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PANORAMIKA

Cuerpo


A lo largo de la historia del arte el cuerpo ha sido y sigue siendo uno de los grandes referentes para el análisis de la condición humana. Desde la representación de deidades al establecimiento de cánones, nuestra cultura visual está constantemente salpicada por su presencia, hoy compuesta en su vertiente más potente, por la estrategia publicitaria. La irrupción de las segundas vanguardias, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, termina por proponer otros lenguajes desde los que situarlo. La mera representación de la figura pasa a expandirse hacia nuevos territorios. El cuerpo como lugar desde el que se habla y no sobre el que se habla, supone un cambio radical en la posición de la obra. Este hecho repolitiza las nociones de observación o belleza y nos lleva a cuestiones como la vulnerabilidad, la violencia o la reivindicación social.

Mucho tienen que decir de eso las propuestas performáticas próximas a los movimientos feministas, que denuncian el control de sus cuerpos como herramienta principal para la imposición del sistema hegemónico. Desde otra perspectiva podríamos advertir cómo el público con su presencia física aporta una capa más a esta lectura. La experiencia sucede entonces a ambos lados del esquema comunicativo: el binomio representación y realidad se encuentra en una relación de dependencia mutua. En la reseña que proponemos hoy, el cuerpo aparece desde dos frentes completamente diferenciados. Sea como fuere, es una señal inequívoca de su vigencia como uno de los grandes protagonistas del arte.

La creadora valenciana Mar Reykjavik (Valencia, 1995), quien fuera residente en BilbaoArte durante el pasado año, cierra el capítulo del ciclo de exposiciones dedicadas a los proyectos de 2018 seleccionados para habitar la sala del centro bilbaino. El proyecto, inaugurado el pasado 25 de octubre, se extiende hasta el día 22 de este mes bajo el título “Tot i que” y responde a una línea que Reykjavik ha venido madurando en los últimos años. Si bien su procedencia es más cercana al audiovisual, el componente tridimensional de la instalación audiovisual entra con fuerza en la puesta en escena de su trabajo. La condición espacial es básica en la muestra, pues la relación entre el cuerpo como elemento de construcción cultural y visual se enuncia a través de las cuatro piezas que conforman “Tot i que”. La interacción con el cuerpo del espectador es, por tanto, imprescindible para entender los códigos que nos propone la artista. Por último, tal y como hiciera en la inauguración, la clausura vendrá marcada por la realización de una acción.

El programa “Joven llama Joven” de la Galería Lumbreras de Bilbo inició el pasado 30 de octubre su temporada 2019/2020 con “(Re)construcción”, a cargo de la fotógrafa Paula Constantino (Buenos Aires, 2019). El retrato asoma como estrategia principal y adquiere gran relevancia la serie de su proyecto De Goce, en el que el cuestionamiento de los roles femeninos impuestos son reinterpretados desde un posicionamiento crítico. Las miradas de las protagonistas se clavan en el público. Una interpelación directa que parece desafiar y confrontar desde los rostros fotografiados.

En lo que a la resolución formal se refiere, Constantino aborda la composición desde un disparo intencionadamente clásico. Planos medios en los que las modelos, ataviadas con vestimentas de época, muestran una mueca hierática. Sin embargo, su expresividad no está carente de contenido, pues en sus manos sujetan diferentes elementos, en su mayoría relacionados con la comida. El 13 de diciembre será el último día para poder acercarnos al espacio de la galería.