MAR. 29 2015 ¿empleos con caducidad? ¿Empleos con fecha de caducidad? Las nuevas tecnologías han simplificado nuestra vida hasta límites insospechados, pero también tienen su lado oscuro, ya que algunos trabajos están en riesgo de extinción a causa de esos avances. Cajeras, empleados de gasolinera, telefonistas, trabajadores de imprenta, dependientes de tiendas de discos, lectores de electricidad... son varios de los empleos que parecen abocados a desaparecer, aunque algunos intentan adaptarse a los nuevos tiempos para mantenerse en el mercado laboral. Pello Guerra {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Bienvenido a la empresa XXXX. Si quiere recibir información sobre nuestras ofertas, pulse 1. Si desea hacer una consulta sobre su factura, pulse 2. Si quiere hacer una reclamación, pulse 3. Si se trata de otra gestión, espere, por favor». Que una voz grabada nos “atienda” cuando llamamos a algunas empresas e incluso a algunas administraciones para realizar un trámite cada día es más habitual. Poco a poco van desapareciendo las telefonistas que se encargaban de coger el teléfono y atender a las personas para derivarlas hacia quien realmente podía resolver su demanda, hasta el punto de que estamos hablando de un trabajo en vías de extinción, ya que es una tarea que se ha conseguido automatizar y que se puede realizar sin necesidad de una intervención humana. Las nuevas tecnologías cada vez están más presentes en nuestras vidas y el ámbito laboral no es ninguna excepción. Por un lado, han servido para simplificar infinidad de trámites y con un ordenador se pueden realizar tareas que hasta hace unos pocos años habrían implicado a diferentes departamentos y a varias personas. La cuestión es que las máquinas están avanzando tanto en algunos terrenos que están llegando a sustituir a las personas. Esta circunstancia se da especialmente en aquellos empleos que pueden tener un carácter más mecánico o en los que el cliente asume una parte de la tarea que hasta entonces realizaba el trabajador. Gasolineras “fantasma”. El caso de las personas que trabajan como telefonistas es uno de ellos, pero se pueden poner cada vez más ejemplos, puesto que la lista no para de crecer. Así, muchos espectadores se han acostumbrado a adquirir su entrada de cine a través de internet, lo que hace peligrar el puesto de taquillero. Algo parecido ocurre con los empleados de gasolineras. Todavía son mayoría los establecimientos que cuentan con personal, pero ya son pocas las que tienen a operarios para poner gasolina a los coches y lo habitual es que desde el interior de la gasolinera, la misma persona que cobra se encargue de activar el surtidor, que deja de suministrar combustible al llegar al tope establecido. Este fenómeno de eliminación de empleados ha ido a más, ya que algunas gasolineras ni siquiera cuentan con personal. En estos casos, el automovilista se sirve el combustible que previamente ha pagado con su tarjeta de crédito o en efectivo, de tal manera que ya no hace falta ningún intermediario. Este tipo de establecimiento es conocido como gasolinera low cost, aunque también son apodadas como gasolinera “desatendida” o “fantasma”. Su proliferación en el Estado español ha sido posible gracias a una ley aprobada por el Gobierno del PP. La citada norma, de julio de 2013 y curiosamente denominada “de apoyo al emprendedor y de estímulo del crecimiento y la creación de empleo”, promueve la construcción de unidades de suministro y estaciones de servicio en régimen desatendido. Al amparo de esta legislación, han ido proliferando las citadas gasolineras low cost, que venden el carburante a menor precio que las gasolineras tradicionales gracias a que prescinden del personal. Esa rebaja puede llegar a ser de entre 7 y 14 céntimos, lo que ha llevado al sector a quejarse y denunciar lo que considera una competencia desleal. De hecho, en la CAV, representantes del sector han solicitado al Gobierno de Gasteiz que legisle para poner coto a esta situación mientras el Tribunal Constitucional español resuelve el recurso interpuesto contra la normativa. Consideran fundamental que Lakua tome medidas, ya que se calcula que podrían perderse 750 de los 2.250 empleados con los que cuenta el sector. En el caso de Nafarroa, la Asociación de Empresarios de Estaciones de Servicios asegura que estas gasolineras no son legales porque quebrantarían un decreto foral de 1997 en el que se establece que todas las instalaciones de venta al público de gasolina y gasóleo deben disponer de al menos una persona responsable mientras está abierta. A pesar de ello, en ese herrialde existen varias gasolineras low cost que cuentan con un servicio de atención telefónico para poder solventar dudas e incidencias. Sin embargo, representantes del sector consideran que esa asistencia es insuficiente en situaciones de peligro que pueden darse en este tipo de negocio, como, por ejemplo, en el caso de un derrame de combustible; y también destacan el problema que se les puede plantear a personas con discapacidad que quieren repostar en estas estaciones. Cobrarse uno mismo. Este sistema de compra y pago de las gasolineras es el que también está empezando a proliferar en algunos supermercados. Junto a las cajeras que se encargan de cobrar lo comprado, como suele ser habitual, en algunas cajas ya no hace falta un ser humano. El cliente es el que pasa los productos por el lector del código de barras y una vez que ha terminado con todo lo que quiere adquirir, paga con su tarjeta de crédito y sale con su compra sin que haya existido el más mínimo contacto con un empleado del establecimiento. Este sistema de telecobro se implantó por primera vez en Gran Bretaña en el año 2009 y desde entonces, cada vez son más los establecimientos en los que está presente. En los peajes de las autopistas de Euskal Herria también está sucediendo algo parecido. Aunque en algunos puntos ya existen máquinas que se encargan de cobrar la correspondiente cantidad por utilizar una vía rápida, esa situación va a extenderse hasta llegar a sustituir a los trabajadores que hasta estos momentos atienden a los conductores en la cabina. Así, ya se ha anunciado que en el año 2018 los peajes de la Autopista de Nafarroa, la AP-15, serán totalmente automáticos. La presencia humana será puntual y la atención a usuarios que tengan problemas se realizará de forma remota desde un centro de control. Según ha asegurado la empresa Audenasa, los 45 empleados que en estos momentos atienden las 16 cabinas de la AP-15 serían reubicados o se jubilarán. Y ha fundamentado su decisión en la buena acogida que ha tenido el telepeaje desde que se implantó en 2008, ya que, según afirma, lo utilizan dos de cada tres vehículos, mientras que tan solo el 12% de los usuarios abona el peaje en metálico. La instalación de las correspondientes máquinas multipago le supondrá una inversión de dos millones de euros. Sin lectores de electricidad. En otros sectores también se están produciendo situaciones parecidas, como es el caso de los lectores de agua y electricidad, aunque con importantes matices. Marian Garbisu es una de esas personas que se pasa por las viviendas con una pequeña máquina para registrar el consumo de agua. Desde hace ocho años, «voy mirando por las casas los contadores de agua para anotar el consumo y pasar esa información con el objetivo de que en la central preparen la correspondiente factura», señala Garbisu. A lo largo de su jornada laboral, llega a leer los contadores de unas 250 viviendas, ya que, salvo en los edificios nuevos, tiene que acceder al interior de la correspondiente casa para poder hacer la lectura, lo que hace más costosa esta tarea. Sin embargo, en las nuevas edificaciones «se está poniendo la lectura a distancia, de tal manera que un compañero llega con la máquina y con una antena, lee en cinco minutos los contadores del bloque entero», detalla Garbisu. Cuando empezó a implantarse este sistema, «hubo cierta preocupación entre los lectores de agua, pero lo cierto es que todavía hay muchas viviendas en las que hay que entrar para poder hacer la lectura, así que, por el momento, no nos hemos visto muy afectados por esa nueva tecnología». Sin embargo, otros miembros de su “sector” sí que están sufriendo ya las consecuencias de los nuevos tiempos. Son los lectores de electricidad, «donde la telelectura está mucho más avanzada, ya que los contadores están casi todos en los portales y sí que lo están notando, ya que una sola persona puede leer muchísimos contadores en una jornada. De hecho, hace poco, uno de los lectores me dijo que la mayoría se iba a la calle precisamente por ese motivo». Más de veinte oficios menos. Otro sector en el que también se ha hecho notar la repercusión de las nuevas tecnologías es el de las artes gráficas, donde «han desaparecido unos 26 oficios que se desarrollaban en la composición del texto. Una pérdida que se ha producido en preimpresión y también en el mismo proceso de impresión». La persona que aporta este dato es Xabier Lareki, que durante 47 años ha trabajado en este ámbito hasta que empezó a disfrutar de un contrato relevo el año pasado. Esa dilatada experiencia ha permitido a Lareki conocer de primera mano la transformación que ha sufrido este sector, en el que «las nuevas tecnologías han simplificado el trabajo. Antes, hacer un membrete para las cartas de un cliente o unas facturas podía costar cuatro horas y ahora se hace en un cuarto de hora». Además, la masificación de las tecnologías ha hecho que «la gente lleve sus trabajos para pasarlos directamente al ordenador. Tal vez no terminan de conocer la técnica de cómo llevarlo a la máquina de imprimir y hay que dar un toque al trabajo en preimpresión por cuestiones de ajustes y márgenes, pero lo traen preparado. Y en preimpresión se pasa del ordenador a la máquina, a plancha o incluso se imprime directamente». En el terreno de la impresión en sí, «ya no hace falta gente que prepare la tinta, corregir..., ya que desde el ordenador se marca directamente la densidad de tinta y demás, porque jugar con la tinta, con los colores, ya prácticamente ha desaparecido». Las tareas se han simplificado tanto que «a este paso, con que haya una persona para recibir los trabajos y otra para poner el papel y embalar el resultado final será suficiente». Lo curioso es que las nuevas tecnologías provocaron en un primer momento «una expansión. Fue en los años 80 y especialmente en los 90. Los nuevos métodos de trabajo permitieron ajustar precios y además existía una fuerte comercialización, ya que, por ejemplo, las empresas requerían más de los folletos y los impresos. Sin embargo, desde entonces, se ha producido una criba muy fuerte, porque es un sector en el que hay que invertir y el que no lo ha hecho, no ha podido competir. Aparecieron algunos que pujaron fuerte tirando los precios para adueñarse del mercado, pero al producirse la crisis desaparecieron, porque se salvaban a base de unos créditos que luego no podían obtener», señala Lareki. El resultado final se ha traducido «en una criba muy fuerte. Desde los años 90 que igual estaríamos 4.000 trabajadores en el sector, se ha pasado a unos 700 en la actualidad», una cifra que podría disminuir si se llegan a simplificar todavía más los trabajos. El último superviviente. Donde las nuevas tecnologías han producido una criba absoluta hasta el punto de prácticamente hacer desaparecer el sector es en el ámbito de los videoclubs y de las tiendas de discos. La irrupción de internet ha generado tal cambio en los hábitos de consumo que casi no hay clientes dispuestos a pagar por el alquiler del DVD de una película o a pagar por comprar un disco que, aunque de manera ilegal, pueden descargarse “gratis” de alguna página pirata. Así lo pone de relieve Kike Crespo, de la tienda de discos Dientes Largos de Iruñea. Crespo puso en marcha este establecimiento en mayo de 1992 y entonces existían en la capital navarra «quince tiendas compartiendo espacio y había sitio para todos». Dos décadas después, tan solo dos establecimientos se dedican en exclusiva en la ciudad a la venta de música, intentando sobrevivir en un mercado que ha puesto patas arriba internet, ya que «tenemos unas generaciones que se han acostumbrado a descargar música gratis y que no saben lo que es comprar un disco. Eso ya no es reciclable, porque si en tus primeros quince años de vida estás bajándote música, no se puede pretender que luego esa persona pague por ella. Se puede tratar de poner barreras a internet, pero para cuando se colocan esas trabas, ya se han encontrado fórmulas para saltarlas. Es poco probable frenar eso», señala Crespo. Por ese motivo, aboga por «financiar la música de otra manera, tal vez siguiendo el ejemplo de la televisión o la radio, por las que el usuario final no paga, pero que son medios que se están financiando para seguir funcionando». Kike Crespo atribuye la supervivencia de Dientes Largos a que está especializada en discos de vinilo, un mercado que en estos momentos vive «una cierta moda entre la gente joven, aunque no sé si va a perdurar, porque ya he visto pasar varias modas. De todos modos, creo que el vinilo seguirá porque tiene su público», unos fans que se nutren de discos de segunda mano, originales y también «algunas novedades y las reediciones, porque vinilo se ha editado siempre, aunque mucha gente no se entere. Casi todo se hace en una fábrica muy grande que existe en Chequia». Si Dientes Largos sigue abierta es «gracias a tener un público muy fiel y saber bien mi oficio, ser un gran fan de lo que hago. No aspiro a un crecimiento, sino a seguir viviendo de esto, que me quede como estoy, porque sé que es una cosa muy minoritaria», concluye. Adaptarse a los nuevos tiempos. Esa línea de ofrecer un servicio propio y especializado es lo que también está permitiendo a las agencias de viajes seguir en activo en una época en la que muchas personas ya se gestionan sus vacaciones directamente a través de internet. Una circunstancia a la que se ha sumado el hecho de que los bolsillos ya no están tan boyantes a la hora de plantearse escapadas a causa de la crisis. «He conocido los buenos tiempos, los malos y la remontada», señala con humor Lorea Moreno, que desde 2007 trabaja en una de estas agencias. «En los buenos tiempos se vendía mucha playa y la gente se animaba mucho a salir fuera, a Punta Cana, Riviera maya, cruceros... Pero cuando empezó la crisis, se notaba que la gente se quedaba aquí y le daba cosa gastar tanto saliendo fuera». A las apreturas económicas se sumó la proliferación de las nuevas tecnologías y de las páginas web con ofertas vacacionales, que «nos han perjudicado bastante, pero sobre todo en el tema de los vuelos y especialmente los de bajo coste, que son los que más se cogen por internet», reconoce Moreno. Sin embargo, este tipo de producto «también lo ofrecemos en la agencia y con más rapidez, experiencia y garantía». Esas bazas son muy importantes, ya que «la gente se suele liar. Nos han venido personas que al hacer las gestiones personalmente se han confundido a la hora de realizar la reserva, han metido mal el nombre y no encuentran el vuelo. También tenemos gente que ha mirado previamente lo que le interesa en internet y que viene buscando la gestión de que le reservemos y que, en un momento dado, le podamos solucionar cualquier problema que pueda surgir», desgrana Moreno. Además, hay que tener en cuenta que «buscando y mirando en internet se puede perder mucho tiempo y nosotros disponemos de un sistema mundial llamado Amadeus que recoge vuelos y ofertas. Incluso tenemos clientes que nos hacen consultas a través del correo electrónico y por medio del email, les hacemos llegar presupuestos y hasta folletos. Esta fórmula es muy interesante, porque nos permite buscar con más tranquilidad las mejores ofertas», añade Moreno. Así que a pesar de que internet se ha convertido en un recurso habitual a la hora de diseñar las vacaciones, «mucha gente sigue confiando en nosotros, incluso entre los jóvenes, porque, aunque tienden más a internet, cuando se trata del viaje de estudios, por ejemplo, acuden a las agencias. Nosotros contamos con un departamento de grupos, que les hace paquetes a medida y ofreciendo unos precios que ellos no van a poder conseguir por su cuenta». Algo parecido ocurre cuando se trata de una salida que entraña cierto desembolso, como «un crucero o ir a Disney. Yo misma no me atrevería a coger un crucero por internet, porque tiene infinidad de detalles, tantos que incluso a las personas que nos dedicamos a esto nos mandan un manual para ponernos al día», señala esta empleada de una agencia. De esta manera es como las agencias de viajes se adaptan a los nuevos tiempos que ha implantado internet y que Lorea Moreno resume en «intentar ofrecer el mejor precio posible para lo que el cliente busca. Por un poco más, les podemos dar lo que pueden encontrar en internet, pero con el añadido de que si pasa algo, disponemos de un número de postventa de ayuda y eso da mucha tranquilidad, porque es una garantía». De la carta al paquete postal. Otros empleos que también parecían especialmente amenazados por las nuevas tecnologías están sobreviviendo amoldándose a las nuevas circunstancias. Uno de ellos es el de los carteros. La difusión de los emails y de los mensajes de los móviles parecía abocar a este trabajo a la desaparición. Pero, a pesar de que el volumen de comunicaciones escritas se ha reducido drásticamente a consecuencia de las nuevas tecnologías, las mismas innovaciones que podían llevar a la extinción a este tipo de puesto de trabajo lo están manteniendo. La explicación radica en que cada vez se está implantando más el comercio electrónico, es decir, las compras realizadas a través de internet. La adquisición que lleva a cabo el cliente a través de la red posteriormente tiene que ser enviada por la empresa hasta el hogar del comprador y uno de los canales empleados es precisamente el envío de paquetes postales. Esa tendencia se aprecia en el hecho de que en 2013 la facturación por este concepto creció un 22% y se prevé que siga aumentando de la mano del comercio online. Ese despegue de las compras por internet es lo que, hasta cierto punto, ha permitido contener la reducción de plantillas que se vivía en este ámbito y que ha supuesto, por ejemplo, la supresión de 134 puestos fijos en Correos en Nafarroa desde 2010, según datos aportados por los sindicatos. En otros trabajos habrá que ver qué margen de adaptación queda para conservar el empleo. Es el caso de los operarios de las cadenas de montaje. En principio, este tipo de trabajo ya está bastante automatizado, pero se calcula que en los próximos diez o veinte años, las tareas que todavía realizan los trabajadores podrían ser asumidas al cien por cien por esos robots y máquinas que ya llevan a cabo buena parte de la producción. Estos empleos y otros que incluso ahora parecen menos amenazados puede que en un futuro no muy lejano también pasen a engrosar la lista de los trabajos que las nuevas tecnologías hicieron desaparecer.