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PSICOLOGÍA

Prepárate

(Getty Images)

Como en toda situación de estrés, que impacta en el sistema inmune de las personas, comprometiendo los recursos para resistir a los patógenos, también en esta situación de cambio global, menos concreta pero claramente perceptible, nuestro sistema inmune psicológico puede sufrir, al punto de que la confusión o sobreestimulación de las noticias o los discursos nos impida reaccionar y cuidarnos.

Así que merece la pena prepararse o, en otras palabras, hacernos conscientes de los recursos que tenemos para hacer de cualquier cambio una posibilidad de supervivencia, adaptación y crecimiento. El estresor fundamental en estos casos, el que puede tensionar el sistema, es el miedo, y es importante entenderlo para no tenerle miedo -sí, tener miedo a tener miedo-. El miedo es una reacción ante un estímulo que nos predispone a una preparación. Es un indicador, no un vaticinio. La reacción es propia, está dentro, el estímulo está fuera, lejos a veces de nuestro control. Esta diferencia ya nos indica cuál será el ámbito de actuación en el que tendremos capacidad de impactar en nuestra realidad. Lo que está dentro es nuestro.

Para combatir el miedo, a menudo no podemos acceder al estímulo que lo despierta, y tenemos que ocuparnos de nuestra parte, de lo que está dentro de nosotros, de nosotras. Para ello, contamos con unos cuantos recursos. Para empezar, los otros; o, psicológicamente, construir la confianza en los otros; ser conscientes y sentir el respaldo de la gente cercana -estén físicamente cerca o no-, de amigos, familia, pareja, pero también de vecinos y compañeros de trabajo, de asociación, etc. Involucrarnos en actividades y relaciones nos respalda. También es importante conocer cuáles son nuestras fortalezas, nuestras capacidades y nuestro valor. En el fondo, notar la propia identidad como fuente de orgullo o satisfacción nos ayuda a afrontar el miedo, porque, aunque no sepamos qué hacer, también podemos confiar en que crearemos algo, apoyados en esas cualidades. Sentir la salud del cuerpo, la capacidad física, invertir en ella, también es un recurso preventivo ante el miedo, cada cual en la franja que le toque. Pero si hay algo que nos protege internamente contra el miedo desbordante es convertir la inquietud, e incluso la angustia en acción, de modo que esa iniciativa de ir en busca de nuestro bienestar nos hace sentir el poder de adaptarnos. También es importante cultivar lo “suficiente”. Cualquier cambio conlleva pérdidas y oportunidades, pero en el apartado de las pérdidas, prescindir de la comodidad no es perder la estabilidad o “no saber” no es lo mismo que “estar perdidos”, hay margen de creación.

No necesitamos que nada de lo anterior esté en perfectas condiciones para adaptarnos y crecer (eso es una exigencia que ahonda la sensación de soledad), sino un apoyo suficiente en suficientes patas como para sentir una estabilidad general.