso nada más lo pueden saber, o tal vez no, quienes le acompañaron durante mucho tiempo. Con espíritu «zappariano». Tres horas y media fue el primer metraje que le salió al cineasta del material recopilado y que luego comprimió en unos intensos, divertidos y muy ilustrativos 90 minutos. De hecho, “Eat that Question: Frank Zappa in his Own Words” le supuso a Thorsten Schütte aproximadamente una década de trabajo. Sus casi dos metros de estatura están plegados en un comodísimo sillón apostado en el donostiarra Hotel María Cristina. Su cabello rubio ensortijado esconde las canas de sus 50 años, casi la edad a la que Frank Zappa murió víctima del cáncer. El documentalista narra el inicio de “Eat that Question”. Su tono es tranquilo y hasta esboza muchas sonrisas, aunque admite que su paciencia muchas veces ha estado al límite. En más de veinte años de carrera como productor, guionista y realizador, la música –”World Jazz”, “Trip to Brazil”– y el activismo medioambiental y laboral –particularmente en Sudáfrica con “Land Matters” y “The Forgotten”–, han sido constantes en su trabajo. Con “Eat that Question” no era pues la primera vez que lidiaba con adversidades. No en vano es un fiero admirador del «espíritu Zappa». El proyecto le costó ocho años, ¿cu&bs;ál fue la razón? Los primeros dos fueron únicamente para entablar contacto con Gail Zappa. Escribí emails, llamé por teléfono y, al recibir respuestas negativas, volví a empezar otra vez desde cero, hasta que finalmente se abrió una puerta. Eso lo puedo entender, porque yo no era el único que lo había intentado, pero por medio de la intensidad y la perseverancia demostré que mi propuesta era seria. A veces se necesita una cuota de energía para que le tomen a uno en serio. ¿Por qué Gail Zappa no le tomaba en serio? Cuando tienes que administrar un legado como el de Frank Zappa y eres su máxima representante, te ves asediada por el mundo exterior. Y en particular, los seguidores tienen algo de maniático, de locura, y exigen mucho. Gail siempre tuvo conflictos con la gente, ya que su trabajo consistió en proteger ese legado y esa fue una de las razones por las cuales fue muy cuidadosa a la hora de aceptar mi propuesta. Por otra parte, al principio Gail no entendió cuál era mi intención. Le dije que tenía algo que ellos no conocían y que me gustaría mostrarles, y que había una historia muy bonita que me gustaría narrar. La primera reacción fue: ‘Manda entonces lo que hayas encontrado’ (risas). Y yo: ‘Que no, que se lo quiero mostrar personalmente’. La familia tiene la sensación de que le pertenece todo lo que exista referente a Frank Zappa. Así que ese forcejeo duró bastante tiempo, hasta que llamé al abogado de la familia y le planteé la situación. Le pedí que intercediera por mí y poco después recibí finalmente el mensaje de ‘vale, ven a vernos’. Nos vimos en un estudio, en 2010. Le enseñé a Gail el material que tenía, y estuvimos cinco horas juntos. Fue una situación bastante rara de que un extraño te esté mostrando vídeos y material fotográfico de tu marido muerto hace veinte años. Zappa fue adorado por muchas personas y tal vez se pueda afirmar que siempre existió un cierto resquemor hacia su marido, porque, a decir verdad, Frank pasó más tiempo rodeado de sus fans y fuera de casa que en el hogar familiar. ¿Qué pasó en ese primer encuentro? Fue conmovedor. Toqué una esfera bastante personal, cuando yo lo que quería inicialmente era hablar sobre un artista. Que venga un tipo desde Alemania con una caja llena de fotos y vídeos con momentos de tu marido, los cuales nunca compartió contigo ni con su familia, causó en ella fue una avalancha de recuerdos, y por eso estuvimos cinco horas juntos en nuestro primer encuentro. Finalmente Gail entendió lo que quería hacer y lo más importante fue que vio en mí una ayuda para recopilar en todo el mundo aún más material para el archivo que atesoraba. No nos hicimos amigos, pero compartimos un interés en común. Todo el proceso fue muy cuesta arriba, ¿no? Sí, pero tenía que tomarme en serio todas sus preocupaciones y objeciones. A lo largo de esos cuatro años a veces me sentía inseguro sobre si algún día terminaría de hacer esta película, porque ella tenía todo tipo de dudas. Por ejemplo, no quería que se cortara ninguna canción, porque lo veía como un ultraje a la obra artística. Y otra discusión respecto a la música fue en relación a si subtitulábamos o no las canciones, lo que también veía como un ataque a la creación. Lo que logró acelerar el proceso fue la advertencia de uno de los inversores más importantes, quien dijo ‘si no se dan prisa en terminar la película, destino mi dinero a otra cosa’. Fue un momento en el que el proyecto de la película estuvo realmente amenazado y lo fue al cabo de varios años de preparación. A pesar de todas las reservas que pudo tener Gail, le estoy agradecido por habernos dejado realizar este documental, para el cual, una vez que nos pusimos en marcha, no puso ningún obstáculo. Lo que ha hecho ella es luchar por proteger el legado y la libertad de creación de su marido y al final entendió que yo necesitaba también absoluta libertad de creación, incluyendo la garantía de mi final cut o montaje definitivo. Dos de los hijos de Frank Zappa no sabían nada de este proyecto, pero ¿cómo fue ver con gran parte de la familia la versión final de «Eat that Question»? Para mí jamás existió la necesidad de encontrarme con los hijos de Zappa, porque mi persona de contacto más directa era Gail. Tampoco hubo motivo alguno para hacerme amigo de ellos, ni siquiera para comunicarles que estaba haciendo una película sobre su padre. Sin embargo, tuve la oportunidad de conocer antes a Moon y a Diva. Cuando Gail cayó enferma (de cáncer de pulmón, murió en octubre de 2015) y me informaron de que el hijo más pequeño, Ahmet, pasaría a ocupar su puesto, me preocupé un poco, porque ya teníamos la película lista. Entonces la vimos juntos, y como su madre ya había entrado en una fase agónica, Ahmet se encontraba en una situación emocionalmente tensa. Nos dijo que Gail le había contado de nuestra película y que, como ella había aprobado todo, pues él también estaba de acuerdo. Dweezil (otro de sus cuatro hijos) aún no sabía nada. Tratamos varias veces de contactar con él, pero estaba de gira con su banda. Finalmente le mandamos una copia de la cinta y le gustó. Pese a que a Dweezil le sentó mal enterarse de esto tan tarde, nos encontramos en el estreno del documental en Los Ángeles y desde entonces nos ha apoyado en todo. Aunque en la familia existan conflictos y estén enfadados unos con otros, en una cosa sí están de acuerdo, en que les gusta mucho esta película. Y es que para ellos este filme no es solamente la celebración de su padre, sino que les da algo de lo que ellos tuvieron poco, ya que Frank murió muy joven. Es muy conmovedor que vean a su padre en diferentes facetas, lo cual tiene también algo de agridulce. Por un lado, está la celebración de la figura, pero por otro es muy doloroso. No sé cómo reaccionaría yo mismo si alguien hiciera un documental sobre un familiar querido del que, en realidad, sé muy poco. “Eat that Question: Frank Zappa in his Own Words”, elegida en Zinemaldia 2016 mejor película de Zabaltegi, se estrena en los cines el 4 de noviembre. «Zappa siempre estuvo de gira, porque si no puedes llegar a tu audiencia a través de la radio, tienes que ir directamente a donde está el público» «Que venga un tipo de Alemania con una caja llena de fotos y vídeos con momentos de tu marido que no compartió contigo ni con tu familia causó en su viuda, Gail, una avalancha de recuerdos»