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KIROLA

La crioterapia aplicada al deporte

(Getty Images)

La crioterapia, entendida como la aplicación de frío terapéutico tras el ejercicio o lesión, es una práctica ampliamente empleada en el deporte con el objetivo de favorecer la recuperación, disminuir el dolor y mitigar la inflamación. A pesar de su uso generalizado en contextos profesionales y de alto rendimiento, la evidencia científica más reciente muestra que sus efectos son heterogéneos y dependen de múltiples factores, como el método, la duración, el momento de aplicación y el deporte específico.

Desde una perspectiva fisiológica, la crioterapia puede reducir la temperatura tisular y el flujo sanguíneo local, lo que disminuye la inflamación y el dolor musculoesquelético tras esfuerzos intensos o lesiones agudas. Sin embargo, revisiones sistemáticas señalan que la evidencia no es concluyente respecto a su impacto directo sobre parámetros de rendimiento como fuerza muscular o control neuromuscular, aunque algunos estudios sugieren que puede mejorar la flexibilidad articular en determinados casos. En estudios comparativos, tratamientos de frío y métodos de estiramiento dinámico han mostrado ser efectivos para reducir el dolor post-entrenamiento, con indicios de que puede ofrecer mayores beneficios hacia las 72 horas tras esfuerzos intensos, aunque estos resultados pueden variar según el deporte y las características individuales de los atletas.

Un aspecto crítico es la duración y el protocolo de aplicación. Revisiones científicas indican que exposiciones prolongadas pueden afectar negativamente la potencia y actividad muscular inmediata, por lo que se recomienda ajustar el tiempo de aplicación para equilibrar beneficios y posibles efectos adversos sobre la recuperación funcional.

Además, estudios recientes alertan de que el uso de crioterapia inmediatamente antes de volver a la competición o al entrenamiento podría disminuir el rendimiento en pruebas de fuerza o velocidad si no se respetan periodos adecuados de re-calentamiento. Aunque la crioterapia presenta efectos analgésicos y puede contribuir a la recuperación tras esfuerzos intensos, la evidencia científica actual exige precaución y personalización en su aplicación. La investigación futura debe centrarse en protocolos específicos, respuestas individuales y análisis comparativos con otras estrategias de recuperación.