SEP. 06 2026 PSICOLOGÍA A propósito (Getty Images) Igor Fernández {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} No hay peor ciego que el que no quiere ver», «no se puede ayudar a quien no se deja» o «la práctica hace al maestro» son algunas de las expresiones en el lenguaje común que hacen referencia a la importancia que tiene la intención no solo para conseguir algo importante, sino incluso para ser conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor. La intención es relevante por su papel en la atención, ya que normalmente prestamos atención a aquello que nos es relevante y esto viene determinado muy habitualmente por nuestros objetivos, propios de nuestros marcos de referencia. De modo que, cuando ponemos intención en nuestra atención, esta funciona con ese filtro. Si nuestra intención es detectar lo que puede ir mal, guiados por un marco de referencia en el que “las cosas siempre nos salen mal”, pues descartaremos lo que no vaya tan mal, sin darnos cuenta. Del mismo modo, la intención contraria nos hará detectar pruebas que llevan a conclusiones muy distintas, aunque sigan siendo provenientes de la misma realidad. Nuestras intenciones están muy ligadas a nuestra visión del mundo y es que será improbable que aspiremos a algo que consideramos inalcanzable, lo cual se puede aplicar también a nuestra imagen propia. ¿Cómo puedo involucrarme con algo que entiendo imposible de inicio? Muchos de los malestares psicológicos, de los dolores que vivimos, tienen que ver con perder de vista el horizonte en el que podemos sobreponernos con nuestros propios recursos a lo que sea que nos esté pasando o nos haya pasado, y parte de conseguirlo tiene que ver con inclinar la balanza de nuevo en esa dirección, a menudo con la ayuda de otros durante un tiempo, hasta llegar a la convicción de que se puede, si no revertir la situación, encontrar una nueva esperanza. Y, en cuanto somos conscientes de esa posibilidad, en cuanto empezamos a imaginarnos a nosotros, a nosotras, en la situación deseada, se liberan nuestras fuerzas espontáneamente, aquellas que han estado constreñidas, y podemos empezar a poner intención en la dirección de dicha imaginación. Tanto es así que esta intención se convierte en un sentido en sí misma; un ‘para qué’ se convierte en un ‘por qué’, en una motivación. De “voy a intentarlo para sentirme mejor” pasamos a “voy a intentarlo porque así me siento mejor”. Y no solo hablamos aquí de cómo nuestras intenciones de estar mejor, de lograr algo importante o de llegar a un destino más libre internamente, pueden ayudarnos a superar los baches que nos esperan, sino también de encontrar nuestro propio camino a través de ellas, en un espectro más amplio. No por casualidad encontrarle un ‘sentido’ a la vida es un factor protector ante la depresión, ante la pérdida de la esperanza. ‘Querer’, en este sentido, sí se acerca poco a poco a ‘poder’.