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MÚSICA

Buck Meek

(Peter Van Breukelen-Redferns Getty Images)

El guitarrista de Big Thief entrega su cuarto álbum en solitario a través del sello 4AD, una obra que explora la intimidad humana mediante una producción experimental donde lo orgánico y lo electrónico convergen en un estudio de cabaña en California. Hay músicos que parecen habitar en las grietas de la realidad, observando lo que otros pasan por alto. Buck Meek (Wimberley, Texas, 1987) es uno de ellos. Conocido por ser el arquitecto de las guitarras eléctricas y nerviosas de Big Thief, Meek ha cultivado en paralelo una discografía solista que funciona como un refugio de calidez y honestidad. Su nueva entrega, titulada significativamente “The Mirror”, confirma que su voz es hoy una de las más singulares de la música americana contemporánea.

La trayectoria de Meek es la historia de un buscador. Criado en Texas, donde se empapó de jazz y country antes de formarse en el prestigioso Berklee College of Music, su carrera despegó en las estaciones del metro de Nueva York. Allí, junto a Adrianne Lenker, forjó una alianza creativa que daría vida a Big Thief, una de las bandas más influyentes de la última década. Sin embargo, sus discos en solitario -desde su debut homónimo en 2018, pasando por el luminoso “Two Saviors” (2021) y el reciente “Haunted Mountain” (2023)- han servido para delimitar un territorio propio. En “The Mirror”, Meek se aleja ligeramente de la narrativa polvorienta de sus trabajos previos para adentrarse en los contornos del amor y la intimidad, manteniendo siempre esa reverencia casi infantil por lo desconocido.

Lo que separa a “The Mirror” de sus predecesores es su ambiciosa arquitectura sonora. El álbum fue grabado en el estudio tipo cabaña que Meek comparte con su esposa, la artista Germaine Dunes, en el sur de California. La producción corrió a cargo de su compañero en Big Thief, el baterista James Krivchenia, cuya visión ha sido fundamental para infundir al disco una energía cinética y experimental. El proceso de grabación fue, en sí mismo, un ejercicio de dualidad. Mientras la banda tocaba en el interior de la cabaña, Meek registraba sus voces desde el porche, permitiendo que la atmósfera del entorno se filtrara en las pistas. Krivchenia introdujo unas capas de texturas digitales y una electrónica sutil creando un mundo espejo donde lo acústico se entrelaza con lo sintético.

Fiel a su creencia de que la música es un acto de amistad, Meek se rodeó de una comunidad de talentos. El disco cuenta con la participación de su “familia” musical: Adrianne Lenker aporta su voz distintiva en varios cortes, la aclamada arpista Mary Lattimore añade texturas oníricas y el compositor ambiental Alex Somers contribuye al diseño sonoro. También figuran su hermano Dylan Meek en los teclados y sus colaboradores de confianza Adam Brisbin (guitarra) y Ken Woodward (bajo). Con este lanzamiento, Buck Meek no solo expande el mapa de la música de raíces estadounidenses, sino que se posiciona como un artista capaz de encontrar la magia en lo cotidiano.



Shabaka

El multiinstrumentista y compositor Shabaka (Shabaka Hutchings) abre un nuevo capítulo en su trayectoria con “Of The Earth”, su tercer álbum en solitario y el primero bajo su propio sello, Shabaka Records. Tras liderar proyectos fundamentales del jazz británico contemporáneo como Sons of Kemet y The Comet Is Coming, el artista publica una obra en la que celebra la libertad creativa. Compuesto, producido e interpretado por él mismo, el disco marca el esperado regreso de Shabaka al saxofón, integrándolo con flautas tradicionales, electrónica y percusiones. Grabado durante sus viajes, el álbum captura una atmósfera de movimiento donde explora su voz a través del rap.