GAIAK
Entrevue
Ben Yart
Músico

«El punk no ha muerto porque no ha tenido huevos ni para morirse»

Ben Yart posa en Mendillorri, barrio en el que comenzó cantando con una guitarra. Luego llegaron varios temas publicados en Youtube y, en 2020, participó en la mixtape ‘La Vendición Vol. 1’. Ahora está de gira con Chill Mafia y presenta su mixtape ‘Pitxu en Casa’.

Ben Yart posa frente a la cámara en Mendillorri. (Jagoba MANTEROLA | FOKU)

Ben Yart  ha presentado ‘Pitxu en Casa’, una nueva mixtape de cuatro temas en los que el de Mendillorri relata sus experiencias de la pandemia, habla sin ambages sobre las secuelas del consumo desmesurado de drogas y refleja la frustración de una generación sin rumbo fijo. El integrante de Chill Mafia marca el comienzo de una nueva etapa en su carrera musical ya iniciada con su nuevo single, ‘Mañaneo’, y de la mano del sello Oso Polita. Por ahí comenzamos.

Cuando la noche parece haber acabado, queda fiesta para rato. ¿Por qué una canción al «mañaneo»?
Todo empezó en la frase que canto con la guitarra, la más «lasai» [‘Me he guardado un porrito pa esto, pa cuando se me pasara el efecto y el exceso lo he potao en el suelo y ahora quiero un pincho mañanero’]. La canté hace mucho tiempo. Tenía los acordes y esas frases. Estando con Érebo, con el colega que hice esto, estábamos hablando de hacer algo y me salió a partir de ahí… A él le moló, escribió un montón y aunque todo está relacionado con el mañaneo, no la hice cuando estaba de mañaneo. Sí lo estaba cuando hice esas frases. Así que esa esencia estaba y todas las barras salieron sobre el mañaneo. Grabamos un montón de cachos y luego él hizo un puzzle.

Pero a esas horas habrá salido algún tema que otro.
Muchos de estos últimos temas que he sacado sí, fueron todos de mañaneo, menos el de ‘Me keke kedau’, que fue directamente en la juerga. En ‘Xk Me Habré Metido Tanto Spiz?’, a mí se me ha visto cantar tan bajito pocas veces, y era porque lo hice mientras la gente dormía. Yo me estaba grabando las frases simplemente para dejarlas apuntadas, pero luego las escuchaba y decía: «¡Esto está guapísimo!».

La falta de optimismo, el consumo de drogas y los altibajos empapan prácticamente todos los temas que conforman la nueva mixtape. ¿Por qué?
Te has explicado perfecto, la verdad. Porque no estaba haciendo otra cosa. La de ‘Viejo Amigo’ no la hice cuando estábamos encerrados, sino cuando estábamos en toque de queda, que para mí es lo puto mismo. Como decía, la de ‘Me keke kedau’ la hice con Rípodas y con Marín, que estábamos un día de borrachera que no veas cómo acabó…

Después, en el estudio de Marcos, de 4.40 producciones, he regrabado bien todos esos bocetos, menos la de ‘Me keke kedau’. Esa sensación con la que la canto, esa alegría no la podía conseguir, así que usamos esas grabaciones. El videoclip sobre ‘¿A quién le voy a cantar yo? Le canto al congelador’ ha quedado muy bien porque al final del vídeo cuento que yo empecé a cantar ‘Pitxu, Pitxu’, que es algo muy típico del flamenco. Tú estás cantando en un corro y cantas al colega… no me he inventado esa estructura, solo he puesto lo de congelador y lo de ‘Pitxu’.

Volvamos a la de ‘Viejo Amigo’. Habla de pánico al control, miedo al futuro... temas de una generación que vive una perpetua crisis económica y social.
La verdad que ahí parezco un poco como C. Tangana, intentando pillar la ola. Creo que estaba intentando justificarme un poco de lo de la fiesta del lago [de Mendillorri]. Yo estoy muy contento, pero también he sentido culpabilidad... Sí, estaba intentando justificarme un poco.

No es una EP muy común. Cuatro canciones, una dura unos pocos segundos, otra un minuto, sin un estilo muy definido... ¿qué quiere transmitir?
Nunca planeé la mixtape, dejé un montón de desastres por aquí y por allá. Un día, con el Elías, no sé cómo llamarlo, mi compañero de curro, estábamos hablando de sacar una mixtape y me salió automático lo de ‘Pitxu en casa’. Esa noche, estuvimos decidiendo  si poner ‘Spiz en casa’ o ‘Anfeta en casa’, y hablando me di cuenta de que había un concepto.

Quizá ‘Mañaneo’ se parezca más a los anteriores temas, pero en las demás, aunque el estilo sigue, las instrumentales y las canciones cambian.
Con las demás hay sensaciones muy nuevas. Mucho de mi sonido sale de estar con Érebo, y hay mucho de que el sonido es nuevo porque no esta él. ‘Mañaneo’ tendrá como dos años y medio, y por eso tiene un aire a entonces. Pero eso no se ha muerto, voy a volver mil veces más. El rollo de ahora es un poco más yonki.

El punk ya es mayor, dice también la de ‘Viejo Amigo’.
Sí, porque el punk ni siquiera ha muerto, no ha tenido huevos ni para morirse.

Pero lo suyo es el rap, también la guitarra, el flamenco...
Al final a mí la que más me encaja es el rap. Porque el rap tampoco era un estilo de música, era más como escribir algo y tirarlo donde fuera. Y ese donde fuera solían ser samples de esto y de lo otro. Yo hago lo mismo, pero con otras posibilidades, no tengo MPCs que te corta los sonidos y samplea, tengo una guitarra y tengo un ordenador donde bajarme bases. Soy un rapero que samplea otros estilos y meto mi verborrea. Hasta ahí soy rapero, porque luego no tengo una estética rapera. Cuando te dicen rapero te están encasillando en poco más que en unos pantalones anchos.

¿Cuánto de Mendillorri hay en las letras de Ben Yart?
Todo. Tengo un amigo que dice que Mendillorri debe de estar construido encima de un cementerio indio. Tiene algo muy loco. Las letras tienen mucho de ahí; además, con todo mi entorno hablo así. Muchas de mis frases ni siquiera son mías, las «robo» de colegueo, nunca escondo eso.

Hoy en día cualquiera escribe una «canción kinki». ¿Pero es difícil que llegue?
Escribirla igual no, pero entenderla, sí. Supongo que, como en todas las crisis, la gente tiende más a estar amargada. Tú llegas con tus colegas a un sitio, están todos felices y, a no ser que sea algo grave, tu pena se la va a sudar a todo el mundo. Y con razón, no jodas el mood. Pero si estáis todos tristes y alguno tiene algo triste que decir, todos le van a escuchar. Va un poco por ahí.

Entre las referencias de Chill Mafia, le califican como su «padre espiritual». ¿Cómo sienta eso?
Al principio me ponía muy nervioso, la verdad. A ver, estos lo que quieren es tirarme un capote. Soy muy extrovertido pero dar saltos de exposición me da mucho miedo, pánico. Me sentía un poco como cuando cogen a un tío en la fiesta y lo echan al medio del corro del baile y le obligan a bailar. Obviamente estoy agradecidísimo, como lo debería estar el que le han obligado a bailar, pero lo rechacé un poco. Aparte decía: «Joder, parezco un puto viejo, qué padre ni qué pollas… Soy mayor que ellos pero, cabrón, ¿padre? Si me habéis enseñado a hacer chistes».

La figura metafórica de Freud de «matar al padre» no encaja aquí entonces.
Pues igual era que me daba un poco de palo eso; pero no, no encaja. No necesitan matarme para hacer su rollo.

¿Cuánto de Chill Mafia tiene este disco?
Mogollón. Para empezar, el videoclip lo ha hecho Chill Nobita y lo ha clavado. En la música encaja todo, y sobre todo en la estética, en atreverme, en salir confiado frente a la cámara porque están ellos, en eso me vienen que flipas. Cuando están ellos soy un máquina.

A todo esto, ¿cómo va la gira?
La gira, brutal. En los pueblos, nos aman. En las ciudades, hay gente que nos ama y otros que vienen por curiosidad y se van del concierto sin que hayan podido desinhibirse… Yo ni les miro. Estoy en el escenario y solo me fijo en las sonrisas, en la pasión…

¿La escena vasca está preparada para escuchar la mixtape de Ben Yart?
Yo creo que sí. Chill Mafia pegó en un momento porque había un hueco, la peña necesitaba algo que no se le estaba dando. No diría que no había nadie como Chill Mafia porque la gente no quisiera, sino porque la música no llegaba a eso. Y en el momento que ha llegado, la gente ha ido como loca. ¿Si esta preparada, para mi mixtape? No sé, pero espera que lo escuchen cinco veces, que van a flipar.